En la Opinión de Alfredo González


  • No odies a tu enemigo porque subestimas tu inteligencia
  • En el periodismo hay adversarios, los enemigos no sirven para nada
  • El maestro Castro Cosió no tiene necesidad de gatilleros con ansias de notoriedad.
  • Creemos que cada quien es libre de expresar sus ideas. Si no se entiende así lo sentimos mucho pero no podemos complacerlos.

Vítor Corleone cuyo nombre correcto era Vítor Andolini había nacido en Sicilia. Tierra de miseria y abusos. Al matar a sus padres él llega con migrantes a Nueva York. Así empezaría la vida de un hombre que fue el personaje de Mario Cuzzo que pone al descubierto muchas cosas en los Estados Unidos de Norteamérica.

Debemos confesar uno de los libros que causo más impacto porque solía decir: “Mi lema es: Dios, Familia y Lealtad.

Organizo una familia de mafiosos donde se encontraba la familia Tataglia, Barcini y otros. Cuando uno de sus sobrinos quería ajustarle cuentas a un enemigo de Corleone solía decirle: no odies a tu enemigo porque subestimas tu inteligencia.

Recordé el pasaje de libro cuando unos pequeños maullidos que no me había tocado escucharlos y observarlos tratan de ensañarse con quienes piensan estar en la línea correcta.

Las referencias señalan a un sujeto que desea notoriedad y no seremos nosotros quienes se las vamos a dar. Los Lambezuelas de López Obrador suele molestarle la crítica analítica que se ha ganado a pulso el señor presidente por sus desaciertos sistemáticos.

Alguna vez y esto lo decimos para que esté enterada la opinión pública, dijimos que una de las grandes herencias de don Lázaro Cárdenas del Rio el legendario tata de Jiquilpan había sido el respeto por la investidura presidencial porque representa la potestad de la república. Pero también apuntamos que ese respeto se gana porque una persona por ser presidente de la república no puede hacer lo que se bien en gana ni cometer tropelía tras tropelía. Si se exige respeto también se deben respetar los derechos humanos.

También hemos expresado que el presidente -¿ya sabe que es presidente?- no fue a oriente a traer la pandemia, no se le critica por eso, se le señala a él y a los neófitos asesores el no haber interpuesto las medidas preventivas para que no fueran tantos los muertos por el covid.

Pero aquí hay dos cosas: o bien es de los ilustres desconocidos en el medio periodístico quien desea un enfrentamiento para dar de comer a los carroñeros o bien decirle al maestro y ex alumno de un servidor Víctor Castro Cosío si no es contratando gatilleros como va a poder reducir todos los males que han brotado en apenas 24 meses de gobierno federal porque es tan fácil desarmar a sujetos amorfos con iniciativa que son los más peligrosos.

Como justificar 200 mil muertos o más por una pandemia que no han podido dominar. ¿Cómo ocultar los lastres que andan cargando el señor presidente como Lozoya, Nájera, Bartlett y los desbordes presupuestales paraestatales en PEMEX y CFE?

Quien pueda negar que viene rezagado en esta lucha electoral el maestro y senador Víctor Castro Cosió, y que no se puede tapar el sol con un dedo.

Como negar que está lapidando a los pueblos sudcalifornianos como Mulege dejando sin trabajo a 1600 jefes de familia.

El problema no es fácil si la contraparte de Pelayo o interpósitas personas no tienen argumentos lo que está a la vista de todos sería mejor que únicamente abrieran la boca cuando la nariz no cumple su función.

Cuando se desea zanjar un asunto de la índole que sea, el que se considera verdaderamente hombre silenciosamente trata de arreglarlos sin tratar de subestimar a los demás cuando traen el trasero al aire como se ha percatado la opinión pública al andar como los perros con rabia disputándose una diputación, una presidencia municipal.

Así es que, algunas gentes han sido lesionadas en su dignidad y en esa concepción de respeto por que los perros no deberían comer perros, suelen ser indigestos.

Si hay algún agravio personal que de este lado no existe pues eso se arregla de una sola forma: no dar un espectáculo y correr la invitación a un lugar donde arreglen las cosas como lo hacen las gentes de entereza y después quien muerda el polvo que se coma los adobes.

El periodismo es un oficio noble porque el pensamiento se plasma y lo exponen para que analice el lector y si no está de acuerdo en los mismos términos conteste y en el mismo espacio si es que se llama derecho de réplica, si no es así, entonces lo convertimos en un desahogo personal y las deposiciones no son para la opinión publica sino para las letrinas.

A esto se expone cualquier persona o deba o tenga que investigar. Por lo que a muchos de nosotros respecta todavía estudiamos y no lanzamos el improperio al primer impulso. Somos seres humanos, tenemos hierro, pero nunca ninguno que altere el lineamiento jurídico del artículo sexto de la constitución general de la república.

Por lo pronto y a reserva de conocer un mentado pepito cuyo apellido reconocemos, vamos a dejar la frase de un gran y valiente escritor, Félix Alberto Ortega Romero: “Todos los juegos suelen ponerse serios cuando los hombres se fajan los pantalones”. Y nuestro deseo es que no debe existir temor alguno encontrarse con sujetos que piensan que el periodismo es hilvanar un montón de adjetivos despectivos o de majaderías, porque se necesita ser hombre para enfrentar situaciones tan molestas pero que tienen una forma de explicarse: surgen de una mentalidad deseosa de exhibirse y creo que al maestro Castro Cosió si llegase a ganar, cosa que la veo más de lejos, sería un verdadero dolor de cabeza.

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