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¡La razón por la que nuestra península se llama CALIFORNIA!


Un distinguido grupo de historiadores de la capital de nuestro estado, han tomado la determinación de hacer valer el decreto por el cual se ordena suprimir el calificativo “Baja” cuando comercialmente se haga referencia a nuestra tierra Baja California Sur, por lo que su denominación deberá ser completa.

El asunto ha sido retomado por el cronista municipal Luis Domínguez Bareño, quien ya realiza los trámites correspondientes en el Congreso del Estado.

Colectivo Pericú, por motivación propia, ha promovido en las publicaciones afiliadas a Medios Digitales del Pacífico, que sea restituido el nombre original a nuestra tierra que es simple y llanamente California, lo que nos ha generado muchas críticas. Sin embargo todo esto tiene también su fundamentación histórica que a continuación les exponemos:

EL CRONISTA MUNICIPAL DE LA PAZ REFIERE
Nuestra península NO es la “Baja”, no somos “bajeños”, somos californianos, somos California, y nuestra California es, históricamente y por derecho, la California original. Desde 1540 (en este mapa tras la expedición de Francisco de Ulloa de 1540 se lee perfectamente el nombre claro de CALIFORNIA al sur de nuestra península) se empezó a conocer nuestra península como “la California” o “isla de California”. Pasaron casi dos siglos y medio (saliendo las expediciones de Loreto por cierto) para que se fundaran los pueblos de Los Ángeles (1771), San Diego (1769) y San Francisco (1776) en la Alta California. No sigamos modas ayankadas de sintetizar el lenguaje, si los del norte quieren ahorrarse palabras pues que se llamen a sí mismos “la Alta” y se reconozcan como “alteños”; pero por favor no sigamos haciéndole el caldo gordo a quienes nos han robado nuestro nombre y pretenden imponernos “la Baja” atentando contra nuestra identidad e historia.

LA HISTORIA NOS DA LA RAZÓN: SE LLAMA CALIFORNIA

Por Domingo Valentín Castro Burgoin

Como pocas palabras el concepto California sigue inspirando ideas y acciones con orígenes y resultados que surgieron del misticismo y la leyenda, y han tenido puertos de llegada en la historia y la literatura, la filosofía, la política y el derecho.

Aunque persiste la polémica de su significado etimológico, este concepto motivó desde su origen en la literatura de la época de los cantares y juglares de gesta de Europa – para América Latina en las postrimerías de la conquista de México- a los más talentosos personajes que se ocuparon de ubicarlo en algún punto insular del ultramar desconocido, y a los más sagaces aventureros con buenas dosis de ambición, de gloria y de honores -principalmente a Hernán Cortés- los indujo a emprender exploraciones y descubrimientos de tierras y mares, en cuyos confines se encontraron con la parte meridional de la península que por la cuarta década del siglo XVI, por iniciativa y participación directa del conquistador Extremeño o de sus hombres, le fue impuesto el nombre que desde entonces ha denominado a nuestra hermosa y singular tierra como California, pese a los graves y repudiables sucesos que pretendieron mutilarnos territorialmente y segregarnos de la nación mexicana en los años de 1847 y los que siguieron del filibusterismo, y que aún pretenden mediante calladas -y no tanto- asonadas de despojo cultural, quitarnos por desuso este nombre cautivador, exclusivo y candoroso.

Por ello no es fortuito ni casualidad el que un hijo de esta tierra, de la California original, la del mito y la leyenda como se expone con excelsitud en el poema Calafia, de Fernando Jordán -otro hijo pleno, adoptivo de esta tierra- el admirable historiador josefino por antonomasia, haya transitado por la vida terrenal, con dos sucesos cincelados en sus dos órganos vitales con los que se piensa y se sienten las emociones, el cerebro y el corazón, y que nos dejó en su insuperable obra cultural estas improntas: Pablo Leocadio Martínez Márquez, investigó, escribió y luchó en sus alcances cuanto pudo, para que la injusta guerra de 1847-48 perpetrada por los Estados Unidos contra México no se borrara de nuestra conciencia, principalmente en la parte de la historia regional, antes bien abonó para que se arraigara como una lección viva y clara en nuestra idiosincrasia; y para que el nombre de California, fuese recuperado y exaltado, tal como surgió y en la tierra en donde originalmente se impuso, dando inicio a un proceso cultural inacabado en nuestros días.

Para fundamentar este aserto retomo -del libro Sergas Californianas cuya selección, nota introductoria y textos fueron realizados por Aidé Grijalva, Max Calvillo y Leticia Landín- los siguientes párrafos entrecomillados, extraídos del discurso que pronunció el 13 de agosto de 1963 don Pablo L. Martínez en uno de los salones del Castillo de Chapultepec durante el homenaje a la bandera nacional utilizada por los defensores de la península durante la guerra de 1847-48:

“Pintada a grandes rasgos la heroica lucha de los bajacalifornianos contra los poderosos hombres del norte, que tan bien se habían preparado anticipadamente para cometer el desmembramiento de nuestro país, es oportuno consignar las siguientes notas, a guisa de reflexiones justas:

“1. Esta epopeya regional bajacaliforniana es paralela al sacrificio sublime de los aguiluchos de Chapultepec, lo mismo que a la de Churubusco, respecto a la cual no solamente debemos recordar en forma permanente el nombre del general Anaya, sino también los del teniente coronel Francisco Antonio Peñuñuri y el del capitán Martínez de Castro, quienes se hicieron matar intencionalmente antes que rendirse.

