En Corto


AMLO, EL DESENMASCARADOR

Por Carlos González Muñoz

Andrés Manuel López Obrador es un “quita máscaras”.

Criticado por sus detractores de ser un presidente rijoso y peleonero, le acusan de “polarizar” a la sociedad y dividirla, básicamente, en dos grupos, el bando de los progresistas y en la esquina de enfrente, a los conservadores: Izquierda y derecha, entre quienes carecen de casi todo y aquellos que poseen demasiado.

Le reprochan que todos los días, durante su conferencia de prensa matutina conocida como “La Mañanera”, incluye siempre en sus fuertes críticas a periodistas y a medios de comunicación en manos de particulares, a quienes “sin pelos en la lengua” denuncia por estar al servicio de quienes saquearon al país por casi cuarenta años, algo nunca antes visto.

La crítica al Presidente es inválida porque no busca otro objetivo más que desprestigiar y tergiversar el discurso de López Obrador porque siendo honestos, la sociedad mexicana está dividida en clases sociales desde mucho antes del arribo de AMLO a la Presidencia de la República y la distancia que existe y separa a unas y a otras clases sociales es abismal: México figura en los primeros lugares del planeta en desigualdad social, un país en donde conviven familias poseedoras de cuantiosas fortunas que las colocan entre las más acaudaladas del mundo, con familias de mexicanos en donde la pobreza, la mala salud y la desnutrición calan hasta los huesos y son su realidad cotidiana.

Esa es la sociedad contrastante que nos relata todas las mañanas el Presidente, la realidad que AMLO intenta describir y transformar con su mensaje matutino: una sociedad al descubierto.

Les guste o no, se trata de un personaje fuera de serie porque a diferencia de quienes lo antecedieron en el cargo y se encargaron con denuedo de mentirnos a diario, de ocultar sus abusos con la ayuda de un ejército de periodistas y comentaristas entrenados en el arte del “maquillaje”, ahora es el propio Presidente de la República el encargado de revelar, desde “La Mañanera”, los sótanos, las catacumbas y los nombres de los conservadores y de sus “maquillistas”, quiénes son los que se reúnen para discutir y prepararse para retomar el poder político que les arrebató el pueblo en 2018. ¡Por eso lo califican de “polarizar”!

Estos personajes quieren regresar a Palacio Nacional y andan apurados acusándole de “sembrar” división y odio entre los mexicanos, cuando el propósito de AMLO no es otro sino desenmascarar a una oposición que utiliza a los medios de comunicación y a los periodistas como una herramienta para confundir, difundir mentiras y repetir las 24 horas del día que la Cuarta Transformación es un fiasco y que su gobierno es igual a los gobiernos del PRIAN.

Gracias a AMLO ahora existe una fuente de noticias confiable y una opinión pública formada en valores como son la transparencia y la democracia, en la información permanente y verdadera.

¿Cuándo un Felipe Calderón se atrevería a calificar en público a Carlos Loret de Mola de ser un periodista corrupto? ¿o bien un Peña Nieto exigiendo airadamente a El Universal o a Reforma que cese de hurgar en su vida privada? Nunca lo harían porque ambos carecieron, y carecen, de autoridad moral y el prestigio social suficientes para siquiera intentarlo: la respuesta de los periodistas sería letal tanto en sus vidas privadas como en la pública.

¿Por qué AMLO, a diferencia de ellos, coloca a los periodistas en el centro de su discurso? ¿por qué ocupan un lugar destacado en sus críticas?

Por la sencilla razón de que los medios de comunicación y los periodistas son quienes en realidad se encargan de reconstruir en la mente de sus audiencias el mundo que quedó atrás. Son ellos los más interesados en que regrese un régimen que hace de la mentira y la tergiversación de la información, la materia prima para crear una opinión pública y una sociedad sumisa, obediente, acrítica, incapaz siquiera de reconocer la fuente de su inconsciencia. Ellos y ellas son los directamente beneficiados.

¿Un Presidente que divide a los mexicanos?

¿No sería acaso más preciso llamarle un Presidente, el primero, que se ha atrevido a quitarnos la venda de los ojos a millones de mexicanos y comenzar a llamar a las cosas por su verdadero nombre?

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