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A 288 años de la fundación de la Misión de San José del Cabo Añuití… ¡Interesante!


  • Cinco siglos de los primeros contactos
  • Y 37 de la instauración del municipio

 

Por Domingo Valentín Castro Burgoin

A doce años de cumplirse tres siglos de la fundación de la Misión de San José del Cabo “Añuití”, y a casi cinco centurias del reconocimiento documentado de contactos entre extranjeros (la mayoría europeos) y nativos de esta región, -particularmente de La Paz y Los Cabos, guaycuras y pericúes- bien vale la pena resaltar la necesidad de consolidar políticas públicas y acciones de la sociedad civil organizada, para que los tres y los cinco siglos, respectivamente, de estas conmemoraciones, se cumplan haciendo realidad un programa estatal específico con la coordinación institucional que permita favorecer un entorno educativo y cultural más acorde, con información más ampliamente difundida -orientada principalmente hacia la niñez y la juventud- y que aliente procesos de reflexión en retrospectiva y prospectiva en un mayor segmento de personas. En estos sucesos, la figura del conquistador Hernán Cortés y los jesuitas Kino y Salvatierra, entre los más destacados misioneros, son emblemáticas e imprescindibles.

La cultura conceptualmente incluye.
Como fondo conceptual para este artículo destaco la coincidencia con lo expresado por el polémico y profundo crítico alemán Dietrich Schwanitz (1940-2004), quien en su voluminoso ensayo “La cultura. Todo lo que hay que saber”, señala textualmente que “…al fin y al cabo, una cultura es el conjunto de historias que da cohesión a una sociedad. Entre ellas están también los relatos sobre los propios orígenes, esto es, la biografía de una sociedad (la descripción de su vida), que le dice lo que es.” Así, parafraseando lo anterior, la cultura sudcaliforniana -que existe per se y diferenciada- tiene en la historia sus cimientos y en las etapas del descubrimiento de la península, la conquista espiritual, la colonización y la imposición de la cultura occidental, sus pilares.

Hay el convencimiento en un importante segmento poblacional que la cultura identitaria sudcaliforniana debe desplegarse para que trascienda más allá de los académicos y especialistas, y llegue así a toda la sociedad como elemento cohesionador, especialmente a los grupos populares mayoritarios toda vez que aquí en Los Cabos el incremento de la población, como producto de la migración de connacionales y extranjeros rebasa en mucho el crecimiento que se registra en los otros cuatro municipios de la entidad y hasta la media nacional por el auge del turismo y el sector servicios; y ésta, la cultura en sus diversas manifestaciones, es un instrumento integrador por excelencia, unificador y necesario para auspiciar (para los que la creemos necesaria para ejercer derechos y deberes) la participación ciudadana, haciendo que sintamos esta la tierra en que vivimos -y/o nacimos- como nuestra a partir del conocimiento de su historia, su geografía, los recursos naturales y su cuidado, la idiosincrasia; y por qué no, también nuestros el presente y el futuro de esta tierra, de este suelo. La falta de este elemento cultural produce desarraigo viviendo en la propia tierra, desinterés y apatía, ignorancia, desdén, olvido y nula participación para demandar solución a los problemas fundamentales de la comunidad.

El acontecimiento fundacional de la Misión Estero de las Palmas.
A manera de ubicación en el momento histórico de la fundación de la Misión, de la que a poco menos de medio siglo después, emergió el primer repartimiento de tierras para colonos españoles y mestizos, en lo que sería el poblado de San José del Cabo, cito lo escrito por don Pablo L. Martínez en su Historia de Baja California: “Previamente se habían construido dos cabañas, como era la costumbre: una para la iglesia y otra para la habitación del misionero. Este primer establecimiento estuvo cerca de la playa, junto al estero del lugar, en el sitio conocido popularmente hasta principios del siglo con el nombre de “La Misión”, pero poco después, debido a lo malsano del sitio, fue cambiado a lo que actualmente se denomina “San José Viejo”, como a ocho kilómetros del mar. Con el tiempo levantó Tamaral otra iglesita en lo que hoy es Santa Rosa, de aquella jurisdicción. Mucho tiempo después San José se movió adonde hoy está.”

