ABCdario


Por Víctor Octavio García

Festejo

A mis amigos los Amador de Los Llanos de kakiwui, con aprecio y admiración.

……..“Vente pa’ acá a pasar tu cumpleaños, vamos a matar una vaquilla (chiva orra) para festejarte” me dijo Jorge Amador poco antes de retornar a esta ciudad el pasado 25 de mayo; Jorge y su familia comparten junto con Fernando León, doña Yoya y Porfirio Amador, miles de hectáreas en la inmensidad de los Llanos de Kakiwui, cuyos orígenes se remontan a las primeras “comunidades de sangre” establecidas por los Guaycuras al norte de La Paz; tierra árida, agreste, de cerros pedregosos y profundos desfiladeros labrados por el tiempo, el agua y el viento, formando impenetrables cañones de piedras volcánicas parecidas al “Gran Cañón” del Colorado, un par de pozas de agua dulce retenida de las lluvias formadas entre los tepetates retiradas un par de kilómetros del rancho sacian la sed del ganado y los chinchorros de chivas buena parte del año, el agua para la casa, tomar, lavar la ropa y preparar los alimentos la tienen que acarrear en carro desde el “Tunalito”, rancho distante a más de 12 kilómetros de los Llanos, 12 kilómetros que cruzan la sierra, la parte más mala del camino, cuando se secan las pozas de la Cueva, el Choyal y otra que queda cerca del rancho de Jorge, hay que acarrearla en carro desde el “Tunalito” para el ganado y las chivas; doble trabajo, doble gasto; esa es una constante los 365 días del año.

Viven, tal como lo hicieron los primeros californios, de lo que la generosa tierra da; hace un par de semanas Jorge ordeñaba más de 350 chivas diarias que le proveían de un buen dinerito y la venta de chivos que desteta después de las “pariciones”, de 80 a 120 animales, para Jorge no hay ayuda del gobierno excepto para Fernando, doña Yoya y Porfirio que reciben los apoyos de adultos mayores, para allá (Los Llanos) no llegan los programas sociales del gobierno ni siquiera despensas, esgrimen que está muy lejos, que vive poca gente, que el camino está muy malo, de allí que todos los programas y ayudas del gobierno se queden en Toris, cuando de Toris a Los Llanos de Kakiwui existen 21 rancherías, algunas hasta con seis familias, careciendo la mayor parte del tiempo de muchas cosas e incluso donde guardar sus alimentos (congeladoras) porque los programas de energía solar sencillamente no llegan, tengo varios meses gestionado con mi amigo Manuel Cota Cárdenas, director de desarrollo municipal en La Paz, más paneles solares y congeladoras, sin embargo los programas están detenidos.

La parte más cerca de Los Llanos para abastecerse de alimentos (granos y sopas básicamente) es Santa María de Toris, a más de 50 kilómetros de camino muy malo que cruza la sierra, en Toris opera una tienda rural que por lo regular nunca tiene nada, las verduras y carne fresca solo cuando vienen a La Paz, a Las Pocitas o al valle de Santo Domingo, eventualmente don Chuy Romero, un viejo y noble pescador los abastece de pescado fresco y más de las veces de pescado seco que traslada a lomo de burro desde el campo pesquero Los Burros, distante de los Llanos de Kakiwui a 15 kilómetros sobre el golfo.

Gente muy noble que hace poco conocí y comencé a tratar, con excepción de Porfirio Amador que lo conozco desde hace 36 años, excelentes personas, nobles, entregadas y chambeadores, en los últimos viajes que hemos hecho Beto Ojeda, mi cuñado y compadre y yo, nos hemos comido tres chivos y hemos saboreado riquísimas machacas de mantarraya seca, caguama seca y pescado fresco capeado y frito que les llevan de Los Burros, así como dulce de leche (zorrillo) empanadas de fríjol y muuuuuchas tortillas de harina recién salidas del comal.

La semana pasada (miércoles 17 de junio) le hable a Jorge, vía satelital, para amenazarlo que iría para allá; armé un par de despensas, carne y pollos frescos, hielo, verduras, pan y varias ballenas y ¡fierros! pa’ Los Llanos de Kakiwui, casi 5 horas de camino con un gasto de 2,500 pesos de gasolina, ese es el precio que pago por mis gustos; llegamos primero al rancho de Jorge donde Juanita, su esposa, nos estaba esperando con un panguigui de tortillas de harina, empanadas de fríjol, queso de chiva y café, la chiva que matarían para mi festejo de cumpleaños la tenían “atrincada” en un palo fierro, esa misma tarde Jorge le metió cuchillo para dejar “caí” en la parrilla las tripas de leche, riñones, corazón, asaderas, hígado y un trozo de carne sobre las brasas del palo fierro que comimos alternándolos con ballenas, café, dulce de leche (zorrillo) y pan de dulce, allí en la cocina sin cerco con techo de lámina galvanizada a disfrutar la plática de Jorge y el suave viento que corre desde la inmensidad de Los Llanos; noche de bohemia, chascarrillos y anécdotas de caballos con rabia y gritos de “liones” (pumas) replicando su eco entre los pronunciados cañones y desfiladeros.

Un día cualquiera en esas lejanas tierras es levantarse temprano a ordenar las chivas y dejar que se enfrié la leche para cuajar el queso, ir por leña, ensillar un par de machos para arrear las chivas en la mañana desde los cerros donde duermen a los corrales y en la tarde ir al agua al “Tunalito” y cuando hay tiempo buscar un animalito “hijuelachingada” para abastecerse de carne un par de semanas, cosa que no es frecuente, salir a “campear” algún animal perdido o que vayan a vender, desayunan casi al mediodía arroz con frijol, sopa, queso, tortillas de harina y café, menú que se repite a media tarde, entre las cinco y seis de la tarde; viven sananamente y son felices, no hay señal de teléfono excepto vía satelital, no escuchan radio ni ven televisión, rara vez o nunca lo visitan políticos, lo que es ya una ganancia en medio de tantas desolación.

Hoy mis querencias están en Los Llanos de Kakiwui, donde convivo con gente nuestra curtida por el sol y moldeada por el duro y rudo trabajo de rancho, desafiando todos los días las limitantes que impone el desierto, la lejanía y el encierro gustoso, las carencias resultan irrelevantes frente al aire puro terciado con la fragancia que despiden los azares de palos fierros y uñas de gato, la soledad y libertad de regresar a nuestros orígenes, a nuestra tricentenaria “comunidad de Sangre”, vaya para ellos y todos mis amigos rancheros mis respetos, solidaridad y aprecio siempre, que Dios los siga colmando con nutridas y generosas lluvias, menos soles y menos calores. ¡Qué tal!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s