En la Opinión de Alfredo González


  • Homenaje al maestro Juan Ramos Cepeda
  • Algo se hará con los carroñeros
  • Invadiendo gente sin escrúpulos donde hay una defunción
  • No es difícil localizar a quienes proporcionan lugares donde hay dolor

Hace un par de semanas en un párrafo por ahí extraviado expresamos nuestro sentir sobre el esfuerzo desarrollado por nuestro amigo de muchos años el maestro Juan Ramos Cepeda.

Pues bien, el maestro J. Valentín Castro Burgoin se dio a la tarea de homenajear por tres días en la biblioteca pablo L. Martínez con un marco de cultura donde habrá expositores sobre la personalidad de Juanito, seguramente logren juntar elemento de la rondalla azul, una niña de Santiago que desea participar en declamación, etc. El gesto de Valentín justifica la presencia en esos actos de escritores como Gilberto Ibarra Rivera, el propio Valentín, un servidor de ustedes a fin de que el hombre tenga la satisfacción que se ganó con esfuerzos.

Honra. Creemos que el reconocer las virtudes de los demás también nos enaltece: nos vamos a preparar no a la altura de una filípica, pero si conectado el cerebro con la lengua y con el sentimiento. Esperemos también y de hecho ya están involucradas las autoridades culturales pues el evento será en el archivo histórico profesor Pablo L. Martínez, un buen punto para cultura estatal.

Pasando a temas menos agradables, el día de ayer hicimos un modesto homenaje a la señora Aida Cota de Cota, nuestra vecinita de un lado de nosotros que falleció la tarde noche del jueves anterior. Sobrevive Jesús su esposo, sus hijos Teresita, Fausto, Ceci, Liz y aparte familiares de ambos lados. Para todos ellos nuestras condolencias y el afecto que siempre le hemos profesado a dicha familia.

Cabra decir que este es el primer asentamiento que se construyó siendo gobernador Hugo Cervantes del Rio, es un promedio de 24 casas por privada. Fuimos llegando Miguel Ángel Norzagaray, Eréndira Real, La familia de Pedrito Ceseña, de Oscar Gámez, y por la otra ala la familia Galindo Brooks, la familia Alonso Castro, actualmente le sigue la familia Camarena y con el tiempo hemos constituido una familia sin problemas y de alguna forma reina la cordialidad. Lo de Aida duele porque al romperse ese eslabón dejara un lugar difícil de llenar.

Seguramente la tarde noche del jueves anterior los oasis comundeños de San José y de San Miguel frenaron su corriente que va hacia el pacifico, llevando mensajes de paz, de fe, de esperanzas.

Anda, Aida, Dios ya te está esperando al igual que aquellos que se marcharon antes que tú y vivirás en una paz inefable donde el espíritu se purifica día con día. Siempre.

Lo anterior es el ángulo que aun dentro de la tristeza es un bálsamo para quienes conocimos a Aida y para sus familiares. En medio del dolor, una caterva de barbajanes ha dedicado su tiempo a localizar los restos de alguien que ha dejado este mundo. En medio del remolino del dolor había gente sin escrúpulos ofreciendo servicios funerarios. Carroña nauseabunda que se alimenta con el dolor de los demás.

Ojala que las autoridades correspondientes tomen cartas en el asunto y no permitan que hechos tan lamentables se presenten, no se a quien corresponda poner freno a este desenfreno por llevarse un trofeo que es un ser humano para echarse unos pesos a la bolsa. Quizá los ministerios públicos nos dieran luz de esto o alguna indiscreción pero tiene que investigarse porque es vergonzoso que se pierdan los valores y la comprensión para quienes en más en ese momento tienen que darse tiempo para pensar el destino que tendrán el final de los restos mortales de sus familiares.

Ha llegado a tal grado el descenso de los valores y que conste, no estamos negando una forma de prestar un servicio, pero hay formas, hay maneras y cada empresa funeraria se gana el prestigio por lo mismo aunque se calcula que un 60 y 70’% de la población están siempre al amparo de un patronato que se encarga de hacer trámites y demás.

Para cualquier denuncia que afecte a estas soluciones favor de comunicarse con un servidor.

612 14 1 14 64

Y a los que hemos invocado, les informamos que la señora Cota tenía dos servicios del patronato funerario sindical.

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