En Corto


DOBLES REMOLQUES CON OLOR A MUERTE

Por Carlos González Muñoz

Los accidentes provocados por los miles de tractocamiones que circulan diariamente por las carreteras del país van en ascenso y vuelven a ocupar las páginas principales de los periódicos, a medida que superada la pandemia del Covid-19, se normaliza la economía, el comercio y con ello, regresa el tráfico intenso de vehículos.

El accidente acaecido en la madrugada del pasado sábado 10 de septiembre en la carretera México-Nuevo Laredo, en el que murieron calcinados veinte jornaleros originarios de Veracruz e Hidalgo, tras el choque del autobús en el que viajaban contra el remolque de un tractocamión que transportaba combustible, es el episodio más reciente de luto y dolor: Uno de los dos remolques se desprendió e impactó de frente en el autobús de pasajeros, provocando la muerte de veinte personas de escasos recursos que se dirigían a Nuevo León, en busca de trabajo.

La utilización indiscriminada de tractocamiones de doble remolque para el transporte de mercancías que circulan sin ningún tipo de regulación a través del sistema nacional de carreteras, se debe a los gobiernos neoliberales que a partir del periodo del Presidente Ernesto Zedillo, decidieron privatizar y desaparecer la red de ferrocarriles de carga (y también de pasajeros), obligando a que en su lugar las empresa utilicen vehículos de carga para el transporte de mercancías, vehículos cuyas dimensiones y operación son de por sí complicadas.

Esa es la razón por la que México no cuenta actualmente con una red de ferrocarriles de carga que permita y facilite el desplazamiento de mercancías por las vías férreas, inundando de tractocamiones las de por sí congestionadas y deterioradas carreteras del país.

Ernesto Zedillo es el responsable directo de lo que se consideró uno de los mayores atracos cometidos en contra de la nación por la pandilla de políticos neoliberales que “gobernaron” este país en su exclusivo beneficio.

Zedillo aún vive y seguramente se enteró de esta lamentable noticia. Me pregunto: ¿Qué sintió el ex presidente al leerla? ¿qué podría responder a los deudos de los jornaleros calcinados? ¿sentirá pena alguna?

Lo dudo. Si nunca se tentó el corazón para arrebatarle a la nación y a sus 120 millones de habitantes su red ferroviaria, ¡que podrán importarle veinte cuerpos calcinados!

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