“2. Los bajacalifornianos pelearon sin tregua, a pesar de que no tenían esperanzas de triunfo. Cumplieron con su deber hacia la patria como en pocos lugares de la nación. Ha dicho un historiador mexicano: . El ciudadano Mauricio Castro, alma de toda la resistencia dejó consignadas estas inolvidables palabras:

“3. Para terminar, estimables paisanos y demás asistentes de otras entidades, hagamos votos porque el recuerdo de los hechos históricos que hoy conmemoramos sirva de estímulo en el porvenir, si nuestra querida patria llega a encontrarse por desgracia, alguna vez, en peligro de desmembramiento o extinción, para que los mexicanos sepan luchar como nuestros antepasados, hasta vencer o morir; y hagamos votos, a la vez, porque esa sagrada insignia que tantas cosas grandes representa, sea eternamente el lazo de unión entre Baja California y México, y entre México y nuestra querida península.”

Del segundo suceso el mismo don Pablo L. Martínez lo señaló en la revista Baja California, año 1, número 1 en la ciudad de México, D. F., el mes de abril de 1951.

“Aprovechamos la oportunidad del tema para exponer una idea: creemos que nuestra península ya no debe seguir llamándose Baja, sino California a secas, tanto porque fue originalmente la dueña de este nombre como porque no existiendo en la división territorial mexicana otra entidad con la que pueda compararse en posición, no hay razón para seguir obligando a sus habitantes a usar gentilicios tan forzados como bajacalifornianos del norte y bajacalifornianos del sur. Más propio sería llamar Alta California al Territorio Norte y Baja California al Territorio Sur. Resulta hasta ridículo designar a los funcionarios con títulos kilométricos como éste: gobernador y comandante militar del Territorio Sur (o Norte) de la Baja California”.

Ambas cuestiones, la guerra del 47 y la recuperación para la península de su nombre original son temas que deben ser valorados a profundidad por los habitantes de las dos entidades, habida cuenta que a partir de ellos -y con ellos- es que hemos podido desarrollarnos en una tierra de la que muchos nos enorgullecemos y cimentar una cultura de identidad y cohesión, más allá de las fronteras geográficas, y hasta ideológicas, impuestas por las circunstancias.

Hay sobradas razones para que tal como lo demandó don Pablo hace ya varias décadas las dos entidades de nuestra península no solo conserven el nombre original, sino que se imponga mediante las reformas pertinentes al marco constitucional federal y local el nombre oficial de California para ambas entidades hoy denominadas Baja California y Baja California Sur; y evitemos de una vez por todas que se siga utilizando por economía del lenguaje, perversidad o pretensiones de despojo cultural, el término “Baja” por propios y extraños, con el que se persiste “tercamente” en identificarnos; o por lo menos exigir el cumplimiento en esta entidad de que la Ley del 31 de diciembre de 1982 que prohíbe el término “Baja” para designar a nuestro Estado se cumpla. Vaya, que se actualicen sus alcances jurídicos y a la par de su observancia, se desplieguen acciones institucionales -educativas y formativas- que mejoren el conocimiento y la comprensión popular, principalmente en la niñez y la juventud, respecto de este legado histórico que sustenta a esta región peninsular.

No es exagerado señalar que la obra historiográfica del josefino, don Pablo L. Martínez, debe seguir estimulando nuestra identidad y guiando todas las acciones que realicemos para conservar, afianzar y promover la unión a la patria mexicana, ante las acometidas transculturales que imponen la globalización y el desarrollo de la tecnologías de la informática y las telecomunicaciones, que de facto derribaron fronteras ancestrales, transformando sustantivamente a los estados nacionales y consolidando entes supranacionales, ante los cuales las identidades y culturas débiles, suelen esfumarse de frente a nuestras atónitas realidades.

Concluyo retomando conceptos e ideas de don Miguel León Portilla, escritos en su libro La California Mexicana. Ensayos acerca de su historia, publicado en 1995, por la UNAM, donde cita la expresión “geografía de la esperanza”, relativa a la California peninsular que le dio el doctor Joseph W. Krutch en su libro Baja California and the Geography of Hope. Dice León Portilla: “….apenas unas décadas después de que se escribieran esas palabras, la situación comienza a ser otra. Sin exageración cabe decir que el territorio, paradójicamente rico en historia y a la vez geografía de esperanza, se encuentra hoy en peligro de sufrir en su ecología daños irreparables. Es cierto que la carretera transpeninsular contribuye en alto grado al desarrollo de nuestra California. Pero también es verdad -como muchos lo han notado- que las avalanchas de turistas y gentes que se adentran en ella, pueden transformar el paisaje poblado de cactos y de otras múltiples formas de vida vegetal y animal, en tristes extensiones del todo desoladas, con huellas hundidas en la arena, testimonio del paso de vehículos; con basura por todas partes, con casuchas o jacales dispersos y a veces semi abandonados. Voces autorizadas han dado ya la señal de alarma. ¿Responderán las autoridades imponiendo medidas adecuadas? ¿Cabe esperar que se salve la geografía de la esperanza, confiriéndose así a la península esta otra nueva significación en términos de historia universal contemporánea?”.

