ABCdario


Por Víctor Octavio García

Cacería

  • “Juellas” del de las “tres pisadas”

A mi paisano, Jesús “Cucho” Aragón; fiel lector de crónicas de cacería.

Hace dos años –febrero de 2010– atraído por el chícharo fresco me refugié en El Cantil de Abajo, a lo largo de tres días. Previamente me había hablado Firmato para invitarme a saborear uno de los platos de mi predilección; chícharo fresco con arroz blanco. Invité a Manuel, mi Comandante, nada más. Llegamos de noche al rancho, ora sí que a dormir. Sobre la brecha trazamos el plan. En la mañana del día siguiente, Manuel y el Arepa saldrían a caminar y husmear a ver cómo estaba la zona. Sí encontraban “trilla” o “juellas” de “hijuelachingadas“, los acompañaría a tardear, dado que la idea era cortar unos dos baldes de chícharo para traer, no pensaba salir. Ni idea de la “chinga” que llevaríamos.

En la mañana, como de costumbre, luego de lavarme los dientes y la cara me apersoné en las “hornillas” para servirme café; acto seguido, me dirigí a los corrales a ordeñarle leche directamente de la teta de la vaca al vaso de café, mientras Manuel y el Arepa, con una 30/30 y un “saloncito” de un tiro (.22), salían a caminar. En cuanto tomé café acompañe a Firmato a la huerta a cortar chícharo y cilantro frescos para el almuerzo. Obviamente había que desgranarlo. Después de cortar el balde de chícharo y antes de desgranarlo, desayuné; huevos estrellados (tiernitos), fríjoles, queso, tortillas de maíz (gorditas) y café, en tanto que doña Lupita, cuajaba la leche en una enorme tina de galvanizada.

No tardé en desgranar el balde de chícharo, así que aproveche la media mañana para ayudarle al vale Firmato a darle agua y comida al ganado; echarle gasolina al motor, cambiarle los filtros, y a tapar un par de sillas de montar colgadas sobre un “tapanco”. Ese día no esperamos a Manuel ni al Arepa para almorzar, así que pasamos a la mesa pasada de la una de la tarde; chícharo fresco con cilantro fresco, arroz blanco, tortillas de maíz echas a mano y una jarra de agua de naranjas agrias. Nada del otro mundo. Después de comer, nos sentamos en el corredor sobre unas viejas poltronas esperar a los “cazadores” que llegaron dos horas después. Según el Arepa, le tiró a un venadito de horqueta y le dio en una pata delantera, tan así, que el animal pintaba solo “tres juellas” porque la pata delantera la llevaba colgando. La versión del Arepa coincidió con la de Manuel quién, –según él– lo siguió pero se metió en una zona pedregosa donde se le perdieron las “juellas”. Hay que ir a buscarlos, me dijo. Después que almorzaron ¡fierros! por el de horqueta. Llenamos las cantimploras del agua y un termo con café. La zona donde le habían tirado, un poco distante del rancho, es una de las zonas que más he caminado; los “Brellalitos”, donde se mete mucho animal, y sobre todo, animal grande. Esa tarde caminamos, luego de cortarle “juella” hasta el oscurecer y nada. Vimos varias venadas y crías, pero machos, nada. Con la misma nos rectamos pal rancho donde doña Lupita nos esperaba con una cazuela de fríjoles fritos, cuajadas, tortillas de harina echas a mano y una jarra de café. Yo, para no variar, cene nuevamente chícharo fresco con tortillas de maíz recalentadas.

Antes de dormir nos echamos varios “chicos” de malilla, tomando té de “té-limón” con queso de chiva oreado y aceitunas curtidas por las diestras manos del vale Firmato. Eso sí, nada de alcohol, primero porque no llevábamos y segundo, porque ni el Arepa ni Firmato “toman”, así que el rato que jugamos fue cosa de tomar té-limón hasta vaciar una olla, entre una que otra “renuncia” del Arepa y las “fintas” de mi comandante que jugó de compañero con el vale Firmato. Antes de las 11 de la noche, ya estábamos sobre los “tendidos”.

