Lo bueno, lo malo y lo feo… del HORARIO DE VERANO


Por Carlos González Muñoz

LO BUENO…El horario de verano podría ser considerado como uno de los símbolos que mejor retratan el arribo y arraigo del neoliberalismo en México.

Implantado en México a partir del 5 de enero de 1996, está en puerta su desaparición, cuando una mayoría de legisladores federales de Morena y sus aliados en el Congreso de la Unión, han hecho pública su intención de votar a favor de su extinción los próximos días, después de una vigencia que se extendió a lo largo de casi treinta años.

El presidente Ernesto Zedillo, su promotor más destacado, recién tomaba posesión del cargo cuando decidió implantarlo aduciendo que con esta medida “habrá una importante disminución en la demanda de energía eléctrica, así como una reducción en el consumo de combustibles utilizados para su generación y contribuirá a disminuir la emisión de contaminantes”.

El comunicado publicado en el Diario Oficial aquél día de enero desde un principio generó críticas y el rechazo de amplios sectores de la población: cayó como un balde de agua fría la noticia porque nunca antes este tema había llamado siquiera la atención de la opinión pública: México es el país del sol, somos sus hijos e hijas ¿Por qué entonces el ajuste de horario?

LO MALO…La oposición a la imposición presidencial no se hizo esperar. Entre otras reacciones recuerdo la carta de un hombre de campo que se publicó al día siguiente de la entrada en vigor del horario de verano. En uno de los diarios de la época se leyó: “Aunque sea a regañadientes pero yo puedo retroceder o aumentar una hora mi reloj como usted lo ordena pero…¿y mi burro? ¿mis gallos? ¿cómo le hago señor presidente para que le obedezcan y retrocedan o aumenten sus relojes biológicos?”.

El PRI de entonces no era el guiñapo ni el títere que hoy es y el miedo, la obediencia a ciegas, se impusieron envueltos en un discurso demagógico que la sociedad de entonces acabó por aceptar: “Vamos a apoyar las actividades productivas del país, abatir los costos de producción y proteger el ingreso familiar”.

Para convencer de sus “bondades” el gobierno federal tuvo que presentar al horario de verano como la varita mágica que por si sola iba a sacar al país de la crisis financiera en que se vio sumergido aquél año.

En la televisión y estaciones de radio se escuchaba a cada momento que con el horario de verano “la sociedad en su conjunto realizará un mayor número de actividades a la luz del día y redundará en mayores condiciones de seguridad pública”.

A pesar del amplio rechazo social a esta medida el horario de verano se impuso pero la población nunca quedó convencida del todo y las bondades prometidas fueron siempre puestas en duda.

LO FEO…En el mismo comunicado oficial del gobierno de Ernesto Zedillo, al final, puede leerse el verdadero motivo que llevó al PRI de aquellos años a imponerlo: “La experiencia en numerosos países que aplican desde hace años atrás los horarios estacionales, dan cuenta de los beneficios económicos y sociales que esta medida implica”.

Les faltó aclarar varias cosas: Primero, los países que lo aplican “desde hace años”, todos ellos son naciones en donde el frío predomina y el sol sólo brilla algunos meses del año, no siendo el caso del país. Segundo, ¿fue acaso a través de alguna consulta pública como se decidió aplicarlo en México? Nada de eso. Fue un “dedazo”.

El verdadero motivo de su implantación en el país pronto se supo porque era imposible ocultarlo: nuestros “socios” comerciales de Estados Unidos, principalmente los empresarios del sur de ese país, amagaron con represalias si México no se ajustaba a sus exigencias porque…¡se veían obligados a esperar una hora para abrir sus negocios! ¡cómo va a ser posible tal afrenta!

Ahora se sabe que todo este sacrificio que ha costado vidas y malestar social entre la población fue un esfuerzo inútil y un vil engaño porque nunca se obtuvieron las metas declaradas, ni una de ellas…¡ni siquiera una mayor convivencia familiar!

¿Mayores y mejores condiciones de seguridad pública? Todo lo contrario.

Ahora sabemos que se trató de una orden proveniente de la Casa Blanca y por eso… ¡el horario de verano se va! ¡Adiós! ¡nunca vuelvas!

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