ABCdario


Por Víctor Octavio García

Ciclos

Admito, más allá de mi característica y proverbial imprudencia, que llevo tiempo preparándome para mi retiro, entiendo que mi ciclo está por cerrarse y hay que aceptarlo tal cual, desde luego que me gustaría terminar escribiendo pero esa voluntad no está en mis manos ni a mi alcance, así que me preparó para mi despedida, entiendo que ya di lo que tenía que dar y lo que resta es cuesta abajo; los hijos crecen y se van, los nietos se convierten en adolescentes, uno se hace más viejo, el caminar se vuelve lento y los pensamientos menos lúcidos y más nostálgicos, por fortuna no aspiro a nada que no esté a mi alcance, así que me daré por bien pagado escribiendo un libro –el libro que no he escrito– y componiéndole una canción a mi estado.

Las despedidas siempre suelen ser dolorosas, traumáticas y frustrantes, aceptarlo peor, es como desangrarte lenta e internamente consciente de lo que está pasando pero sin poder hacer nada; una sonrisa, un gesto e incluso una nueva arruga no lastiman ni avergüenzan, al contrario agradan y dan sentido a la existencia; celebro que en mi estado se esté forjando una nueva orneada (generación) de periodistas que sabrán — con toda seguridad– enfrentar los nuevos desafíos que no son pocos; veo talento, chispa, voluntad y compromiso y eso es bueno, alienta, motiva.

Desde hace muchos años padezco una grave discapacidad; sordera, que ha limitado gran parte de mi vida productiva a dar más de lo que podía ofrecer, eso sí me duele; no poder hablar con universitarios, no poder participar en paneles, no tener programas de radios, estar impedido a participar en simposios y conferencias etc., que hubiese sido fantástico, la lectura por si sola es una satisfacción demasiado egoísta.

Desde hace tiempo tome la personalísima decisión de escribir cada vez menos de política, de ahí mis recurrentes abrevaderos en reseñas y anécdotas, y no es que me moleste hacerlo sino que lo veo como un ejercicio en el que siempre pasan cosas sin que pase nada, donde la relatividad se convierte en una constante y lo rutinario se vuelve imprescindible.

Gracias a este oficio –tan defenestrado por las nuevas hordas de apátridas y psicópatas que defienden la farsa de un cambio que no es cambio– he formado una familia de bien, un oficio que me ha dado tanto y del que me siento profundamente orgulloso, yo no decidí lo que quería ser o hacer, el destino fue quien me puso en este camino, terciando más de las veces como aprendiz de todo y oficial en nada.

Hace cuarenta años cuando comencé a ejercer este oficio veía una severa crisis de credibilidad y confianza en los medios, crisis que han sido una constante desde ese entonces, hoy pareciera que es más aguda, más profunda, más devastadora pero no, es para aquellos que niegan o huyen de la realidad, el mundo sigue siendo el mismo aunque los valores, los viejos valores helénicos con los que nos educaron que datan de hace más de dos mil años –desde los tiempos del cristianismo– estén cayendo en desuso como han caído y están cayendo los viejos esquemas de hacer política, sistemas y modelos económicos y de organización social, lo que se demanda es un nuevo pacto social, un nuevo orden económico que le de salidas y brinde opciones a las graves contradicciones que hemos engendramos como animales políticos y pensantes; en síntesis, el Zoom politikon de Aristóteles o animal político, cueste trabajo aceptarlo, sigue siendo el mismo Zoon politikon. ¡Qué tal!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

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