En la Opinión de Alfredo González


El egoísmo se niega a observar la realidad.

El inicio: Sinceramente no tenía un tema que desarrollar para este día y recordé la obra titulada Moisés, el hombre que liberó de su yugo al pueblo egipcio.

El vocablo indica salvado por las aguas y para evitar la venganza del faraón su madre lo depositó en un dispositivo que flotara en el río Nilo que llegó hasta un área de recreo de la hija del faraón, que lo adoptó como hijo y fue educado bajo la costumbres de esa nación.

Moisés se distinguió por ser un hombre humanitario, un guerrero audaz que conquistó riquezas y tierra parejito. Por diversas circunstancias fue descubierto que era hijo de padres hebreos y fue degradado de todos sus honores hasta dejarlo en las fronteras de Egipto con el desierto del Sahara con un mendrugo de pan y una poca de agua condenado a morir. Los hombres cuando nos sentimos que estamos en los umbrales de la derrota, deberíamos ver y recordar las actitudes de este tipo de hombres.

Su biógrafo describe que en las noches heladas del desierto cortaban su cuerpo y las inclemencias del sol de nuevo día, pero no cedía, seguía para adelante. Algo le decía que debía continuar.

Los recuerdos…

Todo esto recordé cuando me encontré con un viejo amigo que mucho ayudó para entrenar hombres para la libertad. Su nombre es, Enrique González Rubio de la Peña, quien junto a Isidro Angulo, Alfredo Dueñas Montes, Manuel Sánchez Cordero, etc. Desempeñaron un papel importante en la regeneración de hombres que habían extraviado el camino correcto. Y se debió a que Enrique padece de un mal y me comentó que, primero Dios luego los médicos y luego la actitud que adopte uno ante la situación. Observé en sus ojos la determinación de vivir y lo va a lograr porque no pierde la fe ni la esperanza. En este contexto, deseo mencionar a los capitanes Sergio Aguilar Lucero, fallecido recientemente y también entre nosotros afortunadamente al capitán piloto aviador, Fernando Gastelum Lara, subdirector y director del CERESO de La Paz.

Tal vez los personajes difieran en mucho, en lo que no difieren es en la fortaleza del espíritu y así deberíamos ser todos los seres humanos ante la adversidad cotidiana, ante los sujetos que son verdaderas murallas para poder establecer diálogos con quien podrían resolver una situación urgente. Identificados en todas las latitudes del planeta, son los que los suben a un ladrillo y los desmoronan y son aquellos que no conocen de convicción, reciedumbre fortaleza espiritual y la fe y esperanza que Dios nos heredó a través de nuestros abuelos. Te saludo Enrique. Te doy las gracias por haber producido una correlación entre hombres tan macizos como han existido en el mundo. Llegarás a la meta porque Dios así lo va a determinar. El abrazo y la gratitud por la lealtad a la institución a la que representé y a la que serviste si esperar nunca nada.

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