ABCdario


Por Víctor Octavio García

Cacería

  • Sin llegar al “Macheteado”

En 2008, en la última “acampada” en el Pedregoso, Raúl Olachea Lucero QEPD nos extendió una atractiva invitación; “hay que ir pal cerro del “Macheteado” por un “hijuelachingada” que valga la pena”, nos dijo; lo que nunca nos advirtió es que para llegar al “Macheteado” había que invertirles varios pares de suelas y una tremenda chinga con la pala y el machete abriendo brecha, en el primer intento solo alcanzamos a divisar las faldas del cerro a poco menos de diez kilómetros.

El profe Raúl Pedrín QEPD resultó ser todo un experto en cruzar cañadas y sanjones –como los buldócer– por las partes más intrincada e inaccesibles, ni idea de lo que nos esperaba; y es que para llegar al cerro del “Macheteado” hay que caminar una brecha “venadera” de más de diez kilómetros que atraviesa cañadas, sanjones y arroyos casi intransitables. Raúl Olachea, el guía, no la caminaba desde hacía cuarenta años cuando se daba sus escapadas a las “venadeadas” con sus hermanos Loreto y “Chico” Olachea (QEPD); de hecho, la tarde que llegamos al Pedregoso nunca dimos con la brecha sino hasta al día siguiente luego de explorar la zona a pata; ese día, cuando dimos con la famosa brecha nos botó un “hijuelachingada” grande pero no nos dio tiempo de tirarle, con la misma se descolgó por una cañada sumamente enmotada y de difícil acceso que solo el “profe” Pedrín con su intrépida voluntad pa atravesar cañadas podía corretearlo, así que en medio de lamentos y rumiando nuestra mala suerte dejamos ir el “hijuelachingada”; ese día, desde las seis y media de la mañana hasta las tres de la tarde, medio arreglamos el camino, dudó que hayamos avanzado dos kilómetros en dirección al “Macheteado”; nos regresamos al “paraje” con hambre y todos jodidos, además había que preparar la del “perro” (comida); el Chilpa se dispuso a picar verdura y la carne que prepararía Raúl Jr., el Pepe preparó, para engañar los fuertes gruñidos de tripas, sándwichs de Spam; el guisado del día –bistec ranchero con fríjol refrito, chiles y tortillas– siempre tardaría, así que le entramos a los sándwichs y al fríjol refrito que guisó el profe; esa tarde nos quedamos en el “paraje” para armar la salida del día siguiente; el plan era llegar hasta el arroyo del “Tepetate” que queda dos o tres kilómetros del “Macheteado” donde, con suerte podíamos agarrar un buen “hijuelachingada”; en la noche, antes de dormir, Raúl se puso a recordar a familias viejas de La Paz y sus parientes los “Olachellas” de San José del Cabo y los Lucero de la Ribera, sin faltar claro está, el orgullo de su apellido, el General que llegó a portar cuatro estrellas; Agustín Olachea Avilés, en la plática salieron a flote Anselmo Romero Lucero, el Cony Ochoa, “Wicho” y Pedro Ortega, Rita Toyes, el “Abusado”, Felipe Caloca, el “Patas Blancas”, Marianito Meza, Bartolo Ortega, entre otros; nos dormimos pasada las 10 de la noche.

Al día siguiente, luego de tomar café ¡fierro! pal “Macheteado” ver foto de la cafeceada; Raúl recalentaron bistec y algunos –no todos– desayunamos, como no desayune me lleve una naranja y un jugo y eso sí, una buena dotación de cigarros, con la “pochita”, una carabina 30/30 Winchester y 8 cartuchos útiles –como se dice en el argot militar– me encarame en el Toyotita, al descolgar las últimas lomas que mueren en la mesa del “Estafiate” nos detuvimos para echarle una “ojeada” a la zona, nos paramos en una cuchilla de donde se dominan todos los lomeríos y cañadas, de pronto, el Pepe gritó ¡un venado!, todos cerrajearon sus armas, excepto yo que tenía los binoculares en la mano, nunca vi el animal pero alegaban que era hembra, que era un crillón y otros, los menos, que era un macho, no le tiraron hasta que el animal se descolgó sobre una cañada dejando ver tamaña “canasta” (cuernos), todos nos entusiasmamos y sin seguir con la brecha del “Macheteado” decidimos caminar para revisar y pitar en las cañadas y lomeríos, sobre una cuchilla armamos el plan; los Raúles y el Pepe por la parte norte, Raúl Jr., y el Chilpa por los ancones que se forman entre los lomeríos y cañadas, mientras yo tome otro atajo porque me gusta caminar solo por mi maldita sordera y porque además, donde veo y me gusta una buena sombra, me echo; ese día camine más de cinco horas –mucho menos que Raúl Jr., y el Chilpa– sin ver nada, como no conozco la zona me abstuve de retirarme demasiado de la cuchilla donde habíamos dejado el carro, los últimos dos kilómetros que camine vi mucha “trilla” y “juellas” de animales grandes pero no vi ningún “hijuelachingada”, me regrese al carro pasado del mediodía con hambre y ganas de tomar café; al llegar, antes de tomar agua, me serví un vaso de café caliente que me supo a delicias, al prender un cigarro luego del café, sonó mi celular; era Raúl Olachea que andaba checando en dónde estaba, aquí en el carro, le respondí, vamos subiendo la loma por la brecha, no te desesperes, ahorita llegamos, me dijo, como sé que Raúl y el profe Pedrín en ocasiones tuvieron problemas para caminar le propuse que iría por ellos, espérenme dónde están, le dije, y vaya que estaba pesada la subida, tuve que usar el cambio más “juerte” de la “juerzuda” (doble) para poder escalar los escalones de tepetate, pronto los encontré “sestiando” en la sombra de un ciruelo, según la versión que me dieron, le tiraron a dos machos; uno de horqueta y otro un poco más chico pero no les dieron, acababan de servirse café cuando escucharon tres disparos de Raúl Jr., por el ancón pa’ bajo, los disparos cómo que nos revitalizaron porque desde hace varias semanas que no tumbábamos un “hijuelachingada” y las ganas de comernos unas costillitas asadas las fuimos proponiendo en espera de mejor suerte.

