En la Opinión de Alfredo González


Cuando los gobernantes son enemigos de la libertad de expresión

Una de las conquistas universales fue el que surge a través de la Revolución Francesa en 1789. Es lo que llamamos la libertad de pensamiento, el derecho a expresar con las restricciones que marca la ley, lo que sentimos, lo que vemos y todo aquello que se pone al margen de la ley.

Entre los gobiernos han existido verdaderos sátrapas, imbéciles que después de haber recibido la confianza a un pueblo, se convierten en las sopas maruchan, esto es: le pones una media taza de agua caliente y se empiezan a inflar. Las leyes que contemplan esa libertad se la pasan por el arco del triunfo.

En nuestra entidad han existido algunos que han tenido que pagar en la memoria de la historia todas las idioteces que se hicieron como verdaderos alcahuetes de lo ilícito.

Uno de ellos se llamó Carlos M. Ezquerro que se llevaba de a nalga caliente con la burguesía criolla y permitía que familiares directos cometieran desacatos abusando del poder y desviando el espíritu de la justicia.

Sin embargo la obra material de esquerro, según lo apunta don Alejandro Martínez en su obra aventuras políticas de un Guaycura fue positiva.

Una de las obras emblemáticas fue el kiosco del malecón en el paseo Álvaro Obregón que fue centro de esparcimiento de los gobernadores de aquellos tiempos se impulsó el beisbol a través de las novenas “La California” y “La Sonora”, sin embargo la estructura del edificio espiritual se desmorona cuando agrede a un periodista querido por toda la población, un maestro rural de Ameca Jalisco que fundó hacia 1912 el Eco de California, que medio siglo después un servidor fuera su jefe de redacción a lado de un extraordinario como lo fue Félix Alberto Ortega Romero.

De acuerdo con el registro de don Alejandro, los nietos de Ezquerro hacían y deshacían a su antojo. Quejas de familias, robos de explosivos entre centros mineros eran las “gracias” de este par de imbéciles al igual que su abuelo. Entonces, don Nacho Bañuelos tuvo que abrir el abanico y hacer comentarios que no les parecieron a los hampones de la alta burocracia, a grado tal que los esbirros oficiales enpistolados fueron y balacearon la imprenta de Cabezud según tenemos entendido ubicada en Independencia y Madero. Afortunadamente don Nacho y familia se parapetaron en las máquinas y lograron salvarse.

Rogelio Félix Félix me dijo en cierta ocasión que la tarde del día de los hechos don Nacho tomó una hoja de papel imprenta y paró una columna y con un rodillo de hacer tortillas lanzó una extra a la población donde acusaba directamente al gobierno de Ezquerro de ser una caterva de cabrones abusivos.

Años después del hecho un tipógrafo de esos trabajadores extraordinarios que iban parando palabra por palabra para formar frases y luego oraciones nos platicó que en una ocasión se le preguntó a don Nacho.

– Don nachito, ¿y si no entienden?

– Súbale un punto a la columna –decía el aguerrido periodista-

– ¿Y si aun así persisten?

-Pues súbanle dos.

Cuando ya iban en cinco se le miraba a don Nacho sonrojado de la cara.

-¿don nacho pero si siguen con sus cosas?

-Miren, si siguen estos cabrones échenle chingazos hasta morir.

La frase de este martes es: “Imagínense a don nacho Bañuelos sentenciando: a la menor intentona de flagelar la libertad de expresión pártanlo a la mitad”… como ven, don Nacho murió en la cama y con la aureola de los valientes.

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