Bajo el tamiz de estos postulados, los Californios debiésemos hacer la valoración de lo que nos está sucediendo, porque hoy las circunstancias son mayormente preocupantes.

Recalco que esto lo dijo el doctor León Portilla hace veintitrés años. Fue una notable voz de alarma a tiempo. Ciertamente, como en las parábolas bíblicas, pregones “en el desierto”, literalmente aplicables por los ecosistemas predominantes en la geografía sudpeninsular, ante los cuales, más las áreas naturales protegidas como la Reserva de la Sierra de la Laguna, sobre la que siguen amenazantes los proyectos depredadores alimentados por la ambición desmedida y la cooptación de voluntades. Si no, al tiempo.

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Blog de denuncia ciudadana en Baja California Sur.

11 thoughts on “¡La razón por la que nuestra península se llama CALIFORNIA! Deja un comentario

  1. Mmmm, bueno, siguiendo la misma “lógica” histórica que en esta nota aclaratoria explica, entonces también deberemos regresar el nombre a nuestra ciudad de La Paz a BAHÍA DE LA SANTA CRUZ, que es el nombre original de nuestra actual ciudad capital, digo, si nos tomamos los nombres históricos tan “en serio”, entonces seamos congruentes y tomemos el mismo criterio. Si Baja California Sur es retomado para nombrarle “CALIFORNIA” como nuestros flamantes historiadores y cronistas pelean, pues también lo correcto sería regresar el nombre de LA PAZ a BAHIA DE LA SANTA CRUZ no? así debería ser….Es más todas las poblaciones de nuestro estado, o mejor dicho de nuestro país deberán a analizarse en el congreso para que retomen sus antiguos u originales nombres, eso seria lo congruente, lógico y justo que no??????…………Oigan, sinceramente creo que hay broncas y problemas un “poquito” mas importantes y trascendentes en nuestra entidad como para que anden gastando energía e “intelectualidad” en esto del cambio de nombres no? Digo, es importante el punto, pero considero que hay “otras” mas importantes en las que podrían utilizar su tiempo y recursos!!!! (humilde opinión)

  2. Está muy bien el razonamiento y la explicación, pero mientras son peras o son manzanas, el nombre oficial es Baja California Sur, nos guste o no. Por gentilicio somos sudcalifornianos, no es necesario ni correcto decirnos bajacalifornianos del sur. Siguiendo la lógica que pregonan aquí, el país entonces se debería llamar Nueva España, La Paz se debería llamar Santa Cruz, Jalisco Nueva Galicia, etc. Bastante tenemos ya con el pleito eterno con los medios del centro del país que insisten en llamarnos Baja California a secas.
    ¿Cuál es el fin que se persigue? ¿Creen que por llamarnos California las cosas volverán a ser como antes? ¿Vamos a recuperar algún tipo de dignidad perdida? Afortunada o desafortunadamente la globalización nos alcanzó, la tranquilidad ya no se va a recuperar. Vivíamos en un edén artificial que duró mientras las autoridades y los delincuentes quisieron. Se rompió el pacto que tenían y se acabó la paz.
    Yo más bien veo esto como un indicio de la vieja ambición separatista que quiere hacer de la península un país independiente y que culpa a lo externo de todos los males. Nos falta muchísimo de todo para lograr algo así, empezando por líderes honestos y capaces que puedan guiar un proceso tan difícil como es establecer un país nuevo.

  3. La razón por la que nuestra península se llama CALIFORNIA! ……..Gracias por la ilustracion y como los buenos corridos, aqui se acabaron dudas!!!!!!

  4. QUE PODRA DECIR DE ESTO !!!

    EL HIJO DE PUTA DIPO BURRO LOCAL !!!

    CHILAQUIL RECALCITRANTE DROGADICTO !!!

    CAMILO TORRES MEJIA !!!

    QUE LE PUEDE APORTAR A UN ESTADO QUE NO CONOCE !!!

    ESTA CLASE DE ENGENDRO, QUE NOS INDILGO EL PT !!!

    AMEN DE OTROS SATRAPAS …QUE VIENE A ENVENENAR EL ENTORNO !!!

    CON SU ASQUEROSA PRESENCIA !!!

    WUAKALA !!!

  5. Bien echo lastima que no se anexen imagenes pero tenia meses con varias imagenes de CALIFORNIA ORIGINAL

    Gracias el tiempo nos dara la razon

    Península de California

      • si, si que coma mucha monda, que se la coma el morgan y de un solo sentadón; pinche advenedizo fuereño y quiere que se haga las ocurrencias que en sus alucinaciones epilépticas se le vengan

      • si, si que coma monda y de un sentadón el pirata morgan y no anda con mamadas de “california” y “californio”; ésas que las de una cuarta abajo del ombligo.

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