ABCdario


Por Víctor Octavio García

Los fantasmas de William Walker

Cuando surgen en lo más profundo de la sociedad sentimientos de abandono, desaire y desprecio generados por el gobierno federal o de algún presidente en particular, reviven cíclicamente movimientos independentistas como ocurrió en la época de William Walker, uno de los primeros filibusteros en pisar tierras californianas.

William Walker al amparo de la proclama de que “a ningún bandido se le permitirá que se ponga al frente de su banda de salteadores para deshonra de nuestra bandera; y el castigo más severo se reserva para quienes bajo el pretexto de lealtad y patriotismo busquen impunidad para la rapiña y el crimen, todas las personas de buena voluntad serán protegidas en la libertad de su persona y el gozo de sus bienes. Se respetará la religión y se fomentará el que todos rindan reverencia al Ser Supremo sin cuya ayuda todo esfuerzo terrenal fracasa y bajo cuya protección se logran todas las mejoras nacionales, y los invitamos a ustedes, buenos ciudadanos, a que nos asistan en la realización de los principios que reconocemos son el fundamento de todos 269 nuestros derechos y todos nuestros recurso”, declaró a las dos Baja Californias como una “nueva República” a la que le dio por nombre “República de Baja California” y se autoproclamó “Presidente de Baja California”.

Fue un movimiento más anexionista que independista alentado por el hartazgo de los californios contra el gobierno central; Antonio López de Santa Ana gobernaba el país a “salto de mata” y acababa de perder la “guerra contra Texas” y con ello más de la mitad del territorio nacional; ese mismo sentimiento de abandono e inconformidad sirvió como caldo de cultivo a los hermanos Flores Magón para que sus ideas anarquistas prosperaran en California en víspera de la revolución mexicana.

De manera que no es de extrañarse que en pleno siglo XXI aparezcan expresiones en este sentido como ocurre con frecuencia en la península de california que en aras de encender los reflectores y llamar la atención del centro recurran o abreven en este tipo de movimientos bajo el manoseado discurso de independizarse que cobró eco hace apenas un par de años frente al pésimo gobierno de Enrique Peña Nieto, situación similar a la que hoy prevalece con el gobierno sin resultados de López Obrador ante el evidente desprecio hacía BCS (desconocemos cómo les vaya a los bajacalifornianos) la idea suena interesante y atractiva porque ningún Presidente nos ha tratado tan mal como Peña Nieto, vaya ni el mediocre de Ernesto Zedillo, mucho menos el gris y pusilánime de Miguel de La Madrid tuvieron los desaires y desatenciones que tuvo Peña Nieto para BCS y los sudcalifornianos.

A los priístas locales les fue muy mal; fueron ninguneados, despreciados, desairados y humillados; en las dos elecciones, una concurrente y otra local, en la era de Peña Nieto, fueron negociados como si se tratara de vil javas de tomates; esperar un peor trato de la federación era impensable; cero inversión pública federal; cero apoyos federales, cero promoción turística, cero obra pública federal, cero programas de pavimentación, cero atención a las demandas y exigencias más sentidas de los sudcalifornianos a cambio de más recortes federales al presupuesto, incremento de gravámenes fiscales como el IVA y al ISR, incremento de tarifas de luz y gas, gasolinas y un sinnúmero de etcéteras más, así que cualquier parecido con lo que ocurre actualmente son mera coincidencias.

Esto nos lleva a replantear a la luz de la inconformidad y el hartazgo –ojo–, una nueva relación con el gobierno federal, un nuevo pacto social, una relación justa en la que nos sintamos representados y tomados en cuenta por el pacto federal y no como entenados; un nuevo marco de coordinación fiscal que brinde certidumbre e impulse el desarrollo regional a través de una justa distribución del ingreso que generen más y mejores oportunidades e incentiven la inversión (fuentes de empleo); modificar –o desmasificar– los esquemas de distribución de recursos federales basados por el número de habitantes o bien, distribuidos con criterios electoreros; en suma, replantear un nuevo marco de coordinación política, fiscal y social en todos los órdenes y ámbitos de la vida pública a efecto de contrarrestar de las terribles desigualdades que existen.

En lo político impulsar una agenda mínima de acuerdos consensuados con todos los sectores que le den presencia a BCS en el ámbito federal; replantear el desempeño de las dependencias Federales que se han convertido, por desidia o desinterés, en pequeños “hoyos negros” que responden a intereses político-personales y electoreros y no al espíritu federalista que deben de representar; no representan a nadie solo al partido en el poder al que se deben, y esto los aleja cada vez de hacer compromisos y trabajar en favor de BCS y de los sudcalifornianos.

En síntesis, ante la desidia, desinterés, abulia e importamadrismo, lo impensable se vuelve rutinario e incluso necesario –necesariato–; y tan posible que viejos jilgueros de hace más de 200 años que anunciaban la “Republica de BCS”, hoy lo hacen con el mismo entusiasmos y las mismas justificaciones que utilizó William Walker, el último filibustero en pisar tierras californianas. ¡Qué tal?!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

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