ABCdario


Por Víctor Octavio García

¡Qué tiempos aquellos!

* Chencho, “el siete patadas”

A mediados de los años 60’, Porfirio Amador –patriarca de Los Llanos de Kakiwui– se soltó haciendo bailes en su casa; mataba chivos y añejaba los mejores quesos para compartir con sus invitados, de corazón bohemio, trato campechano, sencillo y “gueno” pa’ la guitarra y la cantada, disfrutaba lo que hacía cuidando chinchorros de chivas –llegó a tener más de 800 chivas–, ordeñar, cuajar y hacer queso, jugar voleibol y “tirar chingazos” (round de sombra); cada quince días su casa se convertía en punto de reunión de la rancherada que llegaban de lugares cercanos a la bailada como el Sauce, Banderitas, San Francisco, Santa Rita, Matancitas y Los Burros, entre otros.

Buen anfitrión y mejor amigo, atendía con esmero a sus invitados, sobre todo a las muchachas que venían de Las Banderitas, muchachas muy guapas, altas, blancas de ojos claros que gustosas correspondían a la invitación echando la bailada hasta donde el cuerpo aguantara, de esos bailes inolvidables según me han contado, donde hubo varios casorios y fugaces noviazgos que hoy quedan vivos en el recuerdo impregnado en el mudo silencio de los escarpados cerros de la sierra de La Giganta y del no menos célebre cerro de la “borrachera”.

Porfirio solterón –quedo sin casarse– sabía congraciarse con sus amigos y amigas, la fiesta –incluida cena y comida de otro día–, música y bebida corría por su cuenta, económicamente estaba bien, vivía su mejor momento; cada dos semanas ¡Fierros! pa’ Los Llanos de Kakiwui, con el amigo Porfirio; los bailes se celebraban desde que se metía el sol hasta otro día, hasta donde el cuerpo aguantara, no había horario ni fecha de terminación; Porfirio sacrificaba (mataba) tres o cuatro chivos, los mejores chivos de la chivada que preparaba en birria, tatema, asados y fritos, según el gusto de los invitados.

Chencho, un hermano de Porfirio, mucho menor que él, era medio fanfarrón, siempre buscaba pleitos o hacer desmadres, tiro por viaje, el caso era enfadar a Porfirio que es una alma de Dios y a sus invitados, así que en uno de los bailes que tanto le gustaba organizar a Porfirio, urdió como hacer un desmadre; en el centro de la “ramada” de techo de palma, vigas de madera de palma y enjaule de carrizo estaba colgado un farol, el único farol con el que se alumbraba” el baile, llega Chencho pasado de copas y le dice a sus amigos “le gúa hacer un desmadre a Porfirio” y le tira una patada al farol, falla la patada y cae como regla al suelo golpeándose la cabeza y queda nocaut, inconsciente, a un lado de la casa de Porfirio estaba y está la casa de Chencho, sus amigos se lo llevan cargando donde lo dejan después de ponerle alcohol en la nuca, la frente y en la nariz para que hacerlo volver en sí, mientras el baile sigue en medio de risas por el desmadre que había armado; pasa la noche y hasta el día siguiente aparece Chencho con la cola entre las patas y le dicen casi al unísono los invitados “puta madre, que desmadre le hiciste a Porfirio” en medio de sonoras carcajadas.

Pasaron varios bailes sin que a Chencho se le ocurriera armar más desmadres hasta que un día, en la víspera de otro “gran” baile organizado por Porfirio, se ideó no hacer un desmadre sino un chiste; llegó candoroso tomándose una tropicana (jugo de naranja) y le dice a sus amigos, “les gúa hacer un chiste”, agarra la tropicana media llena, le aprieta fuertemente el tapón, la deja caer el en suelo y brinca con los dos pies sobre el envase de la tropicana para que explote como bomba molotov, falla en el brinco y se resbala con el envase y cae de espaldas golpeándose en el suelo quedando desmayado, se lo llevan inconsciente nuevamente a su casa y hasta otro día regresa al baile después de haber hecho su accidentado chiste; gracias a estas dos anécdotas y otras ocurrencias más que se cuentan en las noches estrelladas en los Llanos de kakiwui, Chencho se ganó el curioso y simpático mote del “siete patadas”.

Hoy Chencho, un buen hombre, hombre de trabajo y de familia, rebasa los 80 años de edad, se le ve cansado pero optimista y echado pa’ delante, recientemente tuvo muy mala a su señora durante varias semanas que por fortuna ya está en franca recuperación, merced a ese contratiempo vendió lo poco que tenía –incluida su casa en Los Llanos de Kakiwui y tres hectáreas de tierra mostrenca– mientras sigue batallando con las poquitas de chivas que le quedaron yéndose a vivir al “Tunalido” con una hija y su esposa.

Porfirio, que es toda una leyenda viva en Los Llanos de Kakiwui y ranchos cercanos, respetado y querido, ronda los 87 años de edad con dos embolas encima, gracias a su condición física y fortaleza de llevar siempre una vida sana pudo resistirla aunque camina con seria dificultad apoyado con un bastón y su mente aunque lúcida tiene lapsus en que olvida algunas cosas; vaya esta anécdota para recordar y honrar a dos grandes amigos que conocí en 1984 y reencontré hace un par de meses precisamente en Los Llanos de Kakiwui, donde paso días filosofando sobre la eterna inmortalidad del cangrejo; que Dios los bendiga a todos.

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

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