En la Opinión de Alfredo González


Parece ser que las historias se repiten: políticos + políticos = Buenos y malos sabores de boca

Nuestro país ha sufrido en el devenir diversas etapas algunas buenas, algunas no tanto y ya hasta se considera normal porque el pueblo de México solía decir el Dr. Ignacio Izquierdo Bravo: “parece olvidar los agravios”.

La colonia española duro de 1521 hasta 1821. Trescientos años exactos que terminaron con la suscripción del acta de independencia y empezaron a reubicarse en el Anáhuac, el génesis de una vida política que muchas cosas no ha superado.

En algunas ocasiones los pueblos se acostumbran tanto como en el caso de Antonio López de Santa Ana que le solía decir a sus colaboradores que en 17 años de vida independiente lo habían nombrado 14 veces presidente. Claro está, ello operaba acciones tan arrebatadas como el poner impuestos cobrando tres reales por puerta y dos reales por ventana.

Se fueron produciendo en los diversos cambios que tuvo la republica hasta llegar al pacto federal. ¿Qué es el pacto federal? Es el compromiso de unión entre todos los mexicanos en la paz y en la concordia. Y será una república federal, popular y representativa. No hay de otra.

Pero todo ese lastre ya pesa, porque hay artículos que no se respetan. Y en todo este caminar del tiempo el presidente más humilde y pobre que ha tenido el mundo es Mujica, uruguayo. Cuando se le pregunto sobre el presidente López Obrador dijo: “siento que esta echado para adelante. El ve un México pero un México que él quiere ver y en esa visión parece no interesarle y no percatarse que hay Méxicos con miseria, con asesinatos, con errores fuertes que se inician en la secretaria de gobernación y acaba con la logística de los que pusieron tercer informe de gobierno cuando era el primero. Hubo personajes buenos como Cárdenas del Rio, López Mateos que tiene una frase que hemos adscrito de la enciclopedia universal: la revolución mexicana fue la maquinaria más perfecta: hizo rico a los pobres, a los pobres los hizo políticos y a muchos con excepciones los convirtió en pendejos”. Bastaría un solo botón y empezar a desmenuzar todo el relajo de Gatell o de la secretaria de la SEP que no pudo salir del paso del cómo iba a aplicar los procedimientos para la enseñanza de las matemáticas.

O podríamos hablar también de Eva Perón. Apoyada por el partido justicialista que decía: El gobierno no tiene por qué quejarse, para eso está el pueblo.

Por ello a veces la indiferencia, el temor o las conveniencias nos impiden hacer el intento de hablar con la verdad.

Y con esta última reflexión dejamos una breve narrativa que comentaría Ramón el Negro Silva a un servidor: “Habían llegado los inspectores de hacienda aplicando lo que no habían hecho en muchos años. Frente a la iglesia de nuestro señor de San José en el esterito había un puestecito y ahí estaban ajustando tuercas: tuvo de lámpara, bolsitas de café combate, una balanza romana y algunas golosinas iban a ser embargadas. Entonces me dice el negro con una sonrisa picarona: el dueño del negocio dijo que nos lleváramos todo, nomás me dejan ochenta pesos para comprarle a Don Isaac Heraldo una guitarra para irme a la otra punta del mogote para cantar “me importa madre”. Pues ahí tienen ustedes: o compramos la guitarra o tomamos una decisión, una decisión que ponga un Ya Basta a una cadena que parece ser interminable de errores y que dicen adiós con sus pañuelos blancos del tren del metro de la Ciudad de México.

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