Esa noche cayó mucha escarcha, como si hubiera llovido, así que estaba ni mandado hacer para cortarle la “juella” al de las “tres pisadas”. Nos levantamos con el “lucero” a medio chile, antes de despuntar el alba. No hacía viento pero sí mucho frío que calaba hasta los huesos. Luego de tomar café y llenar de nuevo el termo, las cantimploras del agua, ¡palos! pa’ a la caminada. Acompañé al Arepa, con el “saloncito” de un solo tiro, mientras Manuel, con la 30/30, le cortó un atajo a las “juellas” por un ancón. Otra vez, venadas y crías botando inesperadamente y mucha trilla fresquecita. Tomamos el filo de una cañada revisando cada recoveco. En mala hora prendí un cigarro y me agarro la tos. Con la tosedera espanté un “hijuelachingada” grande que no dio tiempo de tirarle. El animal pegó tres saltos y se descolgó sobre un arroyo tupido de romerillos y “barbas de gallo”. Un par de venadas con las crías que botaron y el “hijuelachingada” que se espantó en la cañada, ese día no vimos nada salvo las “juellas” y sestiadores del de las “tres pisadas” que no pudimos alcanzar. Dejamos la caminada a la una de la tarde, porque de regreso al rancho se hace otra hora. Desconocíamos que suerte había corrido Manuel, mi comandante, pero teníamos fundadas esperanzas de que lo divisara, aunque fuera de lejos. Estábamos por regresarnos pal rancho cuando llega Manuel entusiasmado porque el animal, según él, había dejado gotas de sangre en las puntas de unas matacoras. Ahí mismo decidimos “darle” hasta agarrarlo; total, en la noche comeríamos. Hecho y dicho, de ahí nos regresamos ahora siguiendo el plan trazado por mi comandante. Fue cosa de caminar y caminar siguiendo las “juellas” del de horqueta hasta cerca de las seis de la tarde. Las “juellas” fueron cerrándose en circulo muy cerca del rancho, así que el punto donde nos encontraríamos para regresarnos al rancho quedaba a menos de un kilómetro del rancho. Esa tarde, estuve a punto de soltarle un “veintidósazo” a una doña (venada) pero no, me quede con las ganas y con el dedo engarrotado. Esa noche, con el ánimo levantado, cenamos enchiladas rociadas con queso de chiva oreado, fríjoles caldudos, arroz blanco y café. Después de comer y esperar un rato a que hiciera la digestión, nos acostamos con luna llena y un frío de la “chingada”

En la mañana, Manuel, sin compañero, le daría la última “buscada” antes de venirnos a esta ciudad, porque el Arepa andaba muy cansado y yo tenía que cortar chícharo. Nos levantamos más tarde que de costumbre, pasadas las siete de la mañana. Ese día, no tomé café con leche ordeñada directamente de la teta de la vaca, sino de la tina donde la tenían reposando para cuajarla. En cuando salió Manuel con la 30/30 me fui pa’ la huerta a cortar el chícharo. Tendría menos de una hora cuando me hizo señas Firmato de haber escuchado dos “chingazos” de la 30/30, apuntándome en dirección al pozo del agua. Deje “caí” los baldes del chícharo sobre los surcos y me dirigí al pozo del agua. Firmato me había invitado, después del desayuno, a ir en el carro a traer unos palos de uña de gato porque pensaba “sancochar” dos costillales enteros de borrego para asarlos a la hora del almuerzo. Apenas iba descolgando sobre el arroyo cuando divise a mi comandante con los brazos levantados en señal de que había agarrado al de las “tres pisadas”. No tarde en llegar donde lo tenía tendido sobre el suelo con un “chingazo” arriba del sobaco. Con la misma lo paleteamos pal rancho donde Firmato o el Arepa lo pelarían y destazarían.

Ya sería cosa de decidir sí los costillales que asaríamos serían los de borrego o los del “hijuelachingada”. Rápido lo acercamos a la casa donde lo colgamos sobre una viga del corredor. Antes de que el Arepa le metiera cuchillo, lo revisamos. No traía ningún otro “chingazo”, salvo una bola dura encima en el espinazo justo en la parte de la paleta derecha. Aprovechamos para desayunar una sabrosa machaca martajada en el sartén con orégano y ajo, tortillas de harina hechas a mano, fríjoles, queso fresco y café. En cuanto el Arepa le tumbó el cuero le revisamos las dos paletas delanteras y nada. Para esto, Manuel agarró una “truchita” que siempre trae colgada al cinto que agarra muy buen filo para abrirle la bola del espinazo y ver qué es lo que traía. No tardo mucho en toparse con una bala de .243 incrustada en medio del hueso del espinazo y el nervio que une a la paleta. En realidad era un disparo viejo, quizás de unos tres o cuatro meses que se había “taponeado” con la misma grasa del animal y caminaba pintando solo “tres pisadas” –excepto la pezuña delantera del lado derecho– ya porque le había afectado el nervio y éste se encogió o bien, porque al tiempo de caminar le lastimaba, ese fue el diagnóstico que dio el forense del Cantil de Abajo. Ahí mismo decidimos asar los costillares del de las “tres pisadas”. Manuel y Firmato irían por la leña en el carro, mientras yo terminaba de cortar el chícharo.

