En la Opinión de Alfredo González


  • Cuando Santa Claus estuvo en la cárcel en La Paz.

Los últimos años de la vida de mi padre el profesor Alberto Miranda Beltrán llegaba a nuestro domicilio en la tarde/noche porque sus ojos ya no veían bien y debía devolverse temprano. Entre taco y taco me dijo: te voy a platicar algo que sucedió hace algunos años por estas mismas fechas. Era muy amigo del director de seguridad y transito el General Lorenzo Núñez Avilés. Todos los días muy temprano le hablaba a Lorenzo para ver quienes habían caído detenidos sobre todo conocidos y esto fue lo que me contesto, así me dijo: “fíjate que tengo detenido a Santo Claus aquí en los separos ¿a quién? A santa Claus. Me dirigí raudo y veloz para ver de qué se trataba. Los antecedentes son que por estas fechas vino un compatriota del Distrito Federal y al no encontrar trabajo alguno, era soldador, alguien le recomendó que se alquilara como Santa Claus.

Hallaron un negocio donde se solicitaba alguien y pues daba la medida. Le pusieron un chaleco inflable en unos instantes lo hicieron gordo, le pusieron sobre el calzado unas botas de cartón negro comprimido, un cinto de las mismas características, el gorro, unos espejuelos y las barbas blancas, estaba listo ya el personaje que ha sido leyenda y mentira. Cuando se iba a reír se le hacían unos hoyuelos en las mejillas señal de que había un buen desenlace, esa es la referencia. Dicho personaje se situó en el negocio que lo contacto y se puso en las afueras en un comercio ubicado en Belisario Domínguez/ Artesanos y Agustín Arriola, su objetivo era nada más cuando venía una familia, padres e hijos y sacar una campanita y repetidamente hacerle sonar y sacar la entonada clásica: ho, ho, ho ,ho para después gritar “yo soy Santa Claus”, meter la mano al saco y sacar una golosina e invitar a que pasaran, era el gacho para ver que juguete querían.

Todo fue muy bien hasta las 14:00, dejo de fluir la gente y en un rápido movimiento de cabeza hacia la izquierda la derecha santo Claus metió mano al saco y extrajo un feroz litro de tequila. Se aventó un trago de 4 segundos, a los 15 minutos repitió la acción, ya que estaba más coloradito de lo que le habían maquillado, para las 4 de la tarde ya no era el ho ho ho ho, era el AJUAAAA, ya empezaba a gritar improperios. Más adelante hacia al sur de la acera había un Santa más correcto qué se tomaba fotos con los niños y el personaje gritaba: “niños, aquel santa Claus es puto, no vayan”. El dueño del comercio le pedía más compostura. En eso pasa una señora guapa y santa no se aguantó y dijo: adiós señora, que buena nalga tiene. Sonó un Zooomm producida por la voz, por el golpe que propino la señora al rostro del santa Claus grosero. Santo Claus malcriado se recostó en la pared y las señoras gritaron :” péguele, ni le dolió”. Un paceño que se encontraba en las inmediaciones de un comercio llamado la “Ciudad” de Viena se acercó felinamente, tomo del fondillo al prosaico santa y lo jalo tres metros, entonces iracundo santa dijo: órale, hijo de la chin#$%&. En ese momento pasaban unos niños con sus padres y se soltaron llorando, la explicación es obvia, ¿cómo era posible que un santa fuera tan grosero? Se hizo un relajo, llego la policía y de ahí se lo llevaron.

Cuando el padre llego, así me lo contó, era un jaloneo entre Santa Claus y la policía, el gorro lo llevaba por un lado, los remates de las botas de los lados, el cinturón lo tenía colgado y aventando recuerdos maternales a diestra y siniestra

—suéltenme tecolotes hijos de toda su chin”#$%&!
Le decía:
—Calma santita, calma.
—Que no soy santa hijo de toda tu chin!”$%#&
—Se bueno santita
—¡que no soy santita, yo soy Sócrates Zamarripa de los Monteros de la candelaria de los patos!

Entonces en se momento salió mi padre con Lorenzo Núñez y vio a santa, ambos eran calvos y le gritó:

—¿Y esos viejos pichis pelones qué?

Pues total, como pudieron lo subieron a una patrulla, ya para eso había dos hileras de gente viendo el relajo, santita alcanzo a sacar la cabeza por la puerta que va sellada.

—¡El gusto que me queda, es que no les va a amanecer nada, cabrones!

Moraleja, eso es uno de los tantos resultados que produce una sociedad consumista, quien tiene con que seguramente va a regalar a sus niños, los que no tengan, poco o nada podrán dar.

Pienso que la anécdota vengo a todos los niños que tienen frustraciones y también contra aquellos que hicieron creer en la existencia de un ser mítico. El negro silva, Ramón Silva López, a veces me decía en estas fechas: a mí me cae gordo Santa Claus y al preguntarle porque, me decía: es que nunca me trajo nada.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s