A la distancia de varios siglos, el esfuerzo realizado por los jesuitas fue epopéyico para la península y en particular para la fundación de la misión denominada Estero de las palmas de San José del Cabo (Añuití), así señalada en otro interesante libro “Salvatierra y la conversión de los Californios” del connotado historiador Eligio Moisés Coronado, editado en 1979, y que fuera “constituida el 8 de abril de 1730 por el padre visitador José Echeverría y el misionero Tamaral; con dos visitas; la iglesia estuvo inicialmente junto al estero, luego en San José Viejo y al fin donde se encuentra ahora, después de la rebelión de 1734 que motivó el sacrificio de Tamaral el 3 de octubre”; y se significa junto a la misión denominada Santiago Apóstol de Los Coras “Aiñiñí” fundada el 10 de agosto de 1721 por el padre Ignacio María Nápoli, por ser las misiones que recibieron la más cruenta rebelión indígena sofocada años después, y recuperando su calidad de establecimientos que cimentaron la incorporación de los pericúes a la civilización mediante la cultura occidental; en lo medular en la región en la que doscientos cincuenta años más tarde -el 8 de abril de 1980- se instauraría el cuarto municipio del Estado de Baja California Sur, denominado Los Cabos, seis años después de lograda la conversión de territorio a Estado en Baja California Sur, lográndose con este suceso, autodeterminación y elevación del estatus político.

El Estero de San José, puerto de contacto.
Curiosamente el mismo territorio desconocido e inexplorado hace quinientos años, es actualmente uno de los más visitados polos turísticos de México igualmente en su mayoría por extranjeros; el mismo territorio donde comenzaron los contactos entre europeos y nativos, por la necesidad de los navegantes de ultramar de abastecerse principalmente de agua, razón que hizo conocer a este lugar (el Estero) en cuyas inmediaciones se establecería la misión de San José del Cabo, como “Aguada Segura” por parte de dichos navegantes, figurando también antes que cualquier otra denominación en los mapas de los siglos XVI y XVII -poco después de las exploraciones y descubrimientos dirigidos por Hernán Cortés (1532, 1533, 1535, 1539)- la denominación primera de Cabo San Lucas como Cabo California, lo que desde luego constituye una distinción trascendental, porque el mítico nombre California, se generalizó para toda la península (Antigua o Baja California) y la parte norte continental (Alta California), que abarca los ricos y grandes territorios de lo que actualmente es el estado norteamericano de California que hasta el tratado de Guadalupe-Hidalgo firmado en febrero de 1848, perteneció a nuestro país. California es, ancestralmente, sudpeninsular. Lo paradójico aquí resulta de que siendo esta región a la que se le impuso por primera vez el nombre de California, sea por desconocimiento, economía del lenguaje, barbarismo o intención de despojo cultural, o simplemente por moda, conocida a nivel comercial como “Baja”, lo cual no debe permitirse por ninguna circunstancia, y en cambio insistir para que se enuncie con la denominación que oficialmente y por mérito histórico nos pertenece: Baja California Sur.

El libro Historia Cultural e Imágenes de San José del Cabo.
Es extremadamente difícil en unas pocas cuartillas reseñar dos sucesos fundacionales que trascienden al tiempo histórico, presente y futuro, de San José del Cabo y consecuentemente del municipio de Los Cabos; al efecto y para no ocupar precioso espacio en repeticiones que la mayoría conoce por la naturaleza de ambos sucesos, procuraré esbozar algunas reflexiones -ni conclusivas ni exhaustivas, insisto- sobre lo que a juicio de algunos especialistas constituye la base y el andamiaje de lo que son San José del Cabo y Los Cabos y su proyección presente y en el futuro inmediato, y que entresaco de la introducción del libro Historia Cultural e Imágenes de San José del Cabo, escrito por los investigadores Edith González Cruz, Ignacio Rivas Hernández y Luis Arturo Torres Rojo, editado en octubre de 2013 por el Archivo Histórico “Pablo L. Martínez”.