Doña Lupita, pese al ajetreo de la cocina, la cuajada de la leche y la salada del queso, se dispuso hacer dulce de calabaza con panocha. En cuanto llegó Manuel y Firmato con la leña me dispuse a preparar el “atizadero” debajo de un mesquite viejo y frondoso y hacer tiempo para prender la lumbre. Sobre una de las vigas del corredor las piezas enteras colgadas del de las “tres pisadas”. Le tomé un par de fotos que nunca pude pasarlas del teléfono a la computadora. Ahora sí, “hay que poner la lumbre” me pidió Firmato. Sería pasada la una de la tarde. Como el animal estaba gordo y era un venadito de horqueta de dos o tres años, así que no había necesidad de “sancochar” los costillales, solo había que esperar a que se hicieran las brazas para dejarlos “caí” sobre la parrilla. Manuel, que le encanta la cocina como a mi cuñado Beto, puso a asar tomates, cebollas, chiles serranos y ajos para preparar una salsa en el molcajete. No había porque quebrarse la cabeza; los costillales solo le rociaríamos sal entera y si acaso, orégano. Eso sí, sin faltar las tortillas de harina hechas a mano. Ni bien comenzaron a perder fuerza las brazas cuando le dejamos “caí” los costillales. Firmato asumió el papel de chef, volteando las costillas a cada rato. Acercamos una mesa al atizadero, sal entera, las tortillas y el molcajete con la salsa preparada por mi comandante, y sobre la sombra del viejo mesquite le entramos a las costillas que, un poco duras, el sabor era incomparable. Riquísimas. Como postre, dulce de calabaza y una jarra de leche fresca.

Ahí, sobre los vestigios de un par de costillales carnudos y gordos, me serví dos tazas de café arrebiatadas antes de prepararnos para el regreso a esta ciudad con dos baldes de chícharo fresco y un par de piezas enteras del de las “tres pisadas”. Llene el termo del café y nos despedimos del buen amigo Firmado, de doña Lupita, a quien no tengo palabras para agradecerle sus atenciones y del buen amigo Arepa, después de tres días de feliz estancia en el Cantil de Abajo. Salud.

Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a abcdario_@hotmail.com

15 comentarios en “ABCdario

  1. kabofierro

    exelente relato Tavio.
    muy pocos atrevidos a dejar juellas de como vivimos y existimos los choyeros..
    se trata ahora e escribir «NAIS» pero que suene bien guey,,
    los regionalismos son unos verdaderos valores que muy pocos nos atrevemos a rescatar y prolongar,

  2. Me encantó tu relato Victor Octavio, incluso hasta hambre me dió de imaginarme los chicharitos con arroz y todos los suculentos platillos choyeros q mencionas en él, recibe un abrazo y saludos a tus compas del rancho.

  3. Pitayo

    Estupendo relato amigo,
    Podría escribir una versión del «tres pisadas»?
    Algo como usted supone que fueron sus últimos tres meses de vida.
    Quien sabe? Tal ves escriba un cuento corto que puedan publicar y enseniar a nuestros jóvenes acerca de la vida en el campo.
    Hechele ganas!

  4. la ciruela del mogote

    y ese precandidato a senador quieren madar a mexico no lo van a dejar entrar a la camara de senador por feo que pena para los paseños guaaaaaaaaaaaaaaa y sinif sinif sinif

  5. victor pineda

    excelente tocayo, ya e leido otros relatos del mismo tema y me gusta la vida campirana sudcaliforniana, que mas quisiera tener una aventura k tu haces, es verdaderamente un privilegio de convivir con la naturaleza y los buenos rancheros de nuestra tierra, felicidades.

  6. POBRE BAJA CALIF SUR!!!

    …!! PORQUE NO SACAS TAMBIEN A ALGUN ESCRITOR QUE NOS PLATIQUE COMO MATAN TORTUGAS??? DIGO PORQUE SI ESTAS DANDO TU ESPACIO AL APOYO DE LA DEPREDACION, PUES DE UNA VEZ A FESTEJAR A TODOS NO??!!

  7. POBRE BAJA CALIF SUR!!!

    QUE IGNORANCIA TAN GRANDE DIOS MIO!! A ESTAS ALTURAS TODAVIA MATANDO VENADOS, A SEGUIR !»·$%&/(.. LO POQUITO QUE TENEMOS …QUE NO PUEDE TRAGAR OTRA COSA???!!!
    POBRE BAJA , NOS LA ESTAMOS ACABANDO!!!

  8. cabeño

    puras pinchis pendejadas escribe este victor octavio se me hace que no sabe nada de caceria pero si le gusta comer venado que lo investiguen por andar matando venados y peor que quiere matar las hembras que no sea burro esas no se matan para que se sigan reproduciendo.

  9. CARLOS DE CHIUAHUA

    YA VAS OTRAVEZ A TRAERTE OTRO DE ALLI DE STA ROSA DE LOS QUE LES TOMARON FOTOS QUE POR CIERTO TU NO LAS TOMASTE YA TIENES TRES SEMANAS LLENDO A VER QUE CHINGAS……….

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