ABCdario


Por Víctor Octavio García

Tres días en Toris

Con todo mi amor a mi amada esposa María del Rosario Martínez Castro, en su cumpleaños. ¡Muchas Felicidades!

 

Hace tres semanas decidí tirar estrés y pasar dos o tres días en Toris, decidí ir a Toris porque quería visitar a Porfirio Amador en Los Llanos de Kakiwui, a quien no veía desde 1984, y comer cauques (langostinos) en Toris con mi buen amigo Martín Amador; tenía otras opciones como Agua de Barro con los Gaxiola, El Carrizalito con los Encinas, La Primera Agua con don Leovaldo Encinas y doña Chuy Amador, con el “Pilarillo” Almaraz en Conquista Agraria o con la “colinada” en Boca de la Sierra, al final decidí ir a Toris, le comenté al Minoru Shiba para que le hablará por radio a Martín Amador (que le cuida las cabañas de Cantarana); llegas a las cabañas, me dijo y ¡Fierros!, salí pasado el mediodía entrenando una blazer recién adquirida (fiada); rellené el tanque de gasolina en Las Pocitas para agarrar brecha en el kilómetro 128, 70 kilómetros de terracería rumbo al golfo hasta Toris.

En trayecto tomé varias fotos, me “apié” del carro a “miar” varias veces –el Chavita Talamantes decía “a tirarle el agua a las aceitunas”–, iba solo, un calor de la chingada y el aire acondicionado del carro fallando, caí en varios talcales de donde salí más blanco que los Trasviña de San Bartolo; dos horas y media de camino para llegar a Cantarana donde me esperaba Martin Amador, después de tomarnos un par de cervezas en el corredor de una de las cabañas de Cantarana decidí, con la aprobación de él, quedarme en su rancho y no en las cabañas, iba solo y estar solo pos no, peor si se trataba de cocinar cuando lo único que medio he aprendido en las “acampadas” es colar café; en la hielera llevaba cerveza, agua, refrescos de cola, pollo, carne y carne de puerco, verdura y una despensa para Martín incluyendo varias cajetillas de cigarros; ese día Martín le había pedido a su hijo Israel y a Francisco, su sobrino, que fueran a las pozas a buscar cauques (langostinos) para un servidor, así que media hora después de haber arribado al rancho llegaron con varias colas y tenazas de cauques que ese mismo día comimos en coctel y en machaca; la tarde fue tomar café y platicar del duro trabajo del rancho, de sus esperanzas puestas en la lluvia que remedie la crítica situación que viven; ese día no bajaron las chivas porque pastorean muy lejos y no alcanzan a llegar al rancho y se quedan a dormir en el monte –en ocasiones tardan en bajar hasta tres o cuatro días–, muchas han malparido y otras se han horrado (no se cargan) por la misma seca; las pozas a punto de secarse excepto aquellas que se alimentan de pequeños veneros de ojos de agua.

En la noche me tendieron una cama con un colchón en el patio, Martín y su esposa duermen afuera por el calor, tienen corriente solar con la que se alimenta una pequeña congeladora –muy útil por cierto– y un par de focos que más bien parecen “copechis”; noche muy agradable, no ceso de correr aire agradable proveniente de los accidentados cañones de la sierra de La Giganta, a las once de la noche tuve que echar mano de una “cuilta” (cobija) por el frío; noche estrellada con el camino de Santo Santiago en medio de la galaxia.

Ulises, hijo de Martín, llevaba dos días “campeando” desde las siete de la mañana hasta cerca de las ocho de la noche y nada, no encontraba la res que andaba buscando –les pagan mil pesos por “campeada”, así se lleven un día o más hasta que arrean (pillan) el animal–, mientras su hermano, Israel, ese mismo día salió a la par a buscar las chivas regresando cerca de las dos de la tarde sin chivas, tampoco las encontró, en la tarde les daría otra buscadita; duro trabajo, Martín debe un dinero al que le compra el ganado y tiene doce o trece becerros esperando que llueva para que se repongan y vendérselo para pagar lo que le debe y comprar algo pa’ la del “perro” (comida); diario les da tres pacas de alfalfa y un costal de concentrado a los animales más “jodidos” (flacos), vacas, bestias, mulas, caballos y a las crías de las chivas que ordeña que no llegan a 15 animales con los que hace un corazoncito de queso de más o menos un kilo cuyo precio ronda los cincuenta pesos; la alfalfa anda en 115 pesos por paca y el saco de concentrado en 300 pesos; antes conseguían una paca de alfalfa, un saco de concentrado, una despensa, un pedazo de manguera para bombear agua, una bomba etc., hoy no consiguen ni un vaso de agua, están sumamente decepcionados del gobierno de López Obrador que hasta el seguro popular les quito, en todos los ranchos es el mismo lamento, la misma queja.

