ABCdario


Por Víctor Octavio García

La punta del Mechudo

Hace muchos años –no recuerdo exactamente cuántos– llegó a la talabartería de mi tío Loreto “Loro” García, un Ingeniero en minas recién egresado del IPN que realizaba trabajos y estudios para la Presidencia de la República bajo las ordenes en ese entonces de Hugo Cervantes del Río, Secretario de la Presidencia, fue cuando escuche hablar de “La punta del Mechudo”, al pasar los años y en la medida que leía me familiarizaba más con el singular nombre tras conocer leyendas e historias trasmitidas de generación en generación y de boca en boca del místico lugar, de allí que cada vez que cruzó “el Mechudo” me quito el sombrero y me encomiendo al indio Chicori; hace cuatro o cinco días que cruce por allí sentí una extraña sensación que de inmediato me transporto a nuestros orígenes como comunidad de sangre.

No recorro con frecuencia la zona como lo hago en otras partes, sin embargo reconozco que el solo hecho de cruzar e internarme en el escarpado y reseco cañón me invade una extraña sensación mítica relacionada con nuestros antepasados, y en esta ocasión no fue la excepción, me acompañaban tres personas, Yayo Geraldo y su esposa, Marisol Almaraz y nuestra anfitriona, Reyna Moreno Méndez, pese a que el camino esta malo –mucho permanente, piedras, pozos y escalones en los tepetates– no tuvimos ningún contratiempo, el problema fue al regreso que comenzó a fallar la trasmisión y a echarle lastre (peso) a la caja del pick up (piedras) para que no patinara en las cuestas.

Llegando a San Evaristo me estaba esperando don “Tito” Romero, un viejo y curtido pescador del campo pesquero Los Burros, a quién le llevaba gasolina que me había encargado y él a su vez me tenía unas pulpas secas de mantarraya y una bolsa con gorditas de harina y dulce caramelizado de biznaga, tenía pensado ir a Los Burros y a la ex hacienda de Los Dolores pero no se pudo, uno de mis acompañantes se había vacunado contra el Covid e iba mareado y con dolores de coyunturas, así que decidimos quedarnos tres días y dos noches en San Evaristo, disfrutando la bella bahía otrora refugio de misioneros, armadas perleras y de exploradores.

Enrique “Kiky” Moreno nos abasteció de pescado fresco, varias cabrillas, jureles y cochitos –entre ellas algunas cabrillas “sarteneras”– que nos hicieron el día, al igual que una olla de tamales de costillas de puerco con camotes en lugar de papas al estilo de mi tierra (Caduaño); tres días comiendo y durmiendo como la mejor terapia para descansar, sin teléfono ni nada de nada, el solo arrullar del viento que bajaba de los cañones y el aleteo de los pájaros azules, justo que me hizo recordar un breve párrafo de una vieja poesía de Vicente Leñero que dice; “pájaros azules, pájaros bermejos, entre más azules más pendejos”.

En el viejo San Evaristo, la zona de dátiles y del ojo de agua dulce ubicado pasando un pequeño portezuelo que separa al otro San Evaristo que se encuentra sobre la preciosa bahía está la salina donde viven seis familias que se dedican a la pesca, la ganadería y cultivar la sal, donde aún existe un pequeño ojo de agua –media salobre– que por años les ha saciado la sed, el eterno problema es el agua que obtienen a través de una costosa desaladora, la hielera lleva lo que va de la administración de Rubén Muñoz Álvarez sin funcionar porque no habido recursos para darle mantenimiento y el tendido de la red de agua proveniente de la desaladora que inicio Armando Martínez Vega también está detenido por falta de voluntad de las autoridades, ojala que el alcalde de La Paz, Rubén Muñoz, se apiade de ellos echando andar la hielera, completara el tendido de la red de agua potable y ordenará una “raspadita” al camino, cuando menos de la zona del Portugués a San Evaristo que es donde está más malo.

Buena pesca pero sin canales de comercialización, mucho menos los medios (hielo) para conservar el producto, dos veces por semana y en ocasiones hasta tres, todo dependen de las mareas, tienen que traer el producto hasta La Paz, tres horas de camino con un tremendo gasto de gasolina, precios castigados, imagínense esa pobre gente, haciéndole frente a la sobrevivencia en aquella apartada zona abandonados a la buena de Dios; me comentaron que los únicos candidatos que los han visitado han sido Armando Martínez Vega y Ricardo Barroso, y párenle de contar.

Visite la salina donde se sigue produciendo una de las sales de mejor calidad en el mundo, libre de ionizantes artificiales y conservadores, sal con la que se abastecen la mayoría de los campos pesqueros ubicados sobra la costa del golfo y los ranchos ganaderos y chiveros del norte de La Paz; me tocó buen clima, ni frio ni calor, noches despejadas y estrelladas que invitan a la reflexión, a rezar y a componer el mundo, precioso lugar que vale la pena visitar y convivir con gente nuestra que conserva, pese a la modernidad y a los nuevos residentes que han llegado, los rasgos más sensibles y hondos de nuestra identidad y pertenencia como sudcalifornianos. ¡Enhorabuena! mis amigos de San Evaristo. ¡Qué tal!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

Un comentario en “ABCdario

  1. Miguel Angel

    Como siempre Sr una excelente narrativa, me gusta leerlo porque hasta uno siente que anda con usted caminando por esas veredas, participando de todos los eventos que suceden a su alrededor y además porque tenemos un amigo en común al cual menciona de vez en vez como su compañero de andanzas, me refiero al Lic Víctor Manuel Manriquez Riecke, El Vidorria, al que tengo una gran estimación a pesar de que tengo mucho tiempo que no se de el, esperemos que se encuentre con cabal salud junto a su familia, muchas gracias por sus narrativas.

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