ABCdario


Por Victor Octavio García

Victor Guluarte y los costillales

En Memoria de mi buen amigo, el siempre recordado Víctor Guluarte, que en Paz Descanse

La primer semana de diciembre de 2004, –Víctor Guluarte estada a mitad de su mandato como alcalde de La Paz– después de una derrota infringida al equipo de béisbol Canarios del Ayuntamiento que él comandaba como magnayer y promotor, se pusieron de acuerdo el propio edil, Ángel Gajón e Isidro Ruiz, para salir a busca un “hijuelachingada” en el “Aguajito”, rancho del prieto Sosa, donde fui invitado especial, esa tarde después de comprar el “bastimento” (comida) ¡Fierros! pal rancho del prieto Sosa donde llegamos “pardeando”, para acortar la noche nos pusimos a jugar malilla echándonos unos tragos de tequila Herradura Antiguo, ya después de dos capotes seguidos que le dimos al prieto Sosa y al Ángel Gajón, todavía con las orejas calientes preparamos quesadillas con frijol refrito para cenar, el prieto ya estaba avisado que iríamos y como Víctor Guluarte era de buen diente ya tenía guisado los frijoles.

Al día siguiente al caer los primeros rayos del sol agarramos con rumbo al cerro del “Peine”, al pasar por el camino real que va pal rancho el “Herradero” de Cruz González, vimos huellas fresquecitas de unos “hijuelachingadas” que iban quebrando el sereno comiendo brotes tiernos de cirguelos y capullos de biznagas, pero como allí es una zona muy difícil de caminar nos separamos y empezamos la “campeada” bajando y subiendo cañadas sobre laderas pedregosas y enmontadas de varias lomas, vimos unos pero no pudimos meterlos en la mira del lente (Leupol 2×3×9) montada en el 270 Remington porque las cañadas estaban demasiado enmontadas, pasamos el cerro del “Peine” y nada, decidimos darle un poco más adelante por la zona de las “piedras de lumbre” donde solo vimos una par de “bonitas” (venadas) como dice el “Titi” Carballo, decidimos regresar, ya era un poco tarde y las tripas comenzaban a quererse alborotar, veníamos bajando una loma cuando Isidro Ruiz le pregunta a Víctor Guluarte, ves aquellas orejas que se mueven detrás de la mata de copal, qué es pregunta Víctor Guluarte, métele el lente le dice Isidro, Víctor Guluarte le dice le “gúa” a tirar, era un par de burros mesteños, Isidro le dice no le tires estamos muy lejos del rancho, pero el tocayo no hizo caso y ¡palos!, le jala el gatillo del 270, cuando Isidro ve que disparó le dice con asombro ¿pero qué hiciste?, y contesta Víctor Guluarte, pues veníamos por carne y allí está, ahora había que “paletearlo” hasta el rancho y rancho todavía quedaba retirado, ya en el en rancho lo pulpearíamos, llenamos las mochilas de carne y dice Víctor Guluarte, hay que llevarnos los costillales para asarlo, yo me los llevo en la mochila que traía colgada en la espalda, y van pa’ arriba los hermosos costillal cargados de manteca y carnudos, Victor Guluarte es el primero que agarra la vereda mientras Isidro y yo nos poníamos de acuerdo para traernos la otra mochila con el resto de la carne y las armas, justo cuando nos disponíamos a salir me dice Isidro, mira compa Víctor, tu tocayo se parece al “Pípila” cuando llevaba la piedra en la espalda en la Alhóndiga de Granadita, le pregunto a Isidro, oyes cómo le iría al Ángel Gajón que había agarrado pal sanjuanito un lugar de pronunciados cañones, me contesto, parece que no conoces al Gajón, te aseguro que cundo lleguemos al rancho va estar sentado tomando cerveza ya casi medio pedón, llegamos al rancho, hecho y dicho, me dice el Isidro que te dije allí está el profe con su Tecate Light en la mano, esos son sus mejores moles, jajajajajajaja, después de tomar café recién colado, el prieto se puso a afilar los cuchillos para pulpear la carne, salarla, ponerla en una tina con sal un par de horas para que soltara la sangre y ponerla en un tendedero asolearla todo un día para la machaca, y como en todas las salidas siempre hacemos la sagrada repartición repartiéndonos la presa en partes iguales como marca el abc de los cazadores, mientras se secaba la carne Víctor Guluarte y el Ángel Gajón dirigidos por el prieto Sosa, se pusieron a sancochar los costillales para después freírlos con manteca y otros asadas en las brasas muerta, salsa tatemada y tortillas de harina recién levantadas del comal al estilo el prieto Sosa, de esa que se hincan como las panzas de las iguanas como están “asoleadas”, ora sí que como las Sabritas, a que no te puedes comer solo una, haciendo maridaje con un par de ballenas, Víctor Guluarte se comió casi un costillal completo por eso le decían Isidro y el Ángel Gajon el “panza de lión”, por harto. ¡Qué tal!

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