En la Opinión de Alfredo González


  • De los impuestos ridículos
  • Pelayo listo. Uno de los candidatos de artillería pesada es Barroso Agramont.
  • Consolidados con su compromiso harán un buen papel.
  • Prado Bautista se reelige: queda blindado el norte.

Este despacho se está redactando el sábado 20. De antemano ofrezco unas disculpas a Barroso Agramont por no haber asistido al desayuno pero debió estar presente en la administración de la revista raíces.

Sentado lo anterior iniciaremos nuestra charla con el paso firme de Francisco Pelayo Covarrubias y un cuerpo de colaboradores está desarrollando un buen esfuerzo sin mucho estrepito, saben del adversario que tienen enfrente pero acuerpan su candidatura personajes como Ricardo Barroso Agramont de los que hemos recibido la atención de una invitación que muy pronto estaremos reunidos con él porque razones y muy buenas hay para él. Ahora bien, si Prado Bautista da el jalón para el frente opositor habrá quedado blindado parte del norte de la entidad. Lo dijimos más de una vez, Felipe es un garante del sufragio, además el malhadado senador morenista aplaudió el decreto donde se sostendría el fondo minero que mucho ayudaba a las obras de carácter material y social del municipio de Mulege. Arrasándolo a las urnas los cachanias habrán saldado una cuenta de un ingrato.

Por otro lado hicimos referencia a unos impuestos, uno a veinte años de vida independiente de México, que se cobraba por respirar y de otro de la reforma de AMLO como si a voluntad propia y no del consenso de lo que puede acontecer ahora lanza amenazas si le echan a bajo “su ley”.

No hace mucho tiempo una dama o al menos una colaboradora en el ayuntamiento paceño se les ocurrió la peregrina idea impusieron por sus peteneras una contribución de las rancheradas de las estribaciones de San Antonio y el triunfo, donde se colocaban personas que de madrugada habían ido a cortar el fruto silvestre. Un día le pregunte a la señora en cuestión que si quienes habían regado las pitayas todos los días, a cada vendedor de pitayas que se ubicaban a determinados kilómetros y que cubrían una distancia al arroyo que se encuentra en la cuesta de San Antonio les aplicaban una “cuota” de cincuenta pesos. Hasta allá hemos llegado.

Es un hombre de trabajo como diputado de mayoría relativa al congreso local hizo un buen papel. No va a defraudar a quien le deposite su confianza.

El colmo fue a cuanto a los impuestos ridículos volviendo al tema anterior, es de un ex gobernador de Sonora que pretendió aplicar un impuesto por cada vaca, por cada cerdo, gallina, cabras, guajolotes. Primero ocasiono enojo en los sonorenses y luego se convirtió en carcajada colectiva cuando en un desplegado aparecía un texto que decía: “nosotros los animales de la especie que sea, estamos de acuerdo en pagar el impuesto que impone el señor gobernador”. Solamente queremos pedir una cosa, que nos hagan el favor, el hecho que podamos asistir físicamente a las ventanillas de recaudación de renta. Ya nos imaginamos a un burro pagando estos ridículos impuestos, aunque son más burros que los que lo quieren imponer.

La expresión de este martes es de Francisco Pelayo Covarrubias.

“¡Que gane el pueblo! ¡Que ganen los niños! ¡Que gane el proceso y no el retroceso!”

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