ABCdario


Por Víctor Octavio García

El mal querido

Desde el 1 de enero no he tenido comunicación con Víctor Castro tras las salutaciones de año nuevo, sin embargo me acorde de él la semana pasada cuando un sector de la “prensa” lo agarró de tiro al blanco, –que es muy frecuente entre los sicarios de los medios de comunicación–: ¿Realmente Víctor Castro, el “Puchas”, es como lo pintan o forma parte de un mito genial?, creo que es una pregunta que habría que buscarle repuesta a la luz del día para entender el feroz golpeteo en su contra que se reinició a la par con el nuevo año.

Por definición Víctor Castro entra en el perfil de los políticos mal queridos por pretender los que otros quieren (gubernatura); el clásico de Javier Solís “El mal querido”, toma carta cabal dentro de la diatriba mediática que arman en su contra un día sí y otro también; “si yo pudiera borrar su vida/ la borraría/aunque quisiera también así/ borrar la mía/ al conocer nunca creí/ lo que decían……”; de suerte que son muchos los acomedidos que pretenden borrarlo aunque se borrarían así mismo.

Desde luego que soy el menos indicado para armar una contra intifada en despecho de lo que dicen de él, él tiene los medios y el talento suficiente para hacerlo con gracia y celeridad, sin embargo no me exime de contribuir con mi humilde punto de vista sobre lo que debía platearse como un debate y no como una simple y amañada diatriba político-mediática en su contra, lo que se magnifica en un estado donde poco a poco no hemos ido familiarizando con pequeños seres que andan de políticos. La eterna e inacabada lucha de los de afuera contra los de adentro resulta un asunto menor en la trama que se ha armado en su contra, importa más un gesto, un mal paso, un ademán que un discurso o una declaración y en ocasiones ni eso porque tergiversan o mal interpretan lo que dice o declara, y al final resulta como en la vieja dubitación de la botellita de jerez, “todo lo que diga será al revés”.

¿Qué le recomendaríamos a Víctor Castro? sencillamente que sea como es, cambiar a estas alturas sería un error de párvulo no solo porque perdería su autenticidad sino porque nada compondría cuando su imagen y lo que dicen de él lo dice todo; de hecho su paso por la administración pública no ha estado exento de que le cuelguen sambenitos, algunos obtenidos gratuitamente y otros ganados a pulso; su formación en las izquierdas trotskistas-leninistas donde forjó su carácter templado y a la vez bonachón pincelaron a grandes trazos su apelativo del “Puchas” o el “nagudo de la normal” como llegó a estigmatizarlo ABCdario, sin embargo detrás de ese rudo gesto o semblante mal encarado se encuentra un sudcaliforniano sin mezclas, un hombre humilde, un verdadero producto de la cultura del esfuerzo.

Ser hijo de un humilde policía lo dice todo; el no viene de los privilegios –aun cuando los haya gozado– ni pertenece a clanes o familias de políticos que reclame derechos de sangre, él es ante todo un descamisado que sabe dimensionar el valor del esfuerzo porque él es producto del esfuerzo; a Víctor Castro nadie le ha dado nada, y así como nadie le ha dado nada a nadie le debe nada, él es por lo que ha hecho por sí mismo; Victor Manuel Castro Cosio es Victor Manuel Castro Cosio, allí no hay más misterios.

No se sí porque soy agradecido redacto estas líneas, lo que si se es que lo hago impulsado porque lo dictan mi convicciones; hace poco recibí de él y por medio de él dos reconocimientos como emborronador de planas (periodista) y novel escritor, reconocimientos merecidos o no que valoro más allá de un simple gesto, pero también a la par con tales distinciones he logrado una mayor identidad que no tuve en más de 50 años que lo conozco siendo vecinos de toda la vida en el barrio de El Choyal; sin embargo, esos pequeños e insignificantes seres que se meten a políticos jamás entenderán que sus enemigos no tienen por qué ser mis enemigos.

Mi reciente relación con Victor Castro, el mal querido “Puchas”, me ha generado muchos desencuentros con amigos, ex aliados y no pocos conocidos que no lo ven bien y les molesta que yo esté bien con él ¡increíble!; asumo mis decisiones y las seguiré honrando de no confrontarme con nadie y menos con mis paisanos sean del partido y religión que sean; al final hay un común denominador que nos une y nos unirá siempre; la tierra, y a mi edad eso adquiere un enorme valor, lo demás como dicen los clásicos, es lo de menos. ¡Qué tal!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

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