En la Opinión de Alfredo González


Un hombre llamado José María y una magistral conferencia

Para antes ofrecemos una disculpa porque a reserva de dar datos más precisos, no logramos a hacerlo ante la imposibilidad de comunicarlos al Servicio Postal Mexicano en la ciudad de La Paz.

Ya entrado el siglo XVlll más o menos entre una corriente de Yaquis venido del noroeste mexicano venia uno cuyo nombre era José María Ortega, el cual lo había adoptado en gratitud de un benefactor.

El Yaqui tiene una contextura recia, correosa y es un ágil en escalador riscos y no se diga superficies planas.

José María se dedicó a bucear la concha madre Perla y durante un tiempo se dedicó a esa actividad.

Llego el momento en que se le dio la oportunidad de que llevara a cabo el servicio postal de esta ciudad de La Paz hasta Loreto con una característica, lo hacía a pie. Si los lectores se dan cuenta, para ir hacia el norte de la capital del estado se viaja hacia el sur la ruta de lo que hoy es en día Ciudad Constitución dobla hacia el norte para regresar por ciudad insurgentes y Loreto. Este recorrido actualmente se hace en tres horas y media. Don José María aguardaba la valija postal en el mogote. Previamente, en un lugar estratégico había levantado un enorme montículo de mangle seco con algún objetivo. De ahí se iba a pie y hacia menos tiempo o al menos era una proeza el ir tomando atajos y escalando riscos.

De esa manera José María Ortega hacia llegar las noticias de los seres queridos que tenían los loretanos y tengo entendido que hasta de la gente de san Ignacio y después de 15 o 20 días retornaba a su lugar de parida, o sea al mogote. Seguramente la población era densamente baja entonces él tenía que hacer notar que había regresado. Cuando la tarde se oscurecía le prendía fuego al mangle que había dejado exprofeso, las pocas gentes que todavía iban llegando de pescar o se encontraban diseminados con la playa paceña se decían misteriosamente y en voz baja: ya llego Ortega, ya llego Ortega, ya llego Ortega”. De esa manera don José María se distinguió en aquellos años en comunicar parte de la entidad en una forma muy singular: a pie.

Tenemos entendido que el 12 de noviembre se festeja al empleado postal y que en las oficinas de esta ciudad situada en constitución y revolución, se hace una reunión fraternal y ahí se menciona el nombre de un hombre llamado José María.

El sábado anterior el espacio cultural organizo una magistral conferencia con el señor Enrique Ávila Carrillo.

Nadie mejor que el para disertar sobre los acontecimientos que efectivamente no se olvida por la brutalidad que se le aplico a los universitarios.

Con justicia los muchachos protestaban, las autoridades no lo entendieron y vaya que se les paso la mano. El maestro Ávila Carrillo encabezo un grupo de estudiantes. El rector de la UNAM encabezo una marcha de protesta de 200 mil estudiantes, se habrían de unir los del poli y las prepas.

El hecho de no olvidar es precisamente porque ya no se desea otro crimen de estado.

Una buena organización de la dirección cultural del estado con la presencia del gobernador Víctor Manuel Castro Cosío, de diversos personajes del ámbito cultural.

Por eso precisamente la historia debe ser exacta. Todavía se recuerda el asesinato de Julio Jaramillo, su esposa embarazada y dos hijos adultos, ni siquiera tuvieron la delicadeza de desaparecer los casquillos percutidos por las armas oficiales. Posteriormente vino lo de Ayotzinapa y el problema sigue como al principio. Los muchachos pagaron los platos rotos, eran normalistas, lo mismo que Lucio Cabañas de la misma escuela y con promedios elevados. No más sucesos que ensangrienten las páginas de nuestra historia.

Por eso tiene que ponerse el velo de muchos hechos: el asesinato de Zapata, Pablo González Garza y donde salen percudido don Venustiano Carranza sin negarle sus méritos pero que cuando la mano ejecutora de Juan Guajardo el gobierno federal le colgó la condecoración de general de división y además le entrego una bolsa de aquellos pesos, 50 mil en total. Entonces ya no se puede seguir con la idea de que la verdad es de los secuaces del vencedor.

Saludamos aunque no tenga el gusto de conocerlo al maestro Enrique Ávila Carrillo por esa memoria fotográfica con quien describió los hechos donde hubo gente desparecida, ejecutada, con un manchón para que los sistemas oficiales, entiendan que nada es para siempre.

Saludos a Francisco Cardoza Macías, Francisco Javier Ramírez, Francisco Núñez Melchor, Francisco Higuera Martínez, Francisco Fiol, Francisco Almada, y todos aquellos que nacieron en y que se les denominaba el cordonazo de San Francisco. Era una lluvia agradable, la gente se preparaba con menudo, café de talega, galleta marinera, chimangos, empanadas y esperaba el cordonazo. Felicidades.

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