En la Opinión de Alfredo González


Santa Rosa.- Don Domingo Carballo Félix y esposa, en su boda.

Día del Padre

El reloj marcaba la hora: 2:32 am cuando llego la madrugada adelantada.

Surgen las ideas y observe un cielo repleto de estrellas entre las cortinas de la parte este de mi recámara.

20 de Junio día del padre. La primera oración es para el padre celestial por permitirnos estar un tiempo más por acá. El intelecto y el pensamiento pensé en mi padre que, lo recuerdo con afecto y una velita le ardía en una vieja hornilla, contrastaba con los destellos que don Alberto prodigaba. Focos luminosos en los barrios y escasa claridad pero siempre recibimos la recomendación materna de no juzgar a nuestros padres.

Así fue corriendo el pensamiento como las aguas de un rio que busca su salida al mar. Evoque a un gran maestro como lo fue Humberto Muñoz Zazueta que al encontrármelo en la calle me expresaba: “Toma, vete a cortar el pelo y cómprate una camisa». Traje a mi presente de donde nunca se ha ido a don Antonio Wilson Fernández padrino de comunión, que entendía lo que era ser un verdadero padrino. Su apoyo moral y económico fue en buena parte lo que logro que me recibiera como maestro normalista y le correspondía empleando mi tiempo de vacaciones de verano ayudándole en su lonchería un sueño realizado, restaurando llamado la «Ideal» que nunca fue llamada por su nombre, famosa por sus tacos de aserrín y al punto de las 5 de la tarde lo más connotado de la sociedad salía por el zaguán que daba por la 5 de Mayo casi con revolución con su bolsa de tacos tronadores, las familias Cuenca, Renero, Paniagua y desde luego gente de la clase media.

En el camino de los recuerdos me encontré a Benito el zorro plateado que su ayuda fue enorme para que yo obtuviera la casa que fuimos mejorando a través de 50 años y que es alojamiento emblemático de los complejos habitacionales aquí en la Paz. Y fui recordando con gratitud porque junto con don Domingo Carballo que tuvo muchos hijos porque fue el padre de los normalistas a los que ayudaba a salir adelante. Por especial recuerdo al profesor Enrique Estrada Lucero y desde luego a mis viejones venidos de Cataluña España, Camilo y Atilano Sánchez, al viejo catedrático de la breña el tata Valente González García y sin duda alguna las raíces paternas el viejo chaman que heredó el apellido Miranda y que por ahí debe estar incrustado en las rocas y su canto medicinal corre por las hondonadas de las cañadas aplicando la fitoterapia. Sobre esto último, honro el apellido Miranda pero me quedo con el González.

Para todos ellos mi cariño, mi recuerdo y el silencio de los siglos que seguramente nos habrán de recordar.

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