EN CORTO


Por Carlos González Muñoz

MIENTRAS EN EU SE MULTIPLICAN LOS SITIOS EN DONDE SE LIBERALIZA LA DISTRIBUCIÓN Y VENTA DE DROGAS, EN MÉXICO LA GUERRA EN CONTRA DEL NARCO SE EXTIENDE Y LO ÚNICO QUE AUMENTA ES EL NÚMERO DE MUERTOS

 

Usted seguramente escuchó los noticiarios nocturnos de ese día. La cadena Televisa informaba en su horario estelar que en la ciudad de Las Vegas, Nevada, a partir del pasado jueves la venta y consumo de mariguana con fines recreativos en ese importante destino turístico del país vecino es completamente legal, sumándose la quema indiscriminada del famoso zacatito a la de por sí larga lista de atractivos que Las Vegas ofrece al visitante.

¡Qué contradictorio! Mientras en aquél país se promueve la liberalización del consumo de drogas, su gobierno imperial impone hipócritamente políticas militaristas, represivas, sanguinarias, a sus vecinos del sur, como es el caso de México, y poco a poco pero progresivamente ha venido armando hasta los dientes tanto al gobierno federal como también a las cada vez más numerosas bandas criminales, provocando guerras de nuevo tipo, guerras intervencionistas cuyo objetivo ya no es el de adueñarse de territorios sino debilitar progresivamente y desde adentro a esas naciones, al Estado, para conducir a ambos hacia la barbarie.

En cambio al interior de las fronteras del imperio la producción y comercialización de mariguana y otras drogas ha sido una actividad económica protegida o por lo menos no intervenida ni mucho menos combatida por las autoridades gringas con la misma extensión, violencia y hasta crueldad con las que ha obligado a hacerlo a los débiles gobiernos de la región, como es el caso de los dos últimos gobiernos mexicanos.

A diferencia de lo que viene sucediendo cotidianamente en México a partir de 2006, año en que se ordenó a los militares intervenir, ¿cuándo hemos visto al ejército yanqui, a sus marines, desplazarse por las calles de Nueva York o de Los Ángeles, persiguiendo, acosando a criminales ligados al narco, respondiendo a una emboscada en plena Quinta Avenida con fuego cruzado en la que caen tanto militares como sicarios y posiblemente algún civil? Nunca se verá eso porque tal escenario de guerra y descomposición social lo quiere Washington fuera de sus fronteras, en la costera de Acapulco o bien en el malecón del puerto de Veracruz, en las calles de Culiacán o bien en colonias populares de La Paz o de Los Cabos, no en sus bulevares ni tampoco en sus centros comerciales ni en sus hoteles atestados de turistas.

La capital mundial del juego se suma así a la ya larga lista de ciudades y condados norteamericanos en donde la producción, distribución y consumo de esta droga podrá realizarse de manera pública, abierta, a la luz del día, dejando atrás la política prohibicionista que por tantos años impulsaron los gobiernos estadounidenses (desde los tiempos de Richard Nixon, en los años setenta del siglo pasado) tanto en el exterior como al interior de su propio país, política equivocada que está condenada al fracaso: Las Vegas lo demuestra.

Contrastando con esta noticia, ese mismo día en México trascendió que cerca de un mil personas murieron en diversos sucesos violentos, relacionados todos ellos con la guerra al narco que declaró el panista Calderón pero que Peña Nieto ha profundizado, a pesar de comprometerse este último en la campaña presidencial a que revisaría dicha política, convencido, dijo entonces, que los militares no era conveniente que permanecieran indefinidamente fuera de los cuarteles.

Es una guerra que cumple ya once años cuyos muertos suman más de cien mil entre soldados, marinos, mujeres, hombres, niños y sicarios, por cierto todos ellos provenientes “de abajo”, del pueblo, porque hasta ahora no ha caído en combate ningún funcionario público, ni tampoco militares de primer nivel. Es el pueblo en contra de sí mismo aunque intenten disfrazarlo de una cruzada justa y legitima cuyo objetivo, así lo afirman hipócritamente sus promotores, es impedir “que la droga llegue hasta nuestros niños”.

¿Acaso ha disminuido el consumo de drogas en México a lo largo de estos once años? Al contrario, nuevos capos aparecen cada vez que se anuncia la captura o muerte de uno de ellos, siendo cada vez mayor la fuerza y capacidad de respuesta del narco…y también la del Ejército, convirtiendo a México en rehén de una espiral interminable de violencia que parece no tener fin, aunque los latinoamericanos -particularmente nosotros los mexicanos-, tenemos cada vez más la posibilidad de detenerla porque ejemplos como el de Las Vegas, nos da oportunidad de demostrar lo hipócrita e ineficaz de la estrategia que ha “inspirado” a esta cruzada en contra del crimen organizado.

Ahora que se ha legalizado el consumo recreativo de la mariguana en aquella ciudad norteamericana, seguramente crecerá el número de turistas mexicanos que atraídos por esta medida novedosa viajarán a ella para darse el gusto de salir del closet aunque sea por unas cuantas horas, dejar la clandestinidad y despojarse de la doble moral… ¡aunque sólo sea por un fin de semana!

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