De regreso al Pedregoso –en un descuido del profe Pedrín– Raúl me pidió que llegando al “paraje” le preguntara, en tono de lamentación, del porqué Maribel Guardia ya no salía en televisión conduciendo programa de entretenimiento; vas a escuchar la opinión de Pedrín, me alertó, en realidad desconocía cuál podía ser la reacción del profe Pedrín, así que espere hasta llegar al Pedregoso para preguntare; oiga profe, porqué Maribel Guardia ya no sale en televisión, le pregunte, antes de que Raúl respondiera brincó el profe Pedrín: “Y para qué va a salir, sino sabe hablar; no tiene léxico ni cultura, es una mujer vacía; no tiene nada”. Profe, que blasfemia está diciendo de esa “hermosura de mujer”, le conteste, que no la has visto, no hila una frase completa, insistió Pedrín, no se fije en lo que oye sino en lo que ve; no se le olvide que el tren es el que apachura, no los rieles, le revire, pero mi defensa resulto inútil, el profe insistía en los vacíos y la falta de cultura de esa “hermosura de mujer”, Raúl, solo se reía pícaramente, el Pepe revivió la lumbre atizándola con gruesos leños de palo colorado y uñas de gato para dejar “caí” sobre la parrilla un par de pollos, que era lo más rápido y práctico para preparar, aproveche para poner agua y colar café mientras se hacían las brasas, ese día, como de costumbre, cominos tarde, pasadas las 5 de la tarde pollo asado, tortillas, salsa y refrescos o café según el gusto, después nos pusimos a jugar malilla picando pedazos de queso (salado) que llevaaba Raúl Olachea y salchichas para asar; nos acostamos temprano fatigados por el cansancio de dos días de chinga, al día siguiente, caminaríamos un rato en la mañana porque teníamos pensado regresarnos después del almuerzo, ahora la caminada sería en el Pedregoso donde hemos visto “trilla” pero no animales, salvo una que otra hembra y crillón, y como a las “doñas” no hay que tirarles ni tampoco podemos cometer infanticidio matando crillones, la camina sería solo para ejercitar el músculo, Raúl Olachea y el Pepe se vinieron un día antes porque tenían un compromiso “impostergable” al día siguiente, así que nos quedamos Raúl Jr., el Chilpa, el profe Pedrín y yo con el fin de pegar otra “peinada” en el Pedregoso, después de tomar café ¡fierros! pal monte. Raúl Jr., y el Chilpa agarrarían por el arroyo hasta llegar a las faldas del cerro del “Huizache”, mientras el profe y yo por los lomeríos, sanjones y cañadas del “Flameado”, llevábamos media hora de caminar cuando nos separamos con el fin de “peinar” una zona más amplia durante la caminada, quedamos de vernos a las doce en la loma donde habíamos dejado el carro, como llevaba la cámara tomé varias fotos de los paisajes que se formaban bajo los contrastes de un día soleado y a la vez nublado, preciosas fotos que conservo en el disco duro de mi computadora, camine mucho menos que en los últimos dos días, acaso tres o cuatro kilómetros en los que no pude esquivar un par de cañadas –de las que le gusta cruzar al profe Pedrín– sin novedad al frente, cuando me di cuenta, y vi la hora en la pantalla del celular, eran las 11 y media de la mañana, media hora para llegar a la loma donde habíamos dejado el carro sencillamente no me ajustarían para llegar a tiempo ni apretando el paso, así que tome mi paso –y mis tiempos– sin mayor presión, cuando aviste la loma, a un kilómetro de distancia, vi que el profe me estaba esperando, en un “limpio” le hice señas con la gorra para que no se desesperara, no llevaba otro objetivo en mi despejada mente más que el de llegar cuando me topé con “juellas” fresquecitas de un animal, seguramente de horqueta, que se fue caminando sobre una vereda, poco después me topé con las “juellas” del profe que lo fue siguiendo hasta que el animal se descolgó sobre un sanjón. Cuando llegue Pedrín me recibió con la novedad de que había andado siguiendo uno de “horqueta” pero que se le perdió en un sanjón, antes de regresarnos vaciamos el termo del café y nos comimos un par de naranjas, ya en el “paraje” miraríamos a ver que cabrones comíamos; en tres días de fuerte ajetreo era de esperar que la “alacena” se vaciaría, –como Maribel Guardia, dice el profe Pedrín–, y las premoniciones resultaron ciertas; luego de colar café buscamos algo que tragar no habiendo más que un par de aguacates, pan bimbo, jamón y queso amarillo; lo demás se había terminado, después de comer sándwichs de jamón con queso amarillo y aguacate y rellenar los termos del café, “fierros” para esta ciudad donde, llegando, me recibieron con un sabrosísimo plato de albóndigas de jurel, arroz y un par de chilpitines de El Triunfo. ¿Chúpense esa?

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

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