Del Tintero


¿ACASO VIENE EL OCASO DE LOS MEXICANOS?

Urge, ejercer contra cultura neoliberal

Por: Armando León Lezama

Desvanecidas van las organizaciones sindicales, campesinas, estudiantiles, de la ciudadanía, que forman parte del nuevo movimiento mexicano de la segunda década del siglo XXI. Solamente por un acto cultural generacional de cada cien años, la cresta de participación de los mexicanos encrespó al PRI y al PAN, en las urnas electorales del 1 de julio de 2018. Lo demás, se está escribiendo por nosotros, protagonistas todos, de un capítulo más en la historia de México.

Del año 1325, tiempo del águila devorando una serpiente encima de un nopal en el lago de Texcoco, al año de 2019, se dio la transformación cultural del México prehispánico, pasando por ser conquistado, luego imponiéndose la nueva España y de la nueva España, al México de nuestros días – 694 años, no es nada –. Pasando por dos periodos de emperadores, que los diluyó la lucha armada nacional: Agustín de Iturbide y Maximiliano de Habsburgo.

Desde la conquista y la instalación de la colonia española, el intento, por extinguir la identidad de los pueblos originarios de nuestra geografía, es afán permanente; sin lograrlo.

Las torturas, explotación y muertes de los guerreros y población originaria, caída en la defensa del derecho de los primeros en tiempos, primeros en derechos, solamente ha sido mermada; pero no desaparecida.

Hasta nuestros días, existen al menos 68 pueblos originarios en nuestro país: Kiliwa; Cochimí; Paipai; Cucapa; Kumiai; Ixil; Quiché; Kanjobal; Kekchi; Kikapu; Jacalteco; Mame; Tojobal; Cakchiquel; Motozintleco; Lacandón; Tzeltal; Zoque; Tsotsil; Chol; Chuj; Tarahumara; Pima; Tepehuan del norte; Tepehuan del sur; Chichimeca; Amuzgo; Mixteco mixteca alta; Mixteco; Tlapaneco; Náhuatl; Otomí; Mazahua; Ocuitleco; Matlatzinca; Purépecha; Cora; Huichol; Mazatleco; Zapoteco; Triqui; Huave; Chatino; Zapoteca Vallista; Zapoteco de Ixtlán; Chontal de Oaxaca; Zapoteco sureño; Ixcateco; Chocho; Mixe; Tacuate; Cuicateco; Chinanteco; Mixteco Mixteca baja; Popoloca; Huasteco; Pame; Mixteco de la costa; Mixteco zona mazateca; Guajíro; Mayo; Yaqui; Pápago; Seri; Chontal; Totonaca; Popoluca; Y, Maya.

Son, extraños en su tierra.

Viven en condiciones de abandono de la autoridad defensora del pueblo, atendedor, preferentemente, del mestizaje de las ciudades y en menor medida las zonas rurales, con más identidad mexicana que los primeros, que tampoco son bien atendidos; pero al menos cuentan con servicios de agua domiciliaria, recolección de basura, alumbrado público, vialidades,… que no cuentan la mayoría de los pueblos originarios.

La conquista, puso una colonia española en nuestra parte geográfica de América, que se apropió del mando en todo y para todo. La religión católica entró a golpes, amenazas, fallecidos, trabajo arduo y esclavitud.

La lucha de independencia iniciada en 1810 en nuestro país, contra el yugo español, llegó a un punto culminante en 1824, con la llegada de Guadalupe Victoria a la presidencia de México. Antes, el pueblo capitalino – ciudad de México –, en septiembre de 1821, vio entrar al ejército trigarante que hizo sucumbir a España.

Entre 1854 y 1863, tres presidentes – Juan Álvarez, Ignacio Comonfort y Benito Juárez – con las leyes de Reforma intentaron separar la iglesia del Estado: Ley Juárez; Ley Lerdo; Ley iglesias; Ley del registro civil; Ley de libertad de cultos; Ley de extinción de las comunidades religiosas. Que significa: Separación entre la iglesia y el Estado; Nacionalización de los bienes del clero; Extinción de las corporaciones eclesiásticas; Secularización de los cementerios y fiestas públicas; Promulgación de la libertad de cultos.

