ABCdario


Por Víctor Octavio García

Caminada

En memoria de mi viejo, Félix Octavio García Collins, que este 19 de noviembre cumpliría 84 años; descanse en paz.

El sábado pasado después de varios semanas de inactividad decidí darme una desentumida, armé una salida pal rancho de Ramón Fisher (San Isidro), dormir allá y otro día salir a caminar, dos meses atrás estuve allí y no había caído ni una gota de agua, el monte seco y el ganado quebrándose de flaco; me avitualle de lo indispensable y ¡Fierros!; ese día no almorzamos así que compre cemitas y spam para preparar tortas en la noche, al día siguiente asaríamos unos “pellejos” (como dice mi amigo “Cuidro” Jordán) y costillas regresando de la caminada; invite al Yayo Geraldo (mecánico) para probar el Jeep “baiburin” sobre la brecha petrolera y los zanjones que dan a la “difuntita”, esa tarde-noche acompañados de Tomas, el ranchero almorzamos y cenamos tortas de spam, frijoles sancochados y café, en medio de una cerrada plática de “liones” y caballos con rabia; noche de mucho sereno, sin viento, estrellada y de luna llena; para los once de la noche ya estábamos en los “tendidos” escuchando bramidos de reses y el canto de los grillos.

A las cinco de la mañana dejamos los tendidos, pusimos agua para colar café y preparar la salida; el Yayo con un .22 automático de 10 tiros y yo con un cuchillo fajado en el cinto, un par de naranjas y un vaso de café recién colado, mientras Tomas, el ranchero, se quedaría en el rancho a darle agua al ganado y comida a los becerros (allí no ordeñan ni hacen queso) y acarrear leña para asar los “pellejos”; el plan era irnos en el Jeep hasta la brecha que entra a la “difuntita”, el Yayo peinaría los lomeríos y cañadas y yo me vendría caminando pal rancho aprovechando para juntar y comer cirguelas del monte, una que otra pitahaya agria y tomar fotos, la idea era desentumirme y disfrutar el rico olor a romerillos, mata coras y san migueles; mañana de mucha humedad, sereno, nublado, sin viento y de excelente clima para caminar; en cuanto llegamos donde termina la brecha que va a la “difuntita” cada quién agarró por su lado, el Yayo con el .22 a peinar los lomeríos y cañadas y yo me interné en el monte a “otear” en los planos, ancones y sobre los filos de las cuchillas “juellas” de algún “hijuelachingada”, esa mañana camine y camine sin reparar en la hora, siempre en dirección al rancho cortando “atajos”, revisando cañadas y ancones y buscando “trilladeros”, con excepción de un par de “juellas” de crillones no vi nada, tomé varias fotos y me senté en la orilla de una cañada como presagiando que “botaría” un “hijuelachingada”, la presunción resultó falsa; vuelos de palomas pitahayeras, algunos cardenales de rojo encendido que no me dieron tiempo de accionar la cámara de mí celular, con la punta de las botas mojadas donde iba quebrando el sereno de la madrugada, precioso día que lo disfrute.

Me descolgué sobre una cañada de tierra húmeda, palos colorados con ejotes, yerba del venado y gobernadoras en flor, y me quede un rato disfrutando el rico olor que despedían con la suave brisa de la mañana; no traía puesto el aparato auditivo así que no escuchaba nada; de donde salí al rancho quedan más o menos 8 kilómetros atravesando cañadas, lomas y partes planas que camine husmeando probables “sestiaderos” en las sombras grandes de cardones y palo san juanes a lo largo de tres horas y media más o menos agradecido de volver andar viejas veredas que he caminado, la suave brisa del pacifico impulsada por la llegada de la depresión “Raymond” no fue suficiente y sudé esa mañana, llegué al rancho cerca de la una de la tarde, hora en que Tomás el ranchero, Ramón Fisher dueño del rancho y un biólogo de apellido Reynoso, andaban con el ganado proyectando la construcción de nuevos corrales, tomé un poco de agua, me comí una toronja y me recosté en una cama sin quitarme zapatos ni el cuchillo y me dormí, cuando desperté ya se habían venido Fisher, el ranchero y el biólogo, dejándome un papel en la mesa del corredor junto con las llaves de la casa y del zaguán, espere una horas más hasta que llegó el Yayo en medio de un ligero chipi chipi, el ranchero no había juntado leña y para buscar leña y con la menuda llovizna arreciando decidimos asar los “pellejos” en La Paz, en casa del Yayo; cuando salimos la lluvia se cerró y el Jeep, que se portó muy bien y no falló, sin parabrisas, así que todo el camino tuvimos que venir deteniéndonos para limpiar con la mano el vidrió delantero; según el Yayo vio mucha “trilla” y un “hijuelachingada” grande que no le dio tiempo de tirarle (vieja salida de los cazadores sin suerte) al descolgarse sobre una cañada llena de algodoncillos y fue imposible verlo, a las cinco de la tarde ya en casa del Yayo dejamos caí leños en el asador para tirarle los “´pellejos” y costillas que quedaron para chuparse los dedos; la próxima salida invitaré a Marisla mi nieta, que es Boy Scouts y le encanta andar el monte y montar a caballo, en el rancho tienen dos caballos mansitos y tres sillas de montar, asín que no habrá mayor problema para cabalgar y recorrer más terreno en los días por venir. ¡Qué tal!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

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