Del Tintero


Por: Armando León Lezama

 

ACABAR CON FALSOS LIDERAZGOS DE COLONIA

En la suma, todos los ciudadanos somos necesarios en un proceso electoral; pero sin ejercer el clientelismo, la deslealtad, la ausencia de pertenencia a un proyecto político, la simulación, el beneficio personal en aras de hablar por otros por una supuesta gestión. Necesitamos juego limpio, participación ciudadana sin liderazgos ausentes de auténtica representación.

La población ha aumentado en estos 17 años que lleva el siglo XXI. El viejo esquema de líderes de colonias, está caduco. Antes de 1999, al PRI, sí le eran útiles esos representantes naturales de los barrios y colonias de la ciudad de La Paz y del Estado de Baja California Sur.

En verdad, los líderes del PRI, eran auténticos en la representación de sus vecinos, claro, como siempre, no de todos; pero sí, de un contingente suficiente para llenar las urnas del triunfo electoral y generar la bulla necesaria para hacer juntaban personas, señoras, hombres, familias enteras, para el escenario de apoyo    en eso de lograr realizar en la vida real, los simulacros de la popularidad. Hacer sentir que el Pueblo estaba alegre por y con los electos a cargos de elección constitucional del PRI – GOBIERNO, que ganaba mayorías en cada proceso electoral.  , al igual que ahora.

No es que alguien se deje engañar. No. Simplemente ejercían su derecho político a participar en el PRI comandados por su líder. Era el PRI quien ejercía el poder absoluto. Como no iba a encontrar sabios ciudadanos que preferían no enfrentarse al poder en turno y mejor, aplaudirle.

Antes de 1999, siempre ha existido población en la media península, que son opositores al régimen del PRI. Eran ciudadanos que no “los jalaban los líderes del PRI”, votaban por partidos de izquierda o por la derecha panista.

En 1993, los habitantes en masa, tanto los que eran del PRI como quienes querían desterrar al PRI con el PAN, porque en mayoría no eran panistas, sino electores con sus familias, molestos con el PRI, no necesitaron de líderes, más bien fue un efecto en cadena que se reflejó en lo colectivo social. Si acaso “los personajes imanes” del descontento de miles de sudcalifornianos, fueron Crisóforo Salido Almada y Adán Enrique Ruffo Velarde. El primero, candidato a gobernador –  no le aceptaron su triunfo y se acordó fuera para el PRI el poder ejecutivo estatal –  y el segundo candidato a presidente municipal paceño – Ejerció el cargo de 1993 a 1996 –.

De 1996 a 1999, un movimiento político denominado “El Leonelismo” por quien encabezaba la política de la deslealtad contra su Partido Revolucionario Institucional, fraguó entre los líderes el sentir de descontento, la rebeldía y la insurgencia, y se llevó al PRD a buen número de los líderes de colonia que a la vuelta de los años, aprendió a ver enemigos en el propio equipo y tras perder el llamado partido del sol azteca el poder en 2011, esos líderes se hicieron “de simpatía a los personajes del PAN, que no al partido llamado también blanquiazul”, que pasó a ser el mandamás de los poderes públicos del Estado de Baja California Sur, gracias a los electores, líderes de colonias, funcionarios y políticos que juraban ser de izquierda.

Es seguro que el político priísta que dio “el Leonelazo al PRI” junto a líderes de colonias, advirtió como parte de la clase política estatal a la que pertenecía, que el PRI desde 1994 “venía a pique”.Para 1995, “se saltaron la barda los primeros priístas”: Ricardo Gerardo Higuera que se ufanaba de ser el refundador del PRD y Antonio Lucero Lucero, un político al que le costó trabajo dejar de pronunciar a su PRI en los eventos públicos: “Demos un aplauso al partido revolucionario democrático”, por decir partido de la revolución democrática.

Ambos políticos que eran buenos para eso de las convocatorias, empezaron a ver llegar a líderes de colonias que fueron conquistados regalándoles verduras, pescado y otras dádivas. Ya luego los convencieron de seguirlos con el discurso “del mal gobierno del PRI” donde se formaron ellos como políticos.

Cabe decir que en los años actuales, junto con sus líderes de colonias, Ricardo y Antonio, están y trabajan para las filas del PAN. Leonel va solo. Crecido por haber llegado a las cumbres del PRD, ya como gobernador, ya como su dirigente nacional, y de haber gozado las mieles de la legitimidad ciudadana, hoy se dice Pejista – apoya a decir de él a Andrés Manuel López Obrador para presidente de México –; sin embargo su fama pública es de ser un velero de la política sin credibilidad. Solo unos cuantos le afirman estar con él.

De manera que en los últimos 25 años, los liderazgos de colonias se volvieron errantes y han traspasado fronteras de lealtad, pertenencia, ideología, para gozar hoy en día de buen diálogo con los actuales mandamases azules, sin dejar de atender al tricolor partido, ni a los izquierdistas, siempre simulando apoyo total.

En el caso del PAN, además de hacer como que les cree a los viejos líderes de colonias, porque en política electoral todo voto a favor es suma, y más vale llevar la fiesta en paz y simular concordia, también han dado vida a sus “nuevos liderazgos” que son lo que ellos llaman “las comadres”.

Amas de casa, sin más intensión que ser jubilosas. Y de paso las dirigencias estatal y municipales, hacen su lista de “panistas” incluyendo a todos los asistentes que así lo quieran y pasen por su despensa en las llamadas jornadas sociales del PAN en tu colonia.

Es entonces la urgencia de limpiar el proceso electoral homologado, federal y electoral, desde antes de comenzar en agosto de 2017, con el inicio de actividades de los órganos electorales que se ponen en marcha para preparar, organizar, vigilar y validar las elecciones del primer domingo del mes de julio de 2018.

Es urgente e indispensable derruir los falsos liderazgos, para bien de las pertenencias políticas y partidistas, para oxigenación del ambiente electoral, porque se repite en todo el país, la práctica de “los acarreados” que no son más que población influenciada por líderes  que no abogan por sus colonias, sí por su clientela política.

En la ley electoral estatal se debe incluir,  que el órgano electoral estatal, disponga transporte para la ciudadanía y los lleve a los eventos de campaña, bajo calendario oficial reportado por los partidos políticos y candidatos, a fin de ampliar la participación cívica, electoral de la ciudadanía y desvanecer lideres circunstanciales que son parte de la descomposición social que se dedican a la simulación, en el hecho de gestionar para sus comunidades.

Nos conviene a todos restituir lealtades, sentido de pertenencia, identidades. Basta de vivir en la simulación a través de eventos que dan un rostro de la falsedad. Vayamos cada quien a su trinchera y defendamos razones; no ayudemos a imposiciones.

No a los falsos liderazgos de los auto nombrados representantes de su colonia.

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