En la Opinión de Alfredo González


¡Feliz Navidad!

Dentro de cuatro días estaremos recordando de forma simbólica la llegada del redentor. La noche buena del año. Todos esperando la media noche aunque ahora será con sanas distancias la llegada del hijo de Dios.

Representa el símbolo de la paz y la redención. Hace muchos años por ahí leí un libro no recuerdo el autor y no sé si sea el título: “Un armisticio de sangre” y en una fecha como el 24 de diciembre estaban dos ejércitos con sus respectivas secciones y un día como referimos decidieron hacer alto al fuego pues aunque adversarios y enemigos sentían que era una noche de paz, una noche de amor.

Quienes comandaban ese grupo de soldados adversarios se reunieron a la mitad del trecho que los separaba y con sus traductores y viendo la grandeza del día y noche decidieron juntarse en una extensa bodega y disfrutar del calor y cambiar impresiones con los traductores. Regresaron a sus respectivas trincheras a dejar las armas y regresaron. Algunos portaban instrumentos musicales de fácil manejo. Llegaron con los brazos en los hombros y encontraron el calor del heno y cocinetas improvisadas. Brindaron con vinos de diversas marcas y naciones. Se sonreía y se enseñaron fotografías de sus señoras y sus hijos. Se oía una voz melancólica de un ruso/mexicano cantando el himno del ejército rojo, Katiuchka y decía más o menos así: “por la rivera iba catalina- iba cantando su mejor canción -oh canción de poema juvenil – llévaselo al viento y llévaselo al sol – a un soldado que lucha en la frontera- catalina le guarda el corazón- y remataba con un “eeeee”. Acto seguido un grupo de los que lo llevaba al baile giraba alrededor del círculo grande, tres pasos hacia un lado, uno hacia adelante, tres pasos hacia atrás hasta que todos dominaron el ejercicio, gritaban, bailaban, se abrazaban.

El convenio entre los jefes de que al sonar el clarín de ambos bandos tendrían una hora más para alistarse y reanudar el combate. Quedaron sobre las mesas, cansados, sus ojos llenos de angustia con mezclas de alegría brillante.

Sonó el clarín, se desmadejaron, vieron los unos a los otros y se retiraron a sus respectivas posiciones. Una hora después se oía el estruendo de las bombas y de los cañones. El cableteo de las ametralladoras, volaba brazos y, dos horas después pasaban unos aviones de combate y terminaron la faena. No hubo vencedores. Quedo una tierra calcinada, huesos esparcidos, torsos, y las aves negras, hienas merodeando por la carroña, se escuchó el sonido clásico de tanques de guerra, bajo un oficial y pronuncio las siguientes palabras: Hien, ist, nichts, mechr y finalmente geblien (aquí no quedo nada) dicho en alemán.

Y ante los escombros y la tierra un rayo de sol hizo brillar un crucifijo.

Colofón: aun con la brutalidad de las confederaciones mundiales siguen resonando las palabras que hacen más de veinte siglos expreso un justo.

Gloria a Dios en las alturas: y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

Feliz navidad para todos y especialmente para aquellos cuyos abuelos o bisabuelos quedaron regados lejos de sus casas y ojala los países no se sigan armando hasta los dientes porque nadie gana con una conflagración mundial.

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