ABCdario


Por Víctor Octavio García

La “campeada”

Hace tiempo, dándole vueltas lentamente a un costillal sobre la parrilla, entre sorbos de café y una que otra mentira, el ”Prieto” Sosa me platico cómo le había hecho para pasar la noche –dormir era otra cosa– en una zona donde siempre se habían visto “liones” (pumas), no recuerdo el nombre de la zona que es en la sierra, justo en la mítica sierra de La Giganta; conozco y he tratado al “Prieto” Sosa desde varios años, un genuino hombre de campo, de allí que cuando me confió su relato sentí que era cierto, verídico; según mi confidente, un día salió a “campear” un torete de su esposa que andaba orejano y quería señalarlo y ponerle fierro, en el rancho y en los alrededores se habían registrado casos de abigeato, así que no estaba de más señalarlo, en la “campeada” se le hizo de noche, no alcanzo a llegar al rancho y tuvo que quedarse en el monte en medio de la nada.

Ese día, poco después de haber salido del rancho comenzó a córtale “juella” al torete que lo entusiasmo creyendo que pronto lo “pillaría” sin darse cuenta que el animal, como los venados, prácticamente iba de travesía, así que caminó y caminó sin darse cuenta alejándose cada vez más del rancho hasta llegar a una zona de “sestiadores” donde comenzó a “pardearle” el sol, como conocía bien la zona se apuró a pasar por una zona de lomas pedregosas y cañadas enmontadas donde siempre se han visto ”liones” (pumas) y “trilla” hasta llegar a una mesa donde se dio a la tarea de cortar ramas de vinorama para “guarecerse” en la noche, traía un mecate liado en los hombros, un cuchillo fajado en la cintura, una cajetilla de fósforos y un cantimplora con agua, con las manos, los pies apoyado con el cuchillo hizo una especie de circulo rodeado con las ramas de vinorama (al estilo de la tribu Massai), alcanzo juntar un poco de leña para prender un “atizadero”, prendió la lumbre y se metió en entre las ramas de vinorama, dice que no escucho nada excepto un par de lechuzas, no durmió, se la paso recostado sobre el tronco de un cardón donde hizo su “guarida”, de vez en cuando se levantaba, removía las ramas de vinorama para echarle más leña al ”atizadero” para que no se apagara, razón que lo mantuvo en vela toda la noche; como no traía foco de mano ni rifle, hizo su “encierro” al estilo de los Massai recordando las experiencias de un familiar suyo que así pasaba las noches en el monte, en medio de la nada, y le funcionó.

Otro día, antes de que cayeran los primeros rayos del sol, salió de su “guarida” y espero a que amaneciera bien para seguir en la “campeada”, le metió los últimos leños que quedaban al “atizadero” hasta que despunto bien el día, antes de irse reviso los alrededores y cuál sería su sorpresa que no tardó en toparse con “juellas” y trilla de un “lión” que estuvo al acecho detenido por las ramas de vinorama cerca del ”atizadero” dejando la tierra planchada y barrida con la cola durante la noche, no se acercó porque le tienen pavor a las espinas y sobre todo porque había luz por el ”atizadero”, dejo la “guarida” y emprendió la “campeada” pillando el torete antes del mediodía, lo dejo “atrincado” (amarrado) en una uña de gato y se regresó al rancho por el caballo para cabestrearlo, faena que se llevó otro día entero.

Ya con el torete en el rancho lo mantuvo lazado en el corral varios días para que medio se amansara después que lo señaló y le puso fierro, relato muy parecido al que me platico Jorge Amador en Los Llanos de Kakiwui quien tuvo en vilo toda una noche en la zona del Choyal no un “lión” sino una “tropelada” y ”quebradera” de palos de jinetes caballos que nunca vio que no lo dejaron dormir durante una “campeada” que se le hizo de noche en la zona del Choyal, zona donde he “parajeado” un par de veces con Ángel Gajón, Victor Guluarte QEPD, Isidro Ruiz, Armando González y Raúl Pedrin QEPD.

En la vida de rancho, en el trajinar diario, historias y relatos míticos se alternan uno y otros en la plática de noches de estrellas, de fríos y calores, de esperanza y desesperanza, donde la creatividad, ingenio, fantasía y gracia del ranchero sudcaliforniano cobran cabal vigencia; noches de caballos con rabia, “liones” y de espantos hacen llevaderas las largas y escarchadas noches que anteceden a un nuevo día, experiencias que he vivido infinidad de veces como un apasionado admirador de mi tierra, costumbres, de mi gente y de mis orígenes. ¡Qué tal!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

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