En La Opinión de Alfredo González


Fue por estas fechas en la 16 de Septiembre

Era una casita de madera con techo de teja, una banqueta de piedra y una barda de madera que ya se movía con el viento cuyo zaguán acusaba ya mejores tiempos. El número era el tres.

La habitaban dos familias: la Torreblanca Sánchez y el Sánchez González. El frente pintada con pintura de polvo combinado con un rosa pálido desentonando con las casas de los Scholnick, Palencia, Salas, y ya casi para tomar la Madero la oficina de telégrafos nacionales.

Los contrastes por estos días eran notables. A los lados juguetes eléctricos y los primeros plásticos que producían otro tipo de atracciones para los niños. Dos de esos muchachos de la casita de madera nomas suspiraban al mirar esas bellezas que serían en el entretenimiento y allá por los rincones las madres frotándose las manos para ver que podían obsequiar a sus hijos.

La mujercita la muñeca de trapo, la casita para jugar a las comiditas, la cuerda para brincarla pero ¿y los varones? Por eso un día se ideó mandar hacer un camioncito a escala de los años 49. Sería un regalo para dos porque elaborarlo costaba la cantidad de 45 pesos.

Así las cosas. Se les indicó a los agraciados que cualquiera que fuera el regalo habrían de jugarlo los dos. Un rato uno y otro rato el otro. Digamos, media hora cada uno.

Era una réplica exacta del camión que salió ese año. Su volante movible, sus puertas se abrían y cerraban, sus llantas bien representadas, sus redilas, entonces era una curiosidad, todo un juguete.

La única banqueta que estaba pavimentada era la de los Scholnick. Para el mediodía del 25 de diciembre, uno de ellos quiso jugar un rato más de lo debido. Obviamente él otro no lo dejó. Se desató el conflicto. Uno lo jalaba del cofrecito y otro de la parte trasera, de tal suerte que cayeron al suelo junto con el camión partido en tres partes.

Al rato los dos estaban sentados llorando el no haber actuado con más flexibilidad. Esto viene a cuento porque en una ocasión hablando sobre las implosiones partidistas, todos quieren manejar el juguetito a sabiendas que es uno nada más y que podrían ocupar otros lugares para llegar a jugarlo. Pero no, queremos ser números uno y eso no es posible.

La conclusión es que cuando hay hambruna de poder y hartazgo de riqueza pasa lo que con el camioncito: destruyen todo lo hecho por un partido político que cimenta sus bases en la filosofía de la Revolución Mexicana. En la actualidad lo vemos porque a un presidente se le ocurre hablar de precandidatos a tres o menos años de distancia entonces empiezan las pataditas por debajo de la meza, se inicia una serie de acusaciones mediáticas que dan el traste con la unidad.

La política del PRI no es culpa de la institución lo acontecido sino de quienes no supieron jugar ese camioncito que de adentro salieron los asesinos de un hombre cabal que era la esperanza de México, Luis Donaldo Colosio.

El consejo es que en política como todo en la vida la prudencia aconseja paciencia porque de lo contrario hacemos añicos lo que puede servir para todos.

La frase de hoy:
Del Profesor Benito Beltrán Beltrán: En Política el que sabe esperar con prudencia camina con firmeza.

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