ABCdario


Por Víctor Octavio García

Relax

Ayer, justo a mitad de semana, tome un relax; me saca de mis cabales lo que está pasando y veo con preocupación el rumbo incierto que está tomando el país; la polarización y la intolerancia no nos auguran nada bueno, así que desde muy temprano (después de desayunar) tire pal monte; hay veces que el olor de los romerillos y el aleteo de las palomas pitahayeras ayudan a despejar la mente.

Subí al carro el termo lleno de café, una bolsa de pistaches, un par de naranjas y un galón de agua, sin faltar claro está, la moto sierra. A las ocho de la mañana pase por los Almaraz al ejido y ¡Fierros! para “Las Tetas de Cabra”, acuerpados con un “6” milímetros con mira telescópica; brecha muy mala, casi a vuelta de rueda, día despejado pero con mucha “colla”; hora y media de “zangoloteo” por lo malo de la brecha hasta llegar a “Las Tetas de Cabra”; la última vez que estuve en el “paraje” preferido de mi amigo Raúl Olachea Lucero (+), fue hace dos años con Isidro Ruiz, Ángel Gajón y Víctor Guluarte, “parajeados” dos días comiendo pitahayas agrias; había tal abundancia que decir muchas era decir pocas; recuerdo que a una mata le contamos 53 pitahayas de regular tamaño.

Al llegar le dije al Memo y al Christian que caminaría un rato mientras ellos “husmeaban” a ver si encontraban leña de “Uña de Gato”; le monté cinco tiros en la recámara del “6” milímetros y a revisar cañadas; desde la parte alta veía cómo doblaba el viento las “Barbas de Gallo” y las puntas secas de los “Palo Adanes”, lo que me dio mala espina de toparme con un “hijuelachingada”. Camine cerca de dos horas y nada, ni siquiera “trilla”; me regrese y le dimos para una zona donde se –y conozco– que hay “Uña de Gato”; el camino peor, enmontado y lleno de san jones, por fortuna, en media hora llenamos la caja del pick up con leña maciza; el Christian muy bueno para operar esas máquinas (moto sierras).

El olor a monte –madera de pitahayas secas, quelites y san migueles– es reconfortante, un buen antídoto para retomar nuevamente energías; en el camino tome algunas fotos para compartirles en mi muro del feis de paisajes y flora del lugar, soy torpe para manejar el celular y en el menor descuido se me hace bola el engrudo; definitivamente la tecnología no es lo mío, pero le hago la lucha; ni en la caminada ni en los trayectos a “Las Tetas de Cabra” y a la zona donde hicimos leña vi algo que me distrajera del privilegio de disfrutar el olor a monte, de la tranquilidad y sosiego de una soledad que inspira creatividad e inyecta paz, libertad.

Recorrí una zona pitahayera a ver si veía pitahayas agrias y nada, lo mismo hice donde sé que hay ciruelos del monte que dan la fruta gorda y dulce y nada, salvo algunas matas de cacachilas surtidas de fruta, escogí unas maduras y con cuidado comí sin masticar la semilla que es la tóxica, en güila, y al final me acomedí a subir la leña a la caja del pick up, a esa hora, cinco de la tarde, ya hacía hambre, sentí que mis tripas comenzaban a rebelarse por la falta de alimento y las reacciones del fuerte antibiótico que estoy tomando, a las cinco de la tarde ¡fierros! para el ejido, hora y media de “zangoloteo” sin poderle apurar al carro por lo malo de la brecha; el Memo con el “6” milímetros listo por si botaba un “hijuelachingada”.

Cerca de las siete de la tarde, ya oscuro, llegamos al ejido; nadie había comido esperándonos a que llegáramos, un poco preocupados porque no les habíamos dicho para dónde íbamos excepto que a la leña; recalentaron la comida; bistec de hígado, frijoles caldudos, arroz blanco, queso y tortillas de maíz, y como postre conserva de dulce de guayaba y una jarra de agua natural con hielo y café recién colado; comimos en sagrado silencio, sin hacer comentarios de nada salvo la clásica de “alcánzame otra tortilla”.

Traía varios mensajes de whatsapp´s en el celular y un par de llamadas perdidas que decidí contestar hasta que llegara a La Paz; allá mismo, en una loma donde agarra la señal, subí las fotos al feis; tomé café y espere que embazaran un dulce de mango y guayabas que traería y ¡Fierros! para esta ciudad; en el camino no soporte el frío que calaba hasta los huesos y cerré los vidrios del carro dejando atrás a buenos amigos y un día irrepetible que disfrute como siempre lo hago en mis salidas pal monte y en el recuentro con mis orígenes. ¡Échense ese trompo a la uña!

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a abcdario_@hotmail.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s