ABCdario


Por Víctor Octavio García

¡Qué tiempos aquellos!

* Paloma de la buena suerte


En mi tierna infancia viví una experiencia irrepetible a lo largo de varios días, inimaginable que un día podría consignar lo que hoy les comparto; en casa de mi bisabuela, casa de techo de palma con un corredor de vigas de palma y carrizo al igual que la talabartería donde trabajaba mi tío Loreto García , todos los días se posaba una paloma pitahayera –ala blanca– que mi bisabuela le tiraba el arroz que quedaba de la comida sobre el tronco de un viejo y frondoso eucalipto; sobre el eucalipto mi tío tenía recostado un atravesaño grueso de chino donde descarnaba la vaqueta que en ocasiones “cagaba” y los enfurecía; un día hizo un “tirador” –resortera así les dicen aquí– de palo de arco y ligas de hule de tubo de llanta y me ofreció veinte centavos por la paloma, con veinte centavos se compraban cuatro panochas (piloncillo) o tres dulces de leche empapelados o varias galletas con betún, paga atractiva en aquel entonces; una mañana con ánimo de ganarme los veinte centavos me di a la tarea de juntar piedras redondas un poco más grandes que un “catotón” para hacer los tiros más precisos; yo ya estaba familiarizado con el cantar de la paloma, canto que me parecía y aún lo siento triste, melancólico..….y algo más, su presencia la relacionaba como buena suerte por lo que me pasaba –según yo– ya sea encontrarme alguna moneda, que mi bisabuela me diera un dulce o una tortilla de harina extra o no recibir ningún regaño durante el día regaño, deseos muy sencillos pero afortunados para mí.

La paloma se sentaba justo en el brazo del eucalipto donde estaba recostado el atravesado de chino donde descarnaban las vaquetas y la hora en que se posaba siempre era la misma, entre las 8 y 9 de la mañana; bajaba a la tierra donde le tiraban el arroz y había una tina con agua donde mi tío remojaba las vaquetas para descarnarlas; dos días después de que me dio el “tirador” (resortera) me dedique a cazar la paloma sin ánimo de matarla, más bien de ver la forma como espantarla para que ya no cagara las vaquetas, en ese entonces tendría siete u ocho años, como no era bueno con la resortera más bien malón aunque en veces hacia buenos disparos pero de sapo, en cuanto se sentó la paloma en el brazo de eucalipto ¡palos! la primera pedrada, la paloma voló y a los diez minutos regreso posando en el mismo lugar, con la misma otra pedrada hasta que ese día ya no regreso sino hasta el día siguiente sentando en el otro extremo del eucalipto; yo no quería matar esa paloma que me daba buenos presagios aunque con el “Peco”, un primo mayor que yo, nos dábamos las tres matando palomas en la orilla de un ojo de agua que mi mamá preparaba de cena fritas con orégano y ajo en el sartén o al mediodía en caldo con arroz y papas.

En esas mismas fechas, que era en tiempo de calor y de vacaciones largas en la escuela, el “Peco” mi primo QEPD y yo nos pasábamos el día urdiendo qué hacer, desde ir a robar mangos a la “ringlera” en la huerta de los Ojeda, limas chichonas o caña, o “palomear” en el ojo de agua; mi mamá cuando matábamos varias palomas las preparaba fritas en el sartén con tortillas de harina recién hechas y té de limón o canela, en ese tiempo no se conocían los hot dog, hamburguesas ni nada, solo lo que la generosa tierra y la madre naturaleza daba, en tanto la paloma que tenía harto a mi tío Loreto porque le “cagaba” las vaquetas se acostumbró a sentarse en otro brazo del eucalipto después de tanto espantarla; mi tío que no se daba cuenta de lo que ocurría y al ver que las vaquetas que dejaba en el grueso atravesado de chino ya no las “cagaba” la paloma me dio un “tostón” (cincuenta centavos), más bien compadecido que convencido por lo que había hecho de espantar la paloma para que no sentara donde le “cagaba” las vaquetas.

A partir de allí y por mucho tiempo tuve esa mítica fijación en las palomas pitahayeras pensando que me traían buena suerte, aunque por otro lado no dejaba de cazarlas en el ojo de agua; hasta la fecha su cantar lo siento muy triste, me trae mucha nostalgia sobre todo en los ranchos donde “parajeó”; el año pasado en una ida a mi tierra (Caduaño) busque infructuosamente el atravesado de chino donde descarnaban las vaquetas y no lo encontré ni nadie me dio razón de él, palo ligado a un pasado ido que no volverá y que hoy, con los años y las nostalgias que trae el tiempo me hacen recordar aquellos tiempos vividos en mi tierna infancia donde, con todo y las limitaciones que se padecían, fui inmensamente feliz. ¡Qué tal!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

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