En Corto


LIBERTAD DE EXPRESIÓN AMENAZADA

Por Carlos González Muñoz

Las leyes mexicanas protegen a toda mujer que participa en actividades políticas, otorgándole los mismos derechos que tienen los hombres para ejercer esta actividad en completa libertad y en caso de ver amenazados estos, pueden denunciar ante los tribunales respectivos a cualquier hombre que ejerza en su contra “violencia de género”, es decir, que pretenda limitar su derecho a participar en actividades políticas por su condición de mujer.

Nadie en su sano juicio podría estar en contra de este derecho elemental de las mujeres mexicanas porque se trata de una legislación que protege y garantiza su participación en política pero como sucede también en otros aspectos de la vida cotidiana de nuestro país, es el abuso de este derecho el que está provocando malestar y reacciones encontradas porque su ejercicio irresponsable está vulnerando entre otros, el también elemental derecho a la libre manifestación de las ideas, a la libertad de expresión.

¿Por qué la afirmación?

Son varios los ejemplos a nivel nacional pero ha trascendido que existe el caso de un periodista en la entidad que puede ir a prisión, demandado por una política que lo denunció por violencia de género al haberla llamado “florero”, debido a que en opinión del periodista ella “sólo está de adorno”. En estricto sentido del lenguaje, si acaso la llama “florero”, seguramente no es por su condición de mujer sino por su baja o escasa productividad profesional. ¿Se justifica acaso la acusación de “violencia de género”? No.

El caso más reciente en Baja California Sur en que es evidente el uso indebido de este derecho es el de la Senadora y dirigente del PAN en la entidad, la señora Guadalupe Saldaña, quien demandó el día de ayer al profesor Omar Castro Cota, funcionario de primer nivel del gobierno por ser el autor de un texto que circuló en redes sociales en el que se refiere a ella como “ave de mal agüero por dibujar un escenario catastrófico, apocalíptico de lo sucedido en Mulegé”, tras el paso de los meteoros “Javier” y “Kay”. Saldaña se dice víctima de violencia de género y ser objeto de un discurso de odio.

En ese texto Castro Cota también la califica de “francotiradora que le dispara a todo lo que se mueve” y de ser “un pandillero poseído, alumna del antiguo régimen, cuya cola está más larga que la cuaresma”.

Palabras fuertes, duras, pero que no la descalifican por su condición de mujer sino por sus afirmaciones hechas en la tribuna de la Cámara de Senadores.

¿En dónde está la violencia de género? ¿acaso la calificación de “ave de mal agüero” se le atribuye por su condición de mujer? No, es calificada así por su obsesión de desprestigiar en todo momento al gobierno estatal y a todo lo que huela a Cuarta Transformación.

El lenguaje es la materia prima de cualquier actividad humana y la política no es la excepción, al contrario. ¿Quiere el PAN que desaparezca la retórica? ¿ que los políticos no recurran a las analogías, a las comparaciones? ¿a las alusiones personales? ¿al señalamiento de las pifias?

La crítica, la ironía y el lenguaje mordaz son parte fundamental de todo debate e intercambio de ideas.

En mi opinión algunas mujeres están haciendo un mal uso de este noble y justificado derecho, manoseando su espíritu y convirtiéndolo en vulgar politiquería.

La señora Saldaña afirma que dicho texto incita al odio en su contra pero habría que reconocer que sería un grave atentado a la libertad de expresión, a la libre circulación de las ideas y del ejercicio del periodismo si la defensa y respeto del derecho de la mujer a no ser víctima de ningún tipo de violencia, se traduce en censura, en limitación o pérdida de la libertad de expresión.

Si a la dirigente del PAN le parece ofensivo el texto del profesor Omar Castro, les presento un párrafo del discurso que pronunció un día como hoy 28 de septiembre pero hace 212 años exactamente, el Abad Manuel y Queipo, Obispo de Morelia.

Desde el púlpito de la Catedral de esa ciudad, ante feligreses que escucharon aquellas palabras con el rostro desencajado, la Iglesia Católica excomulgó en esa fecha al Padre de la Patria en los siguientes términos:

“Por la autoridad de Dios Todopoderoso sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla en donde quiera que esté, ya sea en la casa, en el campo, en el bosque, en el agua o en la Iglesia. Le excomulgamos para que sea atormentado, despojado y entregado a Satán. Que la Virgen Maria le maldiga y sea maldito en vida y muerte. Sea maldito en todas las facultades de su cuerpo, comiendo y bebiendo, sediento, ayunando. Sea maldito en su pelo, en su cerebro y vértebras, sus pies y uñas, desde la corona de su cabeza hasta la planta de sus pies. En sus sienes y vísceras, en sus mejillas y mandíbula, en su nariz, en sus dientes y muelas, en sus hombros y genitales, en sus manos y dedos…Que los cielos se levanten contra él y le condenen…”.

Doña Guadalupe: En comparación con este texto verdaderamente aterrador y violento, la carta escrita por el profesor Omar Castro Cota es un cándido e ingenuo ensayo literario de un niño de primaria ridiculizando. ¿Acaso no?

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