Sus dos hijos, Israel y Ulises, casados, viven cerca de Martín, a un lado de su casa y tienen sus propios rebaños de chivas y algunas reses de las que viven haciendo queso, vendiendo de vez en cuando un animal y haciendo trabajos eventuales cuando hay; jóvenes muy trabajadores, el mayor con dos niñas y el otro recién casado; arraigados a la tierra y a sus padres; les gusta su trabajo y disfrutan lo que hacen, el año pasado, Francisco, un primo de ellos, en una salida a arrear las chivas para la ordeña se topó con un “lión” (puma) al que le dio muerte con un “saloncito” .22 de un tiro; me platico con detalle cómo había estado la inesperada cacería que acabó con un “lión” cebado que llevada diezmados varios rebaños de chivos en los alrededores.

Al día siguiente Martín y un servidor enfilamos pa’ Los Llanos de Kakiwui, 36 kilómetros de brecha en muy mal estado, mucha piedra, barriales, zonas tepetatosas, más de una hora de Toris a Los Llanos; nada de lluvias y manteniendo ganado, esperanzados a la lluvia, me dio mucho gusto saludar a Porfirio, a don Chencho y a doña Yoya Amador (hermanos) después de varios años de no verlos; de inmediato nos invitaron café y a platicar en un espacioso corredor de techo de palma, personas muy agradables; cuando conocí a Porfirio Amador, en 1984, estaba fuerte, recuerdo que le gustaba jugar vóleibol, ranchero de cepa, hoy a sus 87 años de edad y con dos embolias que lo han afectado severamente, casi no habla, aunque esté lúcido de su memoria su caminar es extremadamente difícil (con bastón) a pasos muy lentos que reflejan su estirpe; ojos claros, blanco, corpulento y de buen humor, de nada se arrepiente –incluso ni de sus “borracheras”– y se siente feliz en los Llanos de Kakiwui, su tierra, su querencia, sus amores.

Allí, sin mayor preámbulo ni protocolos me dicen a boca de jarro “qué jodido está el presidente, la verdad es que no equivocamos con él, hace puras pendejadas, le quedo grande la silla” (el lamento y la queja es en todos lados) me explican cómo los ha afectado la cancelación del seguro popular, sobre todo por el padecimiento neurológico de Porfirio, la falta de apoyos pal campo y lo olvidados que los tienen; jalan agua en carro desde un “batequi” a más de cinco kilómetros del rancho, para la casa y para los animales, están manteniendo porque el monte está muy “jodido”, no hay nada que se “basuree” el ganado, no pueden tumbar un cardón, un bazo de palo verde o una biznaga porque de inmediato les cae Profepa al “ponerles el dedo” los de Nipajará, ave de malagüero que en mala hora han echado sus reales en la zona norte del municipio de La Paz en el agandalle de costas, playas y sierras; de regreso a Toris llegamos al rancho de mi amigo Manuel Romero, rancho que visite en dos ocasiones hace más de treinta años, me dio mucha tristeza ver los muros, la vieja cocina y el mezquite donde destazamos un chivo, tome fotos a un rancho más adelante donde murió, hace nueve años, de un infarto cardiaco, jamás lo volví a ver; tres días y dos noches en Toris tomando café con leche de chiva recién ordeñada, comiendo tortillas de harina y de maíz recién salidas del comal y cuajaditas de chiva recién quebradas, alternaron mis días de descanso haciendo lo que me gusta hacer, divagar y convivir con los que aún conforman nuestra heroica y tricentenaria comunidad de sangre, con el sudcaliforniano de apie que nos ha dado y legado identidad y pertenencia. ¡Qué tal!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a victoroctaviobcs@hotmail.com

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2 comentarios en “ABCdario

  1. Neto Roca

    Me agradó la parte dónde describe la bonita vida que se vive en el rancho y lo maravillosa que es la gente del lugar, gente extraordinaria los Amadores. La parte política no la mezcle porque no vale la pena. También mencioné si les preguntó y sí le dijeron sobre los apoyos del Gobierno del Estado PAN que más bien son nulos, es más el gober ni en campaña se ha parado para allá y ayuntamiento MORENA, sobre la postura que les enviaron como apoyo, cara y Malísima. Saludos….

  2. huatamote

    gracias Octavio que buena reseña, frecuentemente, perdemos esas oportunidades de conocer esos lugares, donde además podríamos como tu, ayudar con una despensa y pasar unos buenos momentos, escuchando las aventuras y recuerdos del sudcaliforniano, que son muy divertidos, pero además motivadores, pues ver su lucha dia a dia sin rendirse y sin perder la esperanza, es una gran lección de vida, felicidades por tu relato y gracias por compartirlo.

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