El 5 de febrero de 1903, Ricardo Flores Magón, periodista, político y dramaturgo, en el balcón de las oficinas del hijo de Ahuizote, colocó un crespón negro en señal de luto y la frase: “La constitución ha muerto”. Participante de las protestas contra Porfirio Díaz, hacía alusión a la constitución mexicana de 1857, promulgada un 5 de febrero.

En 1906, Ricardo Flores Magón, promueve la lucha armada a lo largo de la frontera con Estados Unidos de Norteamérica para que se extendiera en toda la República mexicana; pero fue hasta 1910, que se dio el movimiento anti reeleccionista, encabezado por Francisco I. Madero.

La revolución mexicana fue interrumpida, ya con la muerte de Madero, ya con la traición de Victoriano Huerta, y con la promulgación de la constitución política de 1917, que aterciopeló anhelos de los de abajo, con una carta magna de vanguardia; pero solo eso, un documento de papel; no acción en los hechos. Al menos, no como debería. Sobre todo porque las reformas se hacen a modo de grupos económicos que trafican con información y corrompen a “representantes populares”.

12 años de pos revolución mexicana, dio paso al sistema político mexicano, que ejerce con un juego de las palabras: ser revolucionario y también institucional. El juego de colores: Los de la bandera: Verde, blanco y rojo, como apropiamiento del sentimiento de mexicanidad.

El actual PRI, que inició en 1946 y suma sus dos identidades anteriores – PNR: 1929, y PRM: 1938 –, para alcanzar 90 años de aniversario de fundación, el 4 marzo de 2019, fue hasta el 2018, gobierno federal, con un paréntesis de 12 años – 2000 – 2012 –, que fueron gobierno sexenal, dos representantes del partido acción nacional.

Las instituciones surgidas tras el México posrevolucionario y la promulgación de nuestra constitución política de 1917 son: Banco de México; Banco nacional de obras y servicios públicos; Petróleos mexicanos; Secretaria de educación pública y mención obligada, también el partido revolucionario institucional, de quien se dice, pasó a la historia, a los caudillos revolucionarios.

Lázaro Cárdenas del Río y Manuel Ávila Camacho, fueron los últimos militares en el poder ejecutivo federal – 1934 – 1946 –.

De 1946 a 1964, Miguel Alemán Valdez, Adolfo Ruiz Cortines; y, Adolfo López Mateos fueron presidentes de México sin sobresaltos. Para 1968, Gustavo Díaz Ordaz, dejó historia roja en las manifestaciones pacíficas del pueblo mexicano, masacrando en su ejercicio de autoridad, a estudiantes sin ser delincuentes.

De 1970 a 1988, Luis Echeverría Álvarez; José López Portillo y Pacheco; Miguel de la Madrid Hurtado, abrieron más la zanja de descontento entre pueblo y gobierno, tras el luto internacional de la matanza la tarde noche del 2 de octubre, en Tlatelolco, en 1968, con su complicidad en el hecho sangriento, por sus hipocresías de llanto público, por la falsedad de la renovación moral, cuando quienes eran corruptos y posiblemente amorales, eran ellos, por la cultura de influencias, impunidad y enriquecimiento muy explicable, practicado durante su respectivo sexenio, desfavoreciendo a la mayoría de la población mexicana.

Carlos Salinas de Gortari. Del anonimato a las esferas altas del poder neoliberal internacional. Presidente con sombras de fraude electoral. Sobre todo, porque en 1988, la unidad nacional de las mayorías del pueblo mexicano estaban concentradas en derrocar al mal gobierno federal del PRI.

Salinas de Gortari, puso oropel que hizo parecer oro en su propuesta de poner a México en el primer nivel internacional, tras el tratado comercial con Estados Unidos de Norteamérica y Canadá.

Desde el primer segundo de arrancado el tratado trilateral de libre comercio, el uno de enero de 1994; un baldazo de agua fría le echaron a su fiesta los pueblos originarios de nuestro país mexicano: Exhibieron su mentira mostrando la indigna atención que recibían del gobierno federal y con todas las formas establecidas para el caso, declararon la guerra a ese supremo gobierno.

De 2000 a 2012, el PAN hace su debut y despedida y se pasa de la primera alternancia del poder ejecutivo de nuestro país, a la segunda alternancia, con la llegada del priísta Enrique Peña Nieto y luego a la tercera alternancia del poder en 2018, con AMLO y MORENA.

¿Qué sigue? Estamos del año 2000 al 2019, en una temporada de insurgencia ciudadana por la vía electoral en busca de un presente y porvenir benigno para quienes viven en pobreza extrema y de ahí para arriba. Calidad de vida para todos los mexicanos.

A lo largo de nuestra historia, no solamente se han tenido luchas contra el sometimiento, también se ha regido a la población mexicana, con diversas cartas magnas, que son anhelo y mentira. Documentos para la formalidad y la simulación. Para asentar históricamente, ideales de vida para los mexicanos, que en los hechos, nada más es legalidad a modo de legisladores, gobiernos y políticos, a favor de grupos de poder económico nacional e internacional:

Constitución de Cádiz – 1812 –; Constitución de Apatzingán – 1814 –; Constitución federal de los Estados Unidos Mexicanos – 1824 –; Constitución de régimen centralista – 1836 – Constitución liberal – 1857 –; Y, Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos – 1917 –.

Venustiano Carranza Medina, descarriló la revolución mexicana iniciada en 1910.

La del 1917, fue un documento que interrumpió la lucha armada mexicana, La Revolución social, escribiendo los anhelos de los venidos de la insurgencia desde 1910, para que se sintieran contentos. Con esa carta magna, se regresó a una nueva dictadura: La del PRI, que está por cumplir 90 años.

Como se sabe, no son las bases de su militancia; sino las cúpulas de mando, quienes han hecho las cosas a su modo. Un modo, que ha permitido que el servicio público sea una fábrica de ricos, en los primeros niveles de los poderes públicos de la república mexicana y en gobiernos municipales.

Después de 2018, los neoliberales del planeta tierra, buscan a todo vapor, tomar el control político del país mexicano, con la fuerza que no han perdido: El mando económico y el poder de facto.

Corresponde a las mayorías de la ciudadanía, lograr en el nuevo ejercicio de gobierno sexenal, la organización de nosotros mismos. La tarea no es fácil, existe una inercia cultural de la población, de, “dejarse llevar por la corriente”.

Los golpes recibidos durante la conquista española, el sometimiento de las mayorías de la población mexicana y muy particularmente a los pueblos originarios, desde la colonia, la independencia, las leyes de reforma, la dictadura de Porfirio Díaz, la revolución interrumpida de 1910 y durante los últimos 109 años, han domado nuestra fortaleza, la han adormecido y solamente como volcán, hacemos erupción de vez en cuando, ya con la lucha armada, ya por la vía electoral, o la movilización ciudadana.

Sin embargo, los mexicanos ocupamos líderes y un motivo acumulado, detonante de insurgencia, para mostrar nuestra fiereza, ante un mundo habitado también por una corriente de pensamiento, que gustan de apropiarse de lo ajeno y conducir a la humanidad, a una esclavitud al servicio de sus intereses.

El pueblo mexicano, desde el año 1325, supo instalarse, adaptarse y desarrollar un imperio. Pero en la actualidad la pregunta es, ¿acaso viene el ocaso de los mexicanos en el siglo XXI?

El nuevo orden mundial es intervencionista de la vida interna de los países de globo terrestre, se acerca una transformación de gran calado en la conducta humana, que derrumba fronteras y causará genocidio.

Y a los neoliberales, les interesa México sin sus mexicanos. Solamente algunos de servidumbre con mansedumbre.

Quizá, ejercer la contra cultura al neoliberalismo, por parte de los mestizos en las ciudades, a través de la música, la literatura, los conversatorios y las charlas de paso entre mexicanos en torno a la historia de México y la agenda pública mundial, del país, la entidad y la localidad, nos daría pauta a entender el poder de los mexicanos cuando se juntan muchos en torno a un ideal, a propuestas viables, al mejoramiento de la vida pública, privada, familiar, personal.

Necesitamos ciudades nobles que surjan de la participación de la población; pero sin simulación, con persistencia, haciendo real que los políticos, gobernantes y legisladores, trabajen obedeciendo; no seguir sirviéndose del pueblo.

Quede claro, que en ésta reseña a grandes pasos, entre cada fecha comentada, merecen homenaje póstumo, innumerables luchas de los mexicanos, que han sido, semilla y memoria, de la fuerza y valor, que se necesitan, para continuar en la resistencia, para no dejar desaparecer a los mexicanos mestizos y a los pueblos originarios.

Y la pregunta se repite, ¿acaso viene el ocaso de los mexicanos en el siglo XXI?

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