ABCdario


Por Víctor Octavio García

Cuando te digo que no, es no

La conocí a principios de los 80’s, coincidimos como trabajadores en el Ayuntamiento de La Paz, una muchachita muy guapa, con un cuerpo de amazonas y una sonrisa encantadora, una verdadera “gotita de agua”, era hija mujer única en su familia (no revelo su nombre para no lastimar susceptibilidades) a la que llegue a darle “raites” a su casa en varias ocasiones, al fin amigo de la familia, sobre todo de su papá a quien le profeso afecto y respeto, ella hacía lo que quería, le consentían todo por ser la única mujer en la familia, chapeada a la antigüita, en ese entonces peinaba los 18 años de edad, no se le conocía novio aunque sí muchos pretendientes, su papá la celaba mucho y la cuidaba como a la niña de sus ojos (lo mismo que me pasa a mí con mi única hija mujer, Mayra), así que no estaba fácil brincar esa aduana, además tenía varios hermanos que eran muy buenos pa’ los “chingazos”.

Un día se puso de novia con un cuate mucho mayor que ella y se enamoró de él, se las ideaba para verlo a escondidas, como todas las muchachas de su edad, al fin paceña, lo máximo era dar un “maleconazo” los fines de semana, y que mejor que acompañada de su chalán, a ella le daban permiso de vez en cuando y solo un “ratito”, la cuestión era que en su casa comenzaron a sospechar que traía novio y no la dejaban salir, así fuera con amigas, empezaron a ponerle muchas trabas, sí salía a la tienda siempre iba acompañada de un hermano o de la mamá, sola ni madre, nanay como le decía su papá cada vez que le rogaba que quería ir pal malecón.

Su papá, un tipo alto y corpulento, le gustaba o le gusta mucho el dinero, no había otra cosa que lo deslumbrara más que el dinero, en ese entonces en plena mega-inflación con Miguel de La Madrid, donde una lechuga costaba 350 mil pesos y un “carrito” más o menos 12 millones de pesos, habían salido billetes de 100 pesos que traían un venadito –muy famosos por cierto en esa época–, así que conociendo las debilidades de su papá una tarde se apersonó con él para pedirle permiso para ir pal malecón, su repuesta era no, no, no y no, ora pues apá, dame permiso a lo que le contestaba su papá que no, cuando decía que no, es no, al ver la fuertes resistencias que oponía dobló un billete de 100 pesos, –de los del “venadito”– y se lo echo en la bolsa de la camisa e insistió nuevamente de ir pal malecón a lo que el papá le respondió “ve, no te tardes, te vienes luego, ¡eh! y mucho cuidado, un ratito nomas ¡eh!, y fue así como logró brincar la rígida aduana impuesta por su papá que cuando le decía que no, era no.

Con el tiempo se casó y formó una bonita familia, hace muchos años que no la veo ni a su papá, aunque eventualmente mantengo comunicación por teléfono con ellos, hasta donde se ya está jubilada disfrutando su familia y el hecho mismo de contar con sus padres con vida, se han muerto uno o dos hermanos en la familia, una familia muy unida donde el patriarca, su papá, sigue siendo el eje principal de tan bonita familia. ¡Qué tal!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

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