ABCdario


Por Víctor Octavio García

 

Los Seris

El relato que hoy les comparto me lo platico una noche estrellada en Los Llanos de kakiwui Fernando León Amador, descendiente en tercera generación del protagonista del relato, don Miguel León, nacido entre 1870 y 1880 en la zona de Los Dolores, de oficio pescador; don Miguel tuvo cinco hijos, puros varones que se dedicaron a la pesca tal como lo hacen sus descendientes directos que actualmente “parajean” en Los Burros, Punta Gorda, Nopoló, San Evaristo y Punta Coyote; las primeras dos generaciones escribieron su historia a golpe de remo y a canalete, hoy con potentes motores fuera de borda que surcan las tibias y en ocasiones “encabrilladas” aguas del golfo de California; corría el año de 1922, el país se encontraba en vilo tras los asesinatos de Carranza, Villa y Zapata, lo que poco le importaba a don Miguel porque seguido retaba a los indios seris que habitaban –y habitan– isla Tiburón pescando sobre las costas de la isla, los seris que era –o son– una tribu agresiva, cruel y violenta se la tenían sentenciada de que si lo agarraban pescando en sus mares lo matarían, don Miguel siempre armado con una carabina 30/30, al fin buen tirador, desoía las lapidarias advertencias y seguido tiraba piola o tendía redes frente a las costas de la isla.

Un día muy temprano después de hacer buena marea (pesca), don Miguel avistó a lo lejos una canoa que venía directo hacía él, le apuró a la remada, conocía como nadie la zona, y se apertrechó en una punta de riscos y tepetates a esperar, sabía que venían indios seris a bordo, dejo su canoa a orilla de la playa y se bajó con la 30/30 y varios cartuchos a esperar, los seris tenían fama de asesinos y crueles dado que abordaban embarcaciones pequeñas que cruzaban frente a la isla para robarles todo lo que traían y matar a la tripulación, tenían la costumbre de decapitar a sus víctimas colgando sus cabezas en los cardones; don Miguel sabía lo que le esperaba.

Ya que bajó de la canoa y la varó en la orilla de la playa, buscó entre los tepetates y riscos un lugar donde protegerse de la “balacera” que le esperaba, tal como ocurrió; en cuanto estuvieron a distancia de disparar comenzó la “balacera”, eran siete indios seris armados con viejos máuser y don Miguel solo, con su 30/30; las ráfagas de disparos de los seris botaban sobre los tepetates y riscos mientras don Miguel, cauto y precavido, estudiaba cada disparo para mantener a distancia la asonada y sobre todo para no desperdiciar parque (tiros), así que estaba obligado hacer buenos disparos, dar en el blanco, ora sí que como dicen ahora, hacer tiros quirúrgicos, de lo contrario su vida estaba en permanente peligro bajo la sedicente amenaza de que su cabellera (cabeza) terminaría colgada en algún cardón; el asedio duro poco menos de dos horas hasta que le dio muerte a los siete indios seris.

Después de aquella masacre y prueba de vida, don Miguel tomó rumbo a su “paraje” cruzando el golfo de California donde por años se contó su historia más que como un acto de supervivencia como un acto de valentía, pasaron los años y los seris se mantuvieron indomables, fuera de control del gobierno o de los gobiernos durante mucho tiempo, realizando impunemente sus célebres y crueles abordajes sobre las cosas de isla Tiburón; comentaba don Miguel, no sabe si en descargo, remordimiento, justificación o cierto, que años después del gobierno le mandó ropa infectada diezmando considerablemente su población hasta quedar reducida en pequeñas tribus que actualmente viven en reservas en la isla.

En 2002, en una acampada de un par de días en Punta Gorda, tuve el gusto de conocer y tratar a don Jesús “Chuy” León, hijo de don Miguel, que en los años cuarenta durante la II guerra mundial, pescó tiburón para extraer el aceite del hígado que se lo llevaban los gringos, hoy sus hijos, la mayoría vive en Punta Gorda, son pescadores, gente de bien, trabajadora y dedicada a lo suyo honrando así el legado y ejemplo que les dejo don “Chuy” León, una auténtico hombre de mar quién al igual que su papá, escribió su historia a golpe de remo y a canalete, sacrificios, sudores y esfuerzos, una parte importante de la historia de la pesca ribereña en el golfo de California. Descanse en Paz don “Chuy” León; para su familia mi afectos y consideraciones siempre. ¡Qué tal!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

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