ABCdario


Por Víctor Octavio García

  • Cruce del 61 y el 68

Con el mayor de mis afectos a don Pablo Sánchez, en su lucha decisiva contra el covid.

Durante muchos años estuvimos “acampando” en el cruce de las brechas “petroleras” del 61 y el 68 a petición y sugerencias de don Pablo Sánchez, quien hoy libra la batalla contra el maldito covid en la clínica del IMSS, el equipo estaba integrado por el patriarca y sus hijos Artemio “Cuto”, mi compadre Rigo, Felipe y el Teno, sus nietos, Víctor “Vidorria” Manríquez, don Tacho Saiza, contemporáneo de don Pablo, uno de los mejores venaderos y “juelleros” que conozco, Julián Ornelas QEPD, casado con una hija de don Pablo y un servidor, eran “acampadas” de dos noches y tres días, en ocasiones “tumbábamos” un “hijuelachingada” en otras nos veníamos con las manos vacías, eso sí convivíamos comiendo bien y disfrutando una que otra noche bohemia al amparo de los requintos de una guitarra valenciana, en noches frías y estrelladas disfrutando algún Orendain reposado; la creencia de don Pablo era que de allí quedaba cerca la “difuntita” y se metían muy buenos animales (venados), creencia con el tiempo se fue convirtiendo en una especie de mito genial de don Pablo; cada vez escaseaban más los animales y estos ya no eran de buena alzada.

Los Sánchez, como los tuteo, son amigos de muchos años a quienes estimo y quiero, he salido infinidad de veces al monte ya sea a cazar, a las pitahayas o a las cirguelas, excelente personas, afectos que creo que son recíprocos, de allí que del cruce del 61 y el 68 tenemos varias anécdotas que no he publicado porque son muy reservados en eso de publicar hazañas, mucho menos con “hijuelachingadas” sacrificados, no obstante que siempre llevamos suficiente “bastimento” (comida) para preparar en el “atizadero”, varias veces disfrutamos lomos de venado en medallones preparados en bistec ranchero con verdura y salsa del pato, costillas de un “hijuelachingada” gordo y carnudo asadas y que decir de caldo de palomas pitahayeras o de ala blanca con arroz y papas, machaca de liebres y chacuacas asadas en la parrilla.

Para la “venadeada” son tercos e insistentes, caminan mucho, me ha tocado verlos caminar en una simple jornada hasta 15 kilómetros, muy precavidos y respetuosos de las reglas no escritas de los cazadores; jamás le tiran a una hembra o cría, nunca dejan basura donde “acampan” y siempre que salen a caminar fácilmente cargan con diez kilos de peso muerto entre lo que pesa el rifle, los tiros, un galón de agua de tres litros, cuatro atunes, dos naranjas, un bote de chiles jalapeños, galletas saladas, fósforos, cuchillos, mecates etc.

Don Pablo es bueno para cocinar, tiene buen sazón, qué decir del café de grano colado, birria de chivo o borrego preparada con chile colorado, frijoles o un arroz bien reventado, experiencias en las “acampadas” que no han pasado en balde, la brecha del 61 y el 68 son brechas escasamente transitadas, brechas muy malas, dice Manríquez “Vidorria”, que cada 500 años pasa un carro, así que después de la llegada de Hernán Cortez a la “Cálida Fornax” (California), somos los únicos que la hemos transitado; el punto más cercano al cruce del 61 y el 68, ya sea un rancho –El Condeno de Rafael Carballo– o la carretera que quedan a varios kilómetros de distancia, quedar tirados en la brecha es para ponerse a pensar.

Hace más o menos veinte años quedamos tirados en la brecha, andábamos en el “andariego”, se amachó y no quiso encender, por suerte los Sánchez le entienden a la mecánica, don Pablo, el patriarca, fue durante muchos años mecánico de cabecera de la John Deere, así que le entiende, muy buen mecánico me han comentado, cuando andábamos batallando con el “andariego” tratando de detectarle la falla don Pablo dio un diagnóstico en firme, “es el selenoide” dijo, mira Víctor, estos carros traen un problema de fábrica (Pick Up Chevrolet modelo 92), traen un cableado muy delgado, se calienta y corta la corriente, hay que esperar un rato a que se enfríe, ya que lleguemos a La Paz me lo llevas, yo te lo voy arreglar, hecho y dicho, esperamos que se enfriará y en cuando le abrí la llave encendió al chingazo, habíamos quedado en medio de la nada; al día siguiente que llegamos a esta ciudad le lleve el “andariego” y me dice, “compra un selenoide, con eso queda resuelto el problema”, compré el selenoide que me costó 125 pesos, que fue lo único que gasté, y se lo instaló con alambres más gruesos en la parte de adentro de un guardafango delantero, de eso han pasado 20 años y jamás me ja vuelto a dar problemas, el “andariego” desde entonces trae dos selenoides por recomendaciones de don Pablo Sánchez, ¡Que tal!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

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