Llama la atención el siguiente párrafo que contextualiza la percepción que exponen los investigadores universitarios -que no vivieron en San José, ni nacieron en Baja California Sur- pero que revisaron acuciosamente su historia en imágenes y documentos de archivo, es decir, analizaron la cultura de San José del Cabo, lo que se palpa al establecer el siguiente juicio, certero en mi opinión: “Prácticas culturales y disposiciones temporales adquieren bajo la denominación de San José del Cabo, la contextura de un crisol de imágenes de cuyo vértice emerge la matriz significante que ordena el discurso: la de un espacio confeccionado por la condición múltiple de sus caminos, calles y avenidas y sus usos simbólicos, pragmáticos y experienciales, así como implicado esencialmente por la pregnancia ambigua y milenaria del puerto como síntesis de identidad, de aquello complejo y enigmático que es entrada y salida como en las alegorías bíblicas de la isla o metafísicas de la caverna. Una península”.

Así captado por estos académicos de la historia, la pregnancia milenaria del puerto como síntesis de identidad se impone en la actualidad por lo que fue y ha sido San José del Cabo: un puerto de entrada y salida, de contacto milenario, primero de navegantes, luego de conquistadores y misioneros, después de piratas y más adelante de flujos financieros, que con sus matices constituyen focos de encuentro entre culturas distintas, que nutren un espacio cosmopolita donde la globalización se ha encontrado desde hace cinco siglos y en el ahora con mayor rigor; contactos culturales que llegaron para quedarse formando un mosaico social y político al cual se ha opuesto una natural resistencia que -aunque marginal- busca preservar identidad, mexicanidad, vida sustentable, no obstante sentir la pérdida de costas y playas, de tierras y espacios de poder, otrora protegidos por el olvido, el centralismo político y el subdesarrollo regional dentro del subdesarrollo nacional.

Otro párrafo insuperable de los autores de la Historia Cultural e Imágenes de San José del Cabo, que nos es útil para extrapolar y engarzar ideas de la historia al porvenir es el siguiente: “El encuentro desigual de mundos otrora distantes, si bien compagina el dramatismo de todo choque entre culturas -la desaparición de poblaciones autóctonas y el martirologio de los padres Carranco y Tamaral como signos paradójicos e inequívocos del fracaso más que aparente de la misión jesuita-, marca asimismo los actos inaugurales del acontecer secular que terminará por establecer los puntos finos de la fisonomía y la autenticidad josefina: la de un cuerpo de instituciones político y administrativas cercadas por otras más amplias e inasibles, aunque no difusas y al final determinantes, y que básicamente tienen que ver con la articulación del puerto y sus accesos como el enclave en que se ajusta el perfil del desarrollo agropecuario, el comercio marítimo y, lo más importante, el tránsito hacia la urbanidad y la traza arquitectónica de la villa como expresiones manifiestas de modernidad.”

Transformación de las instituciones políticas de Los Cabos.
Si en los casi quinientos años de iniciado el contacto con europeos y la adición de la península al mapamundi de la época colonial, de las exploraciones y descubrimientos que glorificaban a sus protagonistas, y lo que significó en 1697 la instauración de la Misión de Nuestra Señora de Loreto al dar dirección y forma permanente al proceso de conquista espiritual; y con la expulsión de los jesuitas en 1767 y la consecuente llegada de otras órdenes religiosas, la ruptura del modelo de dominación dio paso a la formación de los pueblos alrededor de la misión en decadencia y el inicio del gobierno civil peninsular, las instituciones político administrativas cimentadas por el gobierno virreinal hasta 1821 y a partir de ahí el inicio de una nación independiente con sus procesos de transformación hasta su conformación moderna, son motivaciones profundas para el otro suceso a conmemorar -relativo a las instituciones político administrativas ya en la época contemporánea- es el medio siglo de gestión municipal que se cumplirá en el 2030; es decir, no solo es la posibilidad de la conmemoración a doce años de ello, sino estar preparados -gobierno y sociedad- porque se anticipa un municipio que concentrará población, inversión y empleo, infraestructura, servicios y desafíos sociales y políticos preponderantemente en el Estado y de los más dinámicos del noroeste del país, por lo que urgirá en el mediano plazo, una sociedad política, culturalmente hablando, preparada para planear y ejecutar acciones preventivas que garanticen un desarrollo socialmente equilibrado, justo y participativo, porque no decir bajo un modelo epistemocrático; y al mismo tiempo una sociedad civil organizada, exigente y demandante, que se imponga por la observancia de la ley y del interés general.

Una atrevida conclusión.
En palabras de los autores, el futuro inmediato con el que coincido se sentencia de la siguiente forma: “La jerarquía de San José del cabo, en todo caso, su inserción exitosa en el triple proceso de vinculación regional-nacional-internacional, guarda en el contexto de su provisionalidad las claves de lo histórico como atribución de lo presente y lo futuro, de lo particular y lo general”.

Finalmente, la modesta reflexión que me produce partir del esbozo histórico de San José del Cabo en lo particular y de Los Cabos en lo general, por mis raíces genealógicas que alimentan mi interés por la identidad cultural y la preservación en la tierra de mis antepasados, que siento mía, (aunque no tenga aquí un ápice de terreno en calidad de propietario) -que puede ser aplicativa a la entidad- toma a manera de conclusión la aseveración de Edith González, Ignacio Rivas y Luis Arturo Torres, y lo destaco en negritas y cursivas: “La historia que se avecina, en apariencia avasallada por el mega-desarrollo turístico y el tráfico inmobiliario, tiene en la memoria del horizonte josefino una nítida apelación de futuro: la elemental enseñanza de que mientras el sentido de la comunidad permanezca como cultura viva, como palabra legada y recibida, la tradición prevalecerá como el espacio tras el que se orientan las dignidades del pasado y del porvenir.”

Estamos, pues, con el deber de mantener viva nuestra cultura; cultura cabeña, cultura sudcaliforniana, cultura mexicana, -enfatizo- para evitar un futuro avasallante; mantenerla viva, actuante, dinámica, no solo con la palabra sino con la acción.

Domingo Valentín Castro Burgoin es Presidente de Escritores Sudcalifornianos, A. C. Capítulo Los Cabos.

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4 respuestas a “A 288 años de la fundación de la Misión de San José del Cabo Añuití… ¡Interesante! Deja un comentario

  1. Muy interesante el escrito. Y coincido con la idea de propiciar en los niños pequeños un conocimiento de la cultura y del contexto donde habitan, para que desde temprana edad desarrollen su identidad el amor y cuidado de su tierra haciendolos participe en una sociedad productiva y con un desarrollo intrinsico que le servirá de manera positiva en su vida futura. Por que un individuo con un desarrollo cultural es una luz para la sociedad y un mejor futuro para nuestro estado. Por eso iniciar un desarrollo cultural en los niños es de suma importancia porque es la etapa ideal para que los infantes desarrollen aprendizajes porque sus mentes estan frescas y concentradas para recibir toda la información del contexto donde se desenvuelven.
    Muy rica e interesante información señor Valentin Castro Burgoin .

  2. Y desde luego mi gratitud por la opinión vertida por el comentario que me antecedió. Palabras de aliento. Gracias

  3. Muchas gracias al amigo Cuauhtémoc Morgan y al equipo formidable de Colectivo Pericú, por incluir este documento de mi autoría, donde enfatizo la importancia de la cultura sudcaliforniana tomando como punto de referencia la fundación de San José del Cabo. Un abrazo. Valentín

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