En Corto


CATÓLICOS DE HOY: ¿GAVILANES O PALOMAS?

Por Carlos González Muñoz

La iglesia católica realizó el pasado domingo 23 de Julio la «Jornada Nacional por la Paz», para orar por las personas desaparecidas en el país, acto que se llevó a cabo con un objetivo eminentemente religioso pero que por su naturaleza acabó convertido en un acto de trascendencia política.

Ese día arzobispos, obispos y párrocos católicos, además de solidarizarse con los familiares y amigos de las personas desaparecidas en México, evidenciaron en sus discursos que la iglesia católica, al igual que cualquier otra institución creada por las sociedades humanas, sufre cuarteaduras a su interior y que diversas corrientes conviven en ella.

Desde el púlpito, todos los obispos y párrocos sin excepción involucraron al actual gobierno federal en sus críticas, pero mientras unos lo hicieron sobrevolando como gavilanes tras la presa, otros lo hicieron posándose en el hombro de las autoridades como auténticas palomas mensajeras de la paz.

El Obispo de Cuernavaca, Morelos, y a su vez Secretario General del Episcopado Mexicano, Ramón Castro Castro, declaró «estar triste» porque los soldados mexicanos tienen la orden del presidente de la república de no responder a ninguna agresión de los criminales. El clérigo se pregunta, angustiado: «¿ Dónde está la autoridad?» «¡No es posible!» «¡México! ¿ Qué te pasa?», exigiendo se continúe con la fallida política de exterminar físicamente a la delincuencia organizada.

El Obispo de Cuernavaca no se midió y ya encarrerado, llegó al extremo de pedir al Secretario de la Defensa y a los soldados mexicanos (se lee en El Universal), «Revisar que se cumpla con la función que tienen de servir a la nación», en una invitación nada velada a que desobedezcan las órdenes del Comandante en Jefe de las fuerzas armadas del país, Andrés Manuel López Obrador.

A menos que quiera ignorarse lo evidente, se trata de una invitación a la subversión que hace la jerarquía católica a los militares, un verdadero escándalo que parece no haber advertido la izquierda de este país, más preocupada en otros menesteres actualmente.

El Obispo de Culiacán, Sinaloa, Jonás Guerrero Corona, en contraste con su superior, advirtió a sus feligreses que «Dios no es justiciero ni tampoco generador de maldad o vengativo, por el contrario, es una figura noble que desea la paz y la tranquilidad, pero eso está en cada una de las personas lograrlo». ¡Qué diferencia de sentimientos!

Está también el caso del párroco de Torreón, Coahuila, Rafael López, quien al recibir a familiares y amigos de desaparecidos, en su discurso de bienvenida resaltó que «no por militarizar las ciudades deja de haber violencia, pues hay otras cosas que van destruyendo a la familia y a la sociedad, como la pobreza, la marginación, la falta de empleo y de justicia, salud y educación», un discurso típicamente cristiano pero también muy similar al que se escucha desde la conferencia de prensa mañanera del presidente de la república, discurso que no se cansa de insistir que la inseguridad y la violencia se combaten atacando las causas sociales que las producen, evitando repetir los errores cometidos por Calderón y Peña Nieto de combatir a la violencia criminal con la violencia del Estado, una espiral sin fin.

Un domingo lleno de contrastes. Mientras que para algunos obispos y sacerdotes se trató de una verdadera jornada por la paz, para otros fue un fin de semana repleto de convocatorias a favor de la guerra: gavilanes y palomas compartiendo el mismo púlpito.

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