ABCdario


Por Víctor Octavio García

¡Qué tiempos aquellos!

* La poesía de la sal


En 1989-1990, la fecha exacta no la recuerdo, conocí a Juan Bremer, Director de la Exportadora de Sal de Guerrero Negro, durante una magistral exposición montada por él en la sala de juntas de la empresa relacionada con el proceso de producción, recolección, apilamiento, cabildeos sobre el precio internacional, venta, embarque y destino final de la sal; ver a Bremer dando una disertación sobre la sal quedo gravado en mi mente para siempre, recuerdo que cuando salimos de la sala de juntas me preguntó el gobernador Víctor Liceaga, “que te pareció tocayo” y le conteste ¡excelente!; una genuina poesía de la sal añadí, y soltó sonora carcajada; años después me tocó acompañar al gobernador Guillermo Mercado a esas inolvidables exposiciones de Juan Bremer, que a decir verdad no tenían desperdicio.

Juan Bremer, de mediana estatura, blanco, calvo, tirando a gordo, era un docto en la materia, se las sabía de todas, todas; sus disertaciones fueron escuchadas por presidentes, secretarios de estado y gobernadores infinidad de veces, tenía un dominio absoluto del tema que manejaba con singular destreza; utilizaba un lapicero o pluma larga que tenía en la punta rayo láser con la que apuntaba sobre las diapositivas en pantalla sus amenas explicaciones, sin duda vivía sus mejores tiempos, en la casa de huéspedes siempre ofrecía un ambigú o comida, según fuese el caso; excelente anfitrión; buenos vinos, jamones serranos, quesos de cabra de importación (españoles, chilenos y franceses) frutas y exquisitos corte de carne argentinos.

A partir de mi primera impresión escribí sobre Juan Bremer y su inseparable ayudante y colaborador de confianza Leonardo Villavicencio, mejor conocido como la “Changa”; cada vez que me refería a Bremer lo hacía como el “declamador de la sal” y su “poesía de la sal”, lo hacía en buenos términos y con buen talante, sin embargo no gustaba y yo no sabía hasta que el gobernador –Víctor Liceaga– me dijo, “a Bremer no le gusta que hables de la poesía de la sal, se molesta” se advirtió, quede en tres y dos; pasó el tiempo y me invitan de nuevo a una gira de trabajo del gobernador por la pacifico norte y el Vizcaíno, nunca me enteré ni pregunte el itinerario, me encarame en el “402” (un Cessna bimotor de seis plazas) entusiasmado por comer abulones en la pacifico norte e higos en el Vizcaíno sin saber que llegaríamos a Guerrero Negro; en Guerrero Negro Juan Bremer que ofrecía una comida al gobernador y su comitiva, para esto ya estaba advertido de que a Bremer no le gustaba que lo tratará como el “poeta de la sal”, así que me preparé para un frío saludo; aterrizamos en la vieja pista de tierra de Guerrero Negro donde nos recibió Bremer y una comitiva de carros que nos trasladaron a la casa de huéspedes, cuando saludé a Bremer no sentí ningún cambio, mucho menos reclamo, igual como siempre, cordial y atento, al dirigimos a los carros que nos trasladarían a la casa de huéspedes donde sería la comida se me acerca Leonardo Villavicencio la “Changa”, y me dice, usted es Víctor Octavio, sí señor a la orden, sí usted gusta se puede ir conmigo; nos subimos a un bronco Eddie Bauer, en el camino la plática versó sobre la arribazón de ballenas en Ojo de Liebre, los Berrendos en el Vizcaíno y el clima en Guerrero Negro, eso sí muy atento y cordial conmigo, cuando llegamos a la casa de huéspedes me pide que lo acompañe y me lleva directo con Juan Bremer, me saluda por segunda ocasión muy efusivamente –creo que fue para identificarme– y me dice, casi al oído, lo que se le ofrezca, estamos para servirle, la verdad que me desconcertó; no me había dado cuenta que el gobernador observaba desde lejos el inesperado conciliábulo, y le digo a Bremer, igualmente, a la orden don Juan, lo que se le ofrezca, me da una palmada en el hombro y me pide que lo acompañe a la mesa, que me siente a un lado de él, el gobernador –Víctor Liceaga– al ver que me siento a un lado de Juan Bremer frunce el ceño como diciéndome “te lo dije”; de no ser por ese mal entendido –no mío sino de Juan Bremer– la relación con el Director de la Exportadora de Sal siempre fue cordial, atenta y respetuosa, nunca más hablé del “poeta de la Sal” ni de la “poesía de la Sal” en aras de poner a salvo el prestigio de un hombre de bien que mucho aportó al desarrollo de este noble estado; Juan Bremer. ¡Qué tiempos aquellos!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

2 comentarios en “ABCdario

  1. Yul Saigon

    JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA La mera neta asi es … ” añora los tiempos del gollete y de la jauja ; A donde ponía un pie siempre tragaba de a gratis , era el azote de los ranchos , no lo llenaban los frijoles . .En fin otro “panza de león ” remasterizado

  2. 6099717

    ESE ES TODO TU PEDO COMPA !!!

    ERES UN GOLLETERO DE MARCA !!!

    Y SIEMPRE CON MUCHA HAMBRE !!!

    EL PEDO QUE TU Y LOS DE TU CALAÑA !!!

    AÑORAN LOS TIEMPOS DE LA JAUJA Y EL GOLLETE !!!

    CLARO QUE TODO A COSTILLAS DE LOS DINEROS DE JUAN-PUEBLO !!!

    ASI QUE HOY VIVES DE SUEÑOS GUAJIROS …. QUE NO VOLVERAN !!!

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