En la Opinión de Alfredo González


  • Un hombre ligado al recuerdo
  • Cada vez más les hacen la masa aguada
  • Insistimos: ¿los niños y los ancianos cuándo?
  • Miguel Castro Cota el “alas mochas”.

Serio y formal fue el ingeniero Juan Manuel Velázquez Pérez. Se distinguió por su lealtad en la función pública donde se desempeñó como el titular de obras públicas en el gobierno del estado. Fue tan grande ese lazo con este pueblo que lo unió al gobernador Mendoza Aramburo, pues mucho tiempo después las 2 familias se unieron formando un nuevo núcleo: Mendoza Velásquez.

Hace unos meses traté de hablar con él pero no fue posible. Afable, de buen trato y aunque no era constante respetamos ambos la amistad. Por tal motivo vayan nuestras condolencias a la familia.

Dando vuelta a la página nos habría de expresar alguna vez un viejo ranchero: “al presidente cada vez más se le hace masa más aguada o no puede echar la tortilla al comal porque no agarra forma”.

Si la gente de extracción popular dice eso es indicativo de que las cosas no caminan como se nos dice diariamente.

Hay temas que pudieran llenar cuartillas como el caso de respuestas embarazosas y que se limita a decir “otro día lo vemos”. O bien para no contestar: “el silencio es mío”. O al hablar de las limitaciones de los presupuestos expresa: “son puntos de vistas diferentes”. Un juego de palabras que no nos dicen nada.

Vamos a decirlo por enésima vez, debe el presidente darse un tiempo para meditar.

Reflexión: cambiamos impresiones con la señorita Angélica Castro Cota quien tuvo la gentileza de manifestar su desacuerdo en algunos aspectos de la narrativa “El alas mochas” cuyo nombre correcto era Miguel Castro Cota. Asimismo manifestó que los dedos de sus manos estaban completos y que en un momento dado tuvo un accidente al cargar una barra de hielo en un negocio donde se enfriaban bebidas y de alguna forma se resbalo y se lastimó el dedo. Surgió la leyenda del alas mochas. En cuanto a las hermanitas Fiol es verídico. Por eso no llevaba el apellido Miguel de sus madres adoptivas. Nos causó buena impresión y le prometimos hacer esta aclaración. También nos manifestó que uno de los relatos que también se acercan mucho a la verdad es el de la señorita Dacia Polanco y queremos aprovechar la oportunidad si es posible se nos enviara para incluirlo en la edición del ultimo trecho.

Nos explicó que no era un solo niño sino dos, al menos desde otro punto de vista. Le comentamos que en realidad no era una negativa intención de trabajo sino el de llegar a la moraleja que representa la naturaleza innata de nuestras gentes, su humanismo, su servicio al prójimo y ese niño Miguel Castro Cota conocido cariñosamente como el alas mochas fue un ejemplo porque finalmente él fue un buen muchacho que le cerró los ojos a quienes le dieron la mano. Esa es la identidad de los sudcalifornianos y que deseamos se prohijé en todos los confines para sentirnos orgullosos de nuestra identidad. Ratificamos: el hecho se convierte en leyenda y para nosotros en las noches de Mayo de luna llena algunos lugareños dicen que les ha parecido ver a tres jinetes recorrer la zona y un cuarto a las espaldas de ellas y ellos creen que son: María, Inés y Carmen y como su fiel escolta salvaguardaba la caminata Miguel Castro Cota conocido como el alas mochas.

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