En la Opinión de Alfredo González


Una reflexión: “toma cabeza uno de los jinetes del apocalipsis”.

Dedicado en forma respetuosa a la sangre y al dolor así como a las lágrimas derramadas en Asia, América Latina y en Europa. Y un reproche a los criminales que iniciaron los conflictos bélicos.

La tarde declinaba. Los últimos rayos del sol perforaban sangrientamente los nubarrones, que de blancos algodones se habían convertido en ardientes brasas, mostrando un pequeño infierno en la inmensidad del cielo. Una pareja de enamorados miraban con tristeza el final del día, era como si con él también se agotaran sus existencias. Mahatma observaba la agonía del sol y los ojos de Ana quebrados por el llanto.

Habían admirado las montañas, porque la majestuosa altura los hacia comprender que los hombres pueden elevarse a alturas insospechables cuando viven en paz, en progreso y alegría. También admiraban las montañas porque la majestuosa altura los hacia comprender que los hombres pueden elevarse a espacios insospechables.

Admiraban las flores porque en ellas encontraban la dulzura de la belleza y la forma en la que el género humano pueda hacer coronas de pétalos de rosas en lugar de elaborarlos con espinas. Se enamoraron de las blancas estrellas aunque estas como dice un celebrado escritor siempre miren hacia abajo, y, esto le sirvió para indicarle a la humanidad que hay cosas inalcanzables en el mundo como la perfección del hombre.

Esta tarde, los dos personajes comprendieron una vez más que la naturaleza era lo más grande que existía. Un vientecillo helado empezaba a correr, era como el aliento que venía desde el comienzo de la historia trayendo el recuerdo de ternuras, angustias y esperanzas. Al caer las sombras de la noche solamente dos seres se encontraban en el escenario del mundo. Se vieron a los ojos y entrelazaron sus manos.

¡Qué lejos habían quedado las conferencias de paz y comprensión entre las naciones! Las universidades habían sido arrasadas, las hojas de los textos filosóficos parecían mariposas, los ecos de las voces que partían desde Sócrates, Gandhi, Buda, Confucio, Jesús de Nazaret y demás titanes del pensamiento universal no eran más que los tejidos lastimeros de una humanidad cansada y humillada que no pudo sobreponerse a la ambición de la declaración del abuso que produce el poder por el poder mismo.

Inmensos cráteres decoraban lo que ahora eran fértiles valles, resequedad quemándose se miraba a la vista lo que apenas ayer eran las aguas cristalinas de los ríos. Quizás se buscaba la profecía de que éramos un experimento a nivel cósmico que concluye a su fin y se tiene que regresar a las épocas de las cavernas para poder empezar de nuevo. Lumbre, despojos, y alimañas pululaban en el pensamiento de Mahatma, quedaba grabado el momento de una belleza inefable, al fin y al cabo era lo que importaba, todo había terminado, aquellos seres que amaron tanto, se ausentaron con el final del día y entre terroríficas explosiones de bombas que seguirán cayendo, todo había terminado, aquellos eres que amaron tantos se fueron con el ultimo crepúsculo.

Solamente se escuchó un ruido prolongado, allá en una charca que escapo a las altas temperaturas empieza a gestar una pequeña larva, alguien desde el pináculo del sumiso extremo: quizá ahora exista amor y entendimiento entre el ser humano.

Dedicado al pueblo de Ucrania que sufre los embates de quienes buscan la igualdad pero lo quieren hacer fusil contra fusil.

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