ABCdario


Por Víctor Octavio García

¡Qué tiempos aquellos!

* Semana Santa


Siempre he creído –y tengo razones para suponer– que los sudcalifornianos conservamos muchas costumbres, creencias y hábitos cuyos orígenes provienen del medio oriente, quizás por los 800 años de invasión turca en España o por las condiciones climáticas y geográficas tan parecidas entre BCS y la península Árabe; los oasis, las frutas –del desierto–, nuestro origen nómada y errante e incluso comidas (platillos) característicos del mundo Árabe.

Recuerdo en mis años mozos –6 o 8 años de edad– los jueves y viernes santos acompañaba a mi tío Loreto “Loro” García (talabartero) al monte a matar víboras a “varejonazos”, era como una devoción salir a matar víboras, había la creencia –aún existe en algunas familias, sobre todo en familias viejas– que si matabas una víbora tus pecados quedaban perdonados, desde luego que no era matar la víbora así nomás porque si, tenía su significado mítico, extra religioso –muy parecido a una vieja costumbre beduina–; había que matarla con una vara delgada de palo de arco dándole “varejonazos” en la cabeza más no en el cuerpo hasta que la víbora sangrara por el boca; después de ese mítico rito y luego de dejar la víbora muerta en el mismo lugar donde la habíamos matado regresábamos a casa directamente a persignarnos ante una imagen de algún santo o la virgen, lavarnos las manos y sentarnos a tomar té o café caliente, no quitarnos los zapatos, no pronunciar groserías ni dar golpes fuertes con herramientas o palos y lo más importante, abstenerse de comer carne y hacer ayunas (no desayunar) jueves ni viernes santos.

Siempre digo y lo presumo que me criaron chapeado a la antigüita, a la vieja usanza de nuestra ancestral comunidad de sangre, con valores y principios que mucho les agradezco a mis padres que me hayan inculcado y formado en el seno de esas viejas costumbres, hábitos y creencias que le he trasmitido a mi hija e hijos desde muy chicos como cimientos para su formación personal; mi bisabuela –natural de Todos Santos– guardaba dulces de la molienda (panocha de gajo, alfeñiques, miel de dedo –en otras partes se conoce como punto– y dulces de conservas echas con frutas de la estación; guayaba, toronja, limón entre otras) que comíamos no discrecionalmente sino en pequeñas raciones acompañado de un vaso de agua, en ese entonces no se conocía la “capirotada”; el menú era muy limitado; en la mañana frijoles con tortillas de harina y queso si había en el zarzo, café o té de hojas de limón o naranjo, al mediodía frijol con arroz o sopa, y si había machaca de pescado seco, camotes, tortillas de nixtamal hechas a mano y agua natural de limón, tamarindo o de naranjas amargas, de cena michas (tortillas de harina hechas como las “gorditas” amasadas con panocha), frijol, queso si es que había, té o café; y hasta los sábados de gloria comíamos carne, en esa época no era mucho sacrificio ni se extrañaba no comer carne, rara vez mataban una res y se comía cuando había al igual que la verdura.

Jueves y viernes santos eran días de “guardar”, de estar en casa, cuando había misa ir a la misa y honrar costumbres que con el tiempo han ido desapareciendo; dos días con un alto significado religioso donde no se perdonaba ninguna grasería, gesto o insinuación que fuese en contra de la fe católica y de los diez mandamientos, el sábado era permitido hacer todo y comer de todo claro está, dentro de los rigurosos cánones que regían la vida familia y la convivencia comunitaria; con el tiempo y atraído por la vida Árabe, la cultura de los beduinos, su vida nómada y errante en el desierto, sus comidas y frutas, sus hábitos, su misticismo, siempre lo he relacionado con nuestra secular forma de vida, de una vida precaria, agradecida con Dios y con la vida misma.

Jueves y viernes santos y sábado de gloria, una especie de Ramadán que se honran con ayunos, actos religiosos y fiestas paganas; comidas como las “tatemas”, tortillas de harina, pan de trigo, té, tamales, queso de chiva (cabra), chanfaina, empanadas, embutidos (chorizos en tripa), avena, crema de trigo y chícharo, mantequilla, requesón, mieles y frutas como sandía, dátil, granada, melón, limas etc., tienen su origen en el mundo Árabe y clatro está, su réplica mítica en nuestra tricentenaria comunidad de sangre sudcaliforniana. Que tengan un feliz semana santa, cuídense y quédense en casa. ¡Qué tal!.

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

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