En la Opinión de Alfredo González


Seattle y el manifiesto al presidente Franklin.

Ya encaminado el siglo XVlll el presidente norteamericano Franklin propuso al caudillo Seattle la compra de una parte del noroeste. La respuesta es un tratado del respeto que se debe tener por la naturaleza. Agregó el jefe indio: “vamos a valorar lo que nos ofrece porque finalmente si nos negamos van a venir sus soldados con sus armas de fuego”. En otros párrafos dice: ¿Quién está autorizado para comprar el calor o el cielo? Nuestros búfalos se están mermando y las flores se marchitan, tus caballos de acero romperán con el silencio de los siglos y los ríos se enturbiaran por los derechos que enferman al ser humano.

Seattle está considerado como el arquetipo del ambientalismo. Invito al lector para que reflexionemos, se nos dio todo, los ríos y los mares, para el alimento, pero a través de una explotación razonada. Se nos dieron espacios con sus paisajes que son del sueño y hemos visto con desgano en el cañón del sumidero el asesinato de un rio que aporta miles de kilowatts donde flotan animales muertos y basura. Observábamos los salmones como iban a desovar a su lugar de nacimiento morían y servían de plancton para los salomes que salían y retornarían siguiendo la cadena de sobrevivencia.

A muchos años de distancia, en un solo país, en el nuestro, vemos que hablar de cien mil muertos o de un millón es una cosa rutinaria. Es verdaderamente alarmante que haciendo uso del derecho a la información y el derecho a ser informados, salgan denuncias como la de hace un par de noches donde un conocido conductor célebre por su veracidad señala que son los mismos datos de la administración federal las que se da a conocer y entera al auditorio algo que nos minimiza como el hecho de enseñarle un documento donde y aquí no podemos precisar el momento si fue en la plena pandemia o a la mitad de su camino el hecho es que se solicitaba una compra de un millón de bolsas para cadáveres.

Tal apreciación hace derivar algunas especulaciones pero finalmente que no están fuera de portadura. Hay gentes que piensan que vivimos una etapa de exterminio. Las estadísticas no mienten pero los contratados para hacer el trabajo sucio son los que se exponen por decirlo de alguna manera porque si es así absolutamente se puede decir que están protegidos. La pregunta es inevitable: ¿en manos de quién estamos?

Se habla entre los pandémicos, las matanzas, y demás daños colaterales que ofrece una falta sensibilidad que deberás respete la vida de los compatriotas y arrojan cerca de un millón de personas junto con los muertos por la pandemia. Puede ser mas, puede ser un poco menos aunque cualquier concepto se combata diciendo: “nosotros tenemos otros datos”.

La cifra que se cita es similar a lo que se tuvo que pagar por arrojar al dictador del poder; un millón de compatriotas aportados de uno y de otro bando.

La frase: “Un ser sublime dijo “no mataras y la rubrico con aquello de: amaos los unos a los otros. Pero también se adelantó en el tiempo para los que daban el beso de la muerte, el beso de Judas, que traiciono lo más grande que pueda tener una persona: su patria que en vocablo quiere decir: la tierra de nuestros padres.

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