ABCdario


Por Víctor Octavio García

¡Qué tiempos aquellos!

* La foto de Gardel

Al principio de los años 30’, platicaba mi abuela QEPD (Sara García), comenzó a salir a los bailes; en ese entonces, de acuerdo a las costumbres, los bailes duraban tres o cuatro días y las “bailadoras” se bañaban y cambiaban de ropa dos o tres veces en la noche, sobre todo en los ranchos que se encontraban asentados en plena sierra; la bebida que predominaba era el alcohol rebajado con canela, muy rara vez tequila. Imaginarse BCS hace 90 años, sin comunicación, sin fuentes de trabajo, con medios de subsistencias sumamente limitados, más que ranchos aldeas etc., resulta complicado, sobrevivirlos peor.

Un día, según comentaba mi abuela, se le acercó Leonel Castro Ruiz, paisano y contemporáneo de ella para pedirle consejos; Leonel traía una novia en Miraflores de apellido Castro, el nombre no lo recuerdo, y quería que mi abuela lo aconsejara; Leonel Castro Ruiz, era un muchacho muy “noviero” –años más tarde tendría varios hijos fuera de matrimonio–; el menor de una de las familias pudientes de Caduaño, los Castro; hombre de buen corazón, noble, sin malicia que no callaba ni sus pescados, sin secretos pues; mi abuela que andaba en lo suyo –poco antes de nacer mi papá, su único hijo– lo apoyaba en lo que podía; seguido le llevaba “cartas de amor” que le enviaba a su novia a Miraflores para que mi abuela le diera el Vo Bo y las doblara cuidadosamente, mientras él valiéndose de algún propio, le enviada a su novia a Miraflores.

Las primeras “cartas” las leyó por mera curiosidad; las fechaba, después el nombre de su novia, un verso o poema y al final un “te quiero mucho” con un corazón atravesado por una flecha; mi abuela se esmeraba en “doblarlas” cuidadosamente y cuando había perfume, perfumarlas; durante varios meses se pasó “asesorando” a Leonel en cuestiones de amor, aunque en realidad su “asesoría” solo se supeditada a “doblar” cuidadosamente las cartas que Leonel le mandaba a su novia a Miraflores; misivas de amor que había dejado de leer porque siempre “traían lo mismo”, según comentaba. A los pocos meses Leonel comenzó a confiarle las cartas que le mandaba su novia y que al paso del tiempo comenzó a ver que la muchacha estaba “perdidamente enamorada de Leonel” y casi no se veían, su relación era por cartas; mi abuela sorprendida por aquel “amor a distancia” nuevamente comenzó a leer las cartas que le enviaba Leonel a un novia y ¡vaya sorpresas que se llevó!; un verso o poema escrito ora sí que con el corazón.

A mi abuela comenzaron hacérsele bonitos los versos (poemas) y le dio por aprendérselos de memoria hasta que un día le pregunto a Leonel que sí él escribía los poemas y éste le contestó, con una carcajada que no, que los versos y poemas los copiaba de un libro de la “Pichucha” que tenía en el buró de su recámara, de un libro de Amado Nervo. La “Pichucha” era su hermana, maestra de la generación del “Chucho” Castro, la única de Caduaño que en ese tiempo, por su condición de maestra, tenía acceso a alguna revista o libro; descubierta la trama de aquel noviazgo a distancia, de aquel amor encendido, de ese amor loco entre Leonel y su novia, mi abuela se puso de novia con mi abuelo de donde nació mi papá, su único hijo, a finales de 1935.

Sin embargo, el tiempo obraría en contra de Leonel y su novia, y el dulce “noviazgo” llegaría a su fin tal como llego; cuando más y mejor andaba la relación de Leonel con su novia, le llevó una de sus acostumbras cartas con versos y poemas a mi abuela para que la doblara y una foto, una foto de Carlos Gardel, que en ese tiempo andaba de moda; en el reverso de la foto de Gardel, con puño y letra de Leonel la leyenda; “Te quiero Mucho; siempre que veas mi foto que aquí te mando, nunca me olvides; tuyo Leonel Castro Ruiz”. A la vuelta de los días Leonel recibiría repuesta y sin abrirla, emocionado por lo que le contestaba su novia, le llevó a mi abuela para que la leyera en voz alta fanfarroneado su conquista. ¡Sopas!, el contenido de la carta era lo que menos esperaba;, un corte fulminante de su noviazgo con la foto de Carlos Gardel hecha pedazos.

Muchos años después, sin que yo conociera esa vieja anécdota contada por mi abuela años antes de su muerte, Leonel me contrató para que le “trampeara” tuzas en una “huertita” que tenía frente a su casa, me paga por cada tuza “trampeada” un “tostón”; de él guardo imperecederos recuerdos de un hombre de bien, querido por todos, que se ganó el respeto de mis paisanos (caduañenses); murió en 1972 relativamente joven, pasado de los cincuenta años de edad; de él recuerdo sus “puntadas”, sus chistes, su gracia para tocar el violín (Stradivarius), su don de gente, su entrañable amor a su tierra y a su familia. Vaya este modesto y sincero homenaje a Leonel Castro Ruiz, entrañable paisano con quien, en un día no muy lejanos, nos encontraremos. ¡Qué tal!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a abcdario_@hotmail.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s