En la Opinión de Alfredo González


  • Domingo Carballo Félix: humanista y modesto = grandeza.
  • Tatamingo para sus normalistas.
  • Maestro de maestros.

Fuimos muchos sus alumnos. Sus pantalones de caqui, camisola de manga larga y en invierno su invariable chaleco verde si así lo imponía la estación. Había días en que contestaba el saludo y en otras ignoraba por completo quizá porque se mezclaba profundamente a sus pensamientos el sentido que tendría la escuela y los estudiantes.

Primero como maestro y después como compañero de cátedra nos dio la oportunidad de ingresar a la cátedra normalista. A la época a la que me refiero era el líder de los maestros Chale Moreno y Chito Famania, José y Manuel Torre Iglesias que llegaron desde la vieja España a terminar sus conocimientos porque eran unas potencias intelectuales, Jovita Mesa Olmos, Eduardo Garciglia, que eran verdaderos amigos de la joven hornada compuesta por Alicia Gallo, Eduardo Gargiclia, Cristalina García , su servidor, Pepe Salgado, paco Higuera, Margarita Ojinaga, Luis Peláez Manríquez, su inseparable compañero Loreto Navarro Rubio, Julieta Macías, Roberto Ford Amador, Crescencio, un físico matemático extraordinario y en algún tiempo Patricio Rodarte Meza, y entre las damas maduras la maestra Carmen Ortega de Flores.

Acostumbraba como todo maestro ponderado a enseñar con cualquier motivo. Si tenía conocimiento que nos juntábamos cuando éramos estudiantes con personas poco recomendables solía decir: dime con quién andas y te diré quien eres.

Muy enfermo Domingo fue a la ciudad de Puebla a recibir la medalla de oro Ignacio Manuel Altamirano por 50 años de servicio.

Había que verlo subirse a los camiones de revila que transportarían al sur del estado a los estudiantes a sus prácticas, se le adecuaba una silla para que fuera cómodo porque le gustaba ir con la tropa y así se iniciaba una fase más desde San pedro hasta Cabo San Lucas para entregar a sus muchachos. Un tipazo.

Cuando con justicia se le denomino maestro de maestros en una asamblea sin par el personal del internado organizo unas hornillas en la plaza cívica con comales y en un programa especial se advertían echando tortillas de harina al comal y elaborando cazuelas con machaca y en otras calentando hoyas de café y mientras degustaban un platillo tan nuestro los bailes regionales como el conejo, el apasionado, la suegra.

Cuando llego el momento de que enviara un mensaje recuerdo que dijo: “no creo haber hecho tanto para merecer tanto”. Esta es la grandeza de los hombres donde no tienen cabida los soberbios, los insolentes, los prepotentes porque es la humildad donde radica la verdadera estatura de los seres humanos. Tatamingo fue uno de esos.

En una ocasión estando realizando mí práctica intensa me mandó llamar a la casa de la familia Ruíz Castro, en San José del Cabo, me condujo hacia una recamara limpísima y me dijo: mira, Alfredo, aquí pase los mejores tiempos de mi vida. Había contraído matrimonio con la señorita Josefina Ruiz que la dicha duro muy poco tiempo pues se fue muy luego. La habitación esta como ella la dejo. Nunca más volvió a encontrar a otra mujer que llenara con sus virtudes la estampa del maestro sudcaliforniano.

Ultima hora: no sabemos qué hubiera pasado si viviera el maestro Carballo y se enterara de las paparruchadas que quieren hacer enviando a los niños a la escuela aludiendo palabras más o palabras menos que hay que correr riesgos.

El día de mañana ratificaremos lo que dijimos. No se deben correr riesgos con la vida de los seres humanos.

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