ABCdario


Por Víctor Octavio García

Perdido en los “mezquititos”

Hace seis o siete unos años me lleve un susto que estuve a punto que me pegara una taquicardia, decidimos ir a “acampar” a los “mezquititos, un viejo “paraje” venadero e invite a Juan José Geraldo, mi yerno y a Francisco, “mi pequeño demonio”; iban Víctor M. Manríquez “Vidorria”, Beto Ojeda, mi cuñado, los hermanos Martínez, Toño y el “Pelón”, Ramón hijo del Toño y el “Cuate”, primo del Toño y del “Pelón”, la idea era ir a dormir allá y otro día salir a buscar un “hijuelachingada”, recuerdo que era en enero, tiempo de frío pero con un clima agradable, eso sí mucho sereno en la noche, levantamos el “paraje”, armamos el “atizadero” para destender unas costillas en las brasas a manera de cena y colar café, todo bien excepto el aullar de los coyotes y uno que otro vuelo rapante de tecolotes y lechuzas, noche tranquila amenizada con el cantar de los grillos.

Otro día en la mañana después de colar café a preparar la salida, el Toño y el “Pelón” le darían por la zona de la “difuntita”, el “Cuate” y el Juan por los lomeríos que quedan cerca del “paraje” y yo le por uno de los filos de la mesa de la “Ballena”, mi “pequeño demonio”, el “Vidorria” y el Beto, mi cuñado, se quedarían en el “paraje” a marinar unos cuartos de pollo que asariamos llegando de la caminada, la mañana transcurrió sin novedad hasta que llegó el “Cuate” pero sin el Juan, la explicación que dio fue “que no sabía dónde había quedado”, enseguida que llegue me enteré y me preocupe, sabía que el Juan no conoce de monte así que lo más probable que andaba perdido, me espere un rato más en el “paraje” donde todos estábamos en espera que llegaran el Toño y el “Pelón” para salir a buscarlo, agarré el “andariego” (carro) y me subí a una loma alta para pitarle y prenderle la luces, estuve un rato en la cima de la loma pintando y rastreándolo con los binoculares y nada, hicimos un par de disparos con el 30.06 para que al escucharlos se orientará y nada, regrese al “paraje” pasadas las cuatro de la tarde ya que había llegado el Toño y el “Pelón” y salir a buscarlo.

Ya que llegó el Toño y el “Pelón” se armó la búsqueda, me pide el Toño que lo lleve a él y al “Pelón” pa’ “paraje” del “Balta”, que allí le cortarían, que seguramente había seguido derecho orientado por unos cerros que se distinguen a más de diez kilómetros de distancia, antes de llegar al “paraje” del “Balta”, frente a unas lomas pelonas, el Toño me pidió que allí lo esperará, que le cortarían por allí, sin comer y ya para oscurecer agarraron monte, han caminado mucho la zona y la conocen muy bien, tanto el Toño como el “Pelón” están criados en el monte, en la chinga, llevaban focos de mano y el 30.06, de hecho nadie habíamos comido, ni siquiera revivimos las brasas del “atizadero” por la preocupación, andábamos con el puro café de en la mañana, rápido oscureció y nada, dieron las siete, ocho de la noche y nada hasta que a lo lejos, vimos una luz como “copechi” que venía bajando por una de las lomas en dirección donde estábamos, era el Toño y el “Pelón” con el “perdido”, ya que los vi desde lejos descanse y di gracias a Dios.

Con la misma nos regresamos al “paraje” asar los cuartos de pollo, revivimos el “atizadero”, colamos café y asar las cuartos de pollo, son tardados para asarse, así que no los comimos casi crudos por el hambre que traíamos, el Juan que es de buen diente, se comió varios cuartos con tortillas y salsa de molcajete, ya descansado y comido me platico su odisea, saliendo del “paraje” en la mañana espantaron varios venados que estaban metidos en las cañadas, el “Cuate” que no es muy diestro como cazador y él que no sabe de monte, llevaban una quebradera de palos, según el Juan llevaba una naranja, cuando el “Cuate” corrió persiguiendo un venado que iba “botando” no lo siguió sino que siguió caminando como si nada, cuando se dio cuenta ya andaba perdido, se orientó por los cerros que se ven a más de diez kilómetros de distancia pensando que eran los cerros que rodean el “paraje” donde estábamos y siguió caminando, dice que en el trayecto vio varios venados cerquita que se espantaron con ellos, no llevaban armas ni siquiera agua, y ahora sí como dice el dicho, “ahogado el niño a tapar el pozo”, le di varios consejos para cuando anduviera en el monte, siempre trajera una caja de cerillos (fósforos), agua, un cuchillo y si le hacía de noche juntara la leña para hacer un “atizadero” o bien subirse a un palo alto para dormir y no quedar a merced de los coyotes.

Esa noche cominos tarde, pasadas las diez de la noche, por lo que decidimos quedarnos a dormir y regresarnos hasta otro día, hablé por teléfono a mi casa desde la loma alta y les comente lo del Juan, les avise que ya lo habíamos encontrado y que nos quedaríamos a dormir, tal como ocurrió, esa “acampada” fue sin venados y de mucha preocupaciones por la “perdida” del Juan, esta anécdota no la había comentado por prudencia y respeto a la familia del Juan, son cosas que pasan ajenas a la voluntad de uno, hay quienes no lo entienden así y dramatizan las cosas. ¡Qué tal!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

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