En la Opinión de Alfredo González


Cuando la cultura rompió con las dictaduras

Hacia el 14 de Julio de 1789, el pueblo francés hastiado de tanto abuso, tanto derroche de la plutocracia mientras que los millorrios eran el contraste decidieron liberarse del yugo de la dinastía de los Luises. El palacio de las tullerias se estremeció junto con las damas galantes de pelucas platinadas, de mocitos olfateando el rape y los abrigos de armiño salpicados del dolor y la sangre de los inocentes y del abuso de los poderosos. Se iniciaba pues, el canto francés: “vayamos hijos de la patria, el día glorioso ya llego, contra el pueblo atenaza el tirano… ciudadanos a luchar, formad un batallón, marchad, marchad, el día glorioso ya llego”.. más o menos así va el himno francés llamado “La Marsellesa”.

Toda causa produce un efecto y se dieron los derechos a la libertad de tránsito, de educación, de tener una vida digna, y un equilibrio entre quienes detectan el poder y Quienes exigen sus derechos y eso fue lo que llamamos la libertad de pensamiento que se celebra el día 7 de junio.

A través del tiempo hubo países que adoptaron tal conquista social y hubo quienes prefirieron sucederse en el gobierno por muchos años lastimando la democracia y enalteciendo las dictaduras.

Pero con el tiempo hubo quienes pensaron que la libertad de pensar era un cheque en blanco o bien, que esa libertad tenía que estar condicionada a los poderosos. Por esa razón los hermanos Serdán, los Flores Magón hicieron mofa y burla de las tonterías que iba cometiendo José de la Cruz Porfirio Diaz Mori y la respuesta la tuvo en las carabinas de Francisco Villa y Emiliano Zapata. Para antes un valiente senador que es el arquetipo de lo que puede hacer un hombre de la toga pretexta, enterado de que Huerta después del cuartelazo había disuelto el congreso de la unión y se disponía a hacer lo propio con el senado. El chiapaneco al ver esta situación y la decisión de muchos de sus compañeros abordo la tribuna para llamar públicamente asesino y traidor al chacal.

Todas esas gentes cayeron por la defensa de la libertad de pensar, de expresar lo justo de lo injusto que estaba sucediendo.

Al doctor Domínguez lo aprendieron en un cementerio, lo asesinaron y le cortaron la lengua y se la enviaron como trofeo al asesino de Madero.

La libertad de pensamiento establece un principio que no está escrito pero todos los que predican el oficio deberían de recordarlo: “a la menor intentona, parafraseando a don Ignacio Bañuelos CABEZUD de querer manosear el derecho consagrado de la constitución general de la república se le deben empotrar las baterías de grueso calibre, no importa el cargo que tenga, sea civil o militar, influyente o perdona vidas porque más vale una vez colorados que cien descoloridos.

Por eso los nombres como Voltaire, ese mismo que dijo la frase que encierra la grandeza de su mensaje.

No puedo estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte el derecho que tienes para decirlo. Junto con el Rousseau, Pestalozzi que había sentado las bases de la educación y desde luego Víctor Hugo autor de los miserables.

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