Del Tintero


LA PRENSA HEMOS FALLADO AL PUEBLO, EN BAJA CALIFORNIA SUR

En atención a mis amigos periodistas, Jorge Ugalde Gorosave, en paz descanse y Mario Rivero Wuatanabe, en la ancianidad olvidado.

Por: Armando León Lezama.

La prensa fifi de Baja California Sur hecha el grito en el cielo, ante la caída de un compañero de oficio periodístico. Los mismos que no saludan a cualquiera. Aquellos que no valoran a la prensa choyera de finales de la vieja Paz –: Esa buena prensa que tuvo su declive en la década de los ochenta del siglo XX.

De mi parte, también me lamento, no solamente por la caída de un compañero de oficio, a pesar que no lo conocí vivo. El lamento también es por los compañeros que han caído en la vejez y están en el abandono.

El lamento es por una sociedad endurecida, simulada, ocasionada, carente de fraternidad.

El lamento es por tanto fingimiento.

El neoliberalismo ha avanzado derrotando nuestra identidad, nuestras comunidades y familias.

EL individualismo, el primero yo, el importamadrismo, la mentira, la contradicción, la gula, el privilegio, la impunidad, la ausencia de conciencia social, o en el peor de los casos la omisión a propósito, son algunos de los aspectos de la gran lista de la opacidad periodística.

Lo cierto, es que no hemos hecho bien la tarea que nos obliga el oficio ante la sociedad: La búsqueda de la verdad en todos los ámbitos de los temas de la dinámica de la vida social.

Somos eco de la autoridad; no representamos el sentir de la población, no sentimos en nuestro corazón ni razonamos con nuestro cerebro, los asuntos de los de abajo en las ciudades de la entidad, únicamente damos retazos de información, olvidando a los auténticos sudcalifornianos de la zona rural. El pueblo, no está en nuestra agenda.

Si hay vínculo con la población, con tu entorno, con miles y miles de historias, donde han caído miles, entonces te vuelves sensible y no solamente amarillista.

Nos hace falta recrear la memoria histórica de la trayectoria del periodismo en Baja California Sur de 1854 a nuestros días. No podemos ir ciegos de nuestro pasado; si queremos hacer bien nuestro quehacer al porvenir.

La Ciudad de La Paz y la entidad en general, en la segunda década del siglo XXI, se nos ha salido de las manos.

Por ello, es lamentable que caiga uno de los nuestros; pero tan lamentable es también que no hagamos nada por dar voz a la población y creamos que los políticos, legisladores y autoridades representan al pueblo.

Los sudcalifornianos perdieron el timón de su destino tras dos gobiernos surgidos de la lucha persistente del frente de unificación, que enalteció la identidad con la transición de territorio a Estado libre y soberano.

Los nuevos habitantes del año dos mil en delante, recibieron de legisladores, políticos y autoridades, un Estado en desorden. A la deriva.

Por ello, será lamentable, que vengan de fuera a resolvernos la vida, pagando el costo de ser extraños en nuestra tierra, porque ya no pensamos, no actuamos, no luchamos, no podemos ir juntos a algún lugar, porque el confort personal, nos divide, separa y deja en la indefensión contra los constructores de la nueva ciudad de La Paz, que ni nos verán ni nos oirán.

Cuando hablo de los de fuera, no me refiero a los mexicanos; sí a los neoliberales del planeta.

Es lamentable que nuestro trabajo actual en el quehacer periodístico sea como castillos de arena. Antes, al menos se escuchaba el tac tac tac tac tac tac tac de la máquina de escribir, que eran palabras que eran armas contra el opresor, el mal gobierno, a favor de la mexicanidad, a favor de un mundo mejor.

Mi recuerdo, admiración y homenaje póstumo para Ricardo Flores Magón, a quien la cárcel engrandeció su lucha como precursor de la revolución mexicana. No en vano a su regreso al país fue vitoreado a su paso por el pueblo que le hacía vaya por los caminos del tren que lo llevaba a su morada mortuoria.

EL asunto es que la prensa del 2000 en delante, le ha fallado a la población de Baja California Sur. Seamos más académicos que transcriptores. Estudio no bullicio. Las redes sociales no informan, el periodista sí. Incluso el periodista se forma del espíritu social.

Los Cabos y La Paz, se han transformado en copia fiel de las viejas ciudades del país mexicano: Contaminación ambiental, indigencia, crecimiento anárquico, delincuencia organizada,… desorden, desorden y desorden en todo.

Cierto, tal vez los males superan las buenas voluntades; pero al menos seamos testimonios vivientes de la vida pública, dejando para la memoria histórica, para quienes vienen delante de nosotros, buen trabajo: Crónicas, reportajes, entrevistas, imagen, audio, siendo auténticos depositarios del pueblo de su saber, sentir, anhelos, proyectos, soñando siempre con un mundo mejor para todos, en el ejercicio de relatar hechos, dejando evidencia, de que la verdad transforma y edifica, que da sentido e identidad, dejar bien contada la historia de nuestro presente.

En paz descansen los muertos; que la lucha de los vivos sirva para dar fraternidad cada día, para no olvidar al anciano, para no olvidar a los muertos, sirviendo en vida a la naturaleza, a nuestros semejantes, al país, al mundo, al universo.

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