ABCdario


Por Víctor Octavio García

Isidro y el vino tinto

A mi amada hija Mayra, que ha sido dada de alto tras librar con aplomo y entereza el maldito covid 19, bendiciones hija, la mejor de las suertes.

Isidro Ruiz Geraldo, a quien conozco –eso creo– desde hace 40 años, hemos compartido infinidad de salidas al monte, “acampadas” y numerosas anécdotas que bien valdría la pena hacer algunas entregas (columnas o compendios) para dibujar a grandes trazos lo que en esencia es un cazador; un cazador fuera de serie cuyas ocurrencias trascienden más allá de sus eventuales y contadas presas; así es Isidro, ocurrente, “carrilludo” y bueno para el chascarrillo; un tipo que gusta hacer caldos de chapulines, asar papas en la parrilla, cazar liebres con pimienta o bien tomar vino tinto con verdolagas. ¡Vaya maridaje!

Hace un par de años, estando “acampados” en el “Aguajito de Moreno” con el “Prieto” Sosa, le dio por ir a dormir a la zona de la antena, justo en la cima de un pronunciado cantil “donde sólo las águilas se atreven”, parafraseando al célebre “Vidorria”, nos avituallamos con costillas para asar, verdura, tortillas y varias botellas de vino tinto, recuerdo que estaba muy llovido, el quelite y el sácate (aceitilla) altos, dispusimos en un pequeño limpio cerca de una frondosa uña de gato para destender los tendidos a ras de tierra y sobre dos enormes piedras poner un par de faroles para “aluzarnos” en la noche, no llevamos lona ni carpa así que la dormida era a campo traviesa, a ras de suelo; los intrépidos –como de costumbre– Isidro Ruiz, “caponero”, “Prieto” Sosa, Ángel Gajón; Pasy Real y un servidor.

En la tarde nos pusimos a jugar malilla con el sol todavía a medio chile protegidos en la sombra de la uña de gato mientras se hacían las brasas para dejar “cai” las costillas en la parrilla, el Ángel había cortado verdolagas en el camino que de inmediato el Isidro se adueñó de ellas sentenciándonos que sólo el comería verdolagas cocidas en agua con sal y limón y claro está con ¡vino tinto!, le dije al Ángel; “que a toda madre nos las puso, yo pura madre “gúa” comer verdolagas habiendo costillas” ni yo” me contestaron Gajón y el Pasy, así que esa noche cominos costillas asadas el “Prieto”, Ángel, el Pasy y un servidor, mientras el Isidro le entró a las verdolagas sancochadas en agua acompañándolas con ¡vino tinto! como todo un magnate; nos dispusimos a dormir en medio de una fuerte discusión entre Isidro y el “Prieto” por una juagada del Isidro, “barajeó” las cartas al estilo de los más experimentados talladores de Las Vegas de suerte que dejo los triunfos para él y el Ángel que estaban jugando de compañeros y las cartas sin mono (las que no cuentan) para el “Prieto” y un servidor que estábamos jugando de compañeros y el Pasy en el papel de retador, vieja maña del Isidro de hacer machuches, yo no me di cuenta pero el “Prieto” si y le reclamó a sabiendas que nos iban a dar “capote” por lo mismo, dejamos de jugar como a las once de la noche alertados por la “coyotera” que gritaban por todos lados, esa noche casi no dormimos por los aullidos de la coyotera que alcanzábamos a divisar con la luz de los faroles, noche de mucho sereno y escarcha, amanecimos empapados.

Otro día siguió la discusión entre Isidro y el “Prieto” por la “carrilla” que le estaba dando al “Prieto”, el “Prieto” pegó el arranque y se fue a pie pal rancho, distante más o menos nueve kilómetros de donde estábamos, después de subir a la caja del pick up los tendidos y los escasos trastes que llevamos nos retachamos pal rancho a vuelta de rueda por lo zigzagueante y malo del camino, cuando legamos al rancho el “Prieto” ya había colado café; ese día nos retacharíamos a La Paz después de la del “perro” (comida) que fue garbanzo con chile colorado con corvas de res y arroz, cada vez que íbamos el “Prieto” nos regalaba un queso de prensa o de estera de tres o cuatro kilos a cada uno, así que desde temprano comencé a decirle que al “culero” del Isidro no le diera queso, el “Prieto” solo lo veía de reojos haciendo muecas, a final le dio “´pura madre queso”, hizo efecto mi insistente intriga.

Hoy que llevo varias semanas en el encierro no hago más que repasar experiencias pasadas que me han dejado gratos recuerdos de tiempos que no volverán, tengo cerca de cuatro años que no voy para el “Aguajito de Moreno” precisamente por intrigas que me hicieron, la mañana de este lunes, después de todo ese tiempo sin ir, recibí nuevamente la invitación del “Prieto” y de doña Cuca, su esposa, a través de un amigo común (Emilio Cosio) para que los visite, cosa que seguramente haré en cuanto pueda, siendo uno de los ranchos donde anclé por más tiempo mis “querencias”, un rancho muy humilde que me gusta mucho por lo apartado que está donde solo se escucha el bramido de las reses, uno que otro relinchar de caballos y el aullar de los coyotes, zona que en tiempos pasados fue muy visitada por venaderos y que hoy, ante la escasez de venados, las prolongadas sequias, lo caro de la gasolina y lo malo del camino pocos, muy pocos los visitan. Vaya para el “Prieto” Sosa y doña Cuca Savin, un caluroso saludo y mi agradecimiento de siempre. Dios con ellos. ¡Échense ese trompo